La democracia tiene eso, el que los votantes han decidido lo que quieren. A unos, esto les parece acertado, a otros les parece equivocado. Hoy emerge la corriente de deslegitimar lo que no gusta, aunque ello esté amparado por las leyes y por la mayoría.


Lo que en su día llamábamos “arte de la política” consistía en tratar de prever las consecuencias de una acción, de una decisión, siempre velando por lo que los clásicos de la Ciencia Política llamaban el interés general.


Sin embargo, hoy, el interés partidista y particular se ha superpuesto a ese interés general. Las Cortes de Castilla y León se disolvieron por una decisión partidista ajena a los propios intereses regionales de un Gobierno que tenía garantizada la estabilidad, al menos, durante un año y medio más. Tras las elecciones del pasado día 13, el interés personal de Pablo Casado y lo que él llamaba “fin de ciclo” refiriéndose al mandato socialista de Pedro Sánchez, se ha torcido. Castilla y León no es Madrid, ni Mañueco es Ayuso, ni en Castilla y León se jugaba el futuro de España, aunque pudiera parecerlo. Tampoco Casado ha demostrado ser un Albert Einstein de la política. Y en la sociedad líquida no hay nada consistente, si ello no va acompañado del trabajo y el esfuerzo por mantener lo sólido.


Hoy, en esa Región, se abre un panorama complejo de inestabilidad donde su futuro Gobierno, de formalizarse, será absolutamente legítimo, pero a la vez cautivo de la extrema derecha en sus decisiones, en un panorama político fragmentado, pero sin capacidad de éxito. Estas elecciones, sin lugar a dudas las ha ganado VOX, y el neoprovincianismo -aunque la victoria de éste es meramente local y con escasa incidencia regional-. Los demás partidos, incluido el aparente ganador, el PP, han sido víctimas del oportunismo político de quien forzó la convocatoria electoral, lo que sin duda ha abocado a un periodo absurdo de inestabilidad, absolutamente contraproducente en política, en economía y en desarrollo social.


Hay quienes sueñan con victorias como las de Pirro, pero al son de una bachata, tal vez porque piensen que cualquier resultado, cualquier encuesta afín, cualquier carambola puede llevarle a conseguir lo que no alcanza con la propia capacidad y el propio esfuerzo, tal y como sucede con el “pretendiente”, que consciente de su escasa capacidad de éxito, se abre en canal pensando que la extrema derecha le posibilitará un Gobierno en Castilla-La Mancha. Pero si Castilla y León no es Madrid, tampoco se parece a Castilla-La Mancha, aunque algunos se obstinen en hacernos creer lo contrario.


A diferencia de la región norteña, en la nuestra el Gobierno se sostiene gracias a una mayoría absoluta consistente, con un Presidente con reconocido liderazgo incluso entre sus no votantes, que posibilita un Gobierno Regional estable, unas instituciones estables, una economía estable y en desarrollo -aún a pesar de la crisis y las dificultades que ha generado la pandemia- y una cohesión social importante, con un territorio disperso y diverso, urbano y rural, pero bien compenetrado, que ha decidido enfrentarse, como nadie en este país, a un fenómeno tan adverso y complicado como el llamado reto demográfico.


Cada vez se demuestra más que los ciudadanos cuando perciben liderazgo, entrega y comprensión en la labor de gobierno; cuando comprueban que las cosas van razonablemente bien en todos los aspectos; cuando se gobierna con compromiso social y vocación de progreso, desde el dialogo, la cercanía, la prudencia y la firmeza; cuando no existen convulsiones políticas ni sociales que les desvelen, optan por la estabilidad y, por tanto, por el reconocimiento electoral de quien lo protagoniza.


Entre 2015 y 2019, Castilla-La Mancha funcionó con un Gobierno en solitario durante la mitad de la legislatura, pero con apoyos complejos, que se estabilizaron en los dos siguientes años, aún a pesar de su no menor complejidad. Sin embargo, el liderazgo y la intuición política del Presidente García-Page dieron un impulso a las políticas de reconstrucción tras la “incomprensible dureza” del Gobierno del PP. Este esfuerzo fue compensado con una de las pocas, y holgadas, mayorías absolutas existentes en la actualidad en nuestro país, lo que ha dado seguridad y estabilidad a la sociedad de nuestra Región, facilitando así acuerdos muy importantes entre Gobierno, empresarios y agentes sociales, y en general con la sociedad civil. Así no es de extrañar que las más solventes encuestas reflejen una opinión favorable y un claro reconocimiento al Presidente Regional, muy por encima de la opinión y el sentir respecto del líder de la oposición.


Todo ello demuestra que la estabilidad es un valor seguro, que garantiza el ejercicio abierto, libre y dinámico de la sociedad, muy por encima de los avatares coyunturales y del ruido que algunos se empeñan en imprimir a la política, pensando más en ellos que en el interés general de la ciudadanía. Los ciudadanos son conscientes, y entienden, que la política debe estar dirigida a resolver sus problemas, no a generarles nuevas complicaciones.
 
Fernando Mora Rodríguez

Politólogo y Presidente del Grupo Socialista en las Cortes de CLM