Me cuesta creerlo, me llama la atención e incluso me resulta tremendamente extraño lo que está ocurriendo durante los últimos días con Emiliano García-Page, el presunto presidente del Gobierno de Castilla-La Mancha, lo único que sé es que algo se lo ha tragado o se ha escondido, pero esto me preocupa.



No tengo muy claro si habrá sido en uno de esos hondos como el que alberga la preciosa localidad de Alcalá del Júcar, o de los que podemos vislumbrar en la maravillosa comarca de La Alcarria; tampoco sé si será en una hoz de las que dibujan los ríos en la provincia de Cuenca, en las imponentes Barrancas de Burujón toledanas o entre el espesor de la vegetación de las Tablas de Daimiel.



A Page se lo ha tragado la tierra, parece como si el COVID-19 y la nieve lo hubieran sepultado y congelado desde el pasado viernes cuando lo vimos en Albacete en una surrealista inauguración ficticia de un colegio en el que no había niños y ni tan siquiera se habían acabado las obras; o el día anterior, cuando anunciaba -una vez más- las obras del Hospital de Albacete, sí recuerden, aquel del que decía en mayo de 2015: “vamos a construir un nuevo hospital para Albacete, con todas sus especialidades”…de todo aquello ya nada.



Me preocupa sobremanera que la región no tenga mando, no cuente con un líder que dirija sus designios, alguien que encabece un gobierno que parece desnortado, sin saber dónde ir, que cuenta sus medidas como desatinos y que está creando un profundo malestar y una falta de confianza en sus vecinos que comienza a alarmar.



Y es que, un presidente que se precie no puede esconder la cabeza debajo del ala como está haciendo Page desde el pasado viernes 8, no es de recibo que las únicas apariciones públicas de Page hayan sido una entrevista en la televisión pública, entrevista a placer, sin una sola pregunta incómoda, y una aparición en el pleno de las Cortes Regionales al que solo acudió un par de minutos al principio y a la votación. Un pleno de una importancia extraordinaria ya que se trataba un plan de ayudas a autónomos, pymes, hosteleros y sectores más afectados por la pandemia. Page prefirió estar a otras cosas.



Castilla-La Mancha no merece un presidente ausente, un presidente desaparecido, un mandatario que se lava las manos, mira hacia otro lado, se da la vuelta y se esconde para no dar explicaciones de una gestión absolutamente desastrosa y negligente en muchos casos, que están tapando a base de talonario y presión a cualquiera que ose sacar la cabeza y criticar lo más mínimo aquello que se está haciendo mal.



Page debe salir de su escondite, Page debe rendir cuentas ante la sociedad civil de la región, esa a la que ignora y no quiere escuchar, esa a la que ha insultado desde el mes de marzo, que comenzó con los docentes, siguió con los sanitarios, alcaldes, mayores, fallecidos, madrileños, jóvenes, etc. Pero me temo que ese momento está lejano, me temo que la cobardía política de Page lo mantendrá escondido y seguiremos sin un líder que dirija la región, una región, Castilla-La Mancha, que me duele profundamente porque el PSOE la lleva a la deriva y sin rumbo.



Tania Andicoberry es vicesecretaria de Participación PP CLM