El pasado sábado se conmemoró el Día Mundial de las Personas Refugiadas. Tal vez os hayáis preguntado alguna vez qué hubiera sido de vuestras vidas si hubierais nacido en otro lado, en otra familia o en otro país. Por ejemplo, qué hubiera sido de vuestras vidas si en vez de en el Hospital Virgen de la Salud hubiérais nacido en una jaima en los campos de Tinduf donde vuestra familia vive como refugiados saharauis desde hace décadas ante la pasividad internacional.

No sé si os habréis planteado qué ganas de ir a la escuela hubiérais tenido si bombardearan vuestro colegio porque sobrevivís en la devastada franja de Gaza. O si cada día para ir a la escuela tuvierais que pasar por un check point militar donde os chequean y tratan mal esos militares israelíes que están ocupando vuestra tierra y pisotean día a día vuestros derechos, también ante la pasividad internacional.

Tal vez, en lugar de excursiones a andar por el campo con vuestra familia hubierais tenido que andar cientos y cientos de kilómetros huyendo de la guerra en Siria para ir a parar a una frontera donde os gasean y atacan. Tal vez, en lugar de a la piscina o a la playa en vuestra infancia la relación con el agua hubiera sido en pateras huyendo de Somalia para poder seguir vivo. Y así miles y miles de historias.

ACNUR en su último informe cifra en 79,5 millones las personas obligadas a abandonar sus hogares para salvar la vida. De ellas, se estima que el 40% son menores de 18 años. Da escalofríos pensar la cantidad de gente que ha tenido que afrontar esta pandemia mundial en un campo de refugiados con las medidas sanitarias y de higiene que hay en algunos. Pero sobre todo da escalofríos pensar que nos olvidemos de todas estas personas porque ahora tengamos una pandemia de la que salir.

Estas personas siguen existiendo por lo que deben seguir presentes en nuestros presupuestos y proyectos para paliar las necesidades inminentes, y en nuestra actividad y reclamaciones políticas para paliar la situación en la que se encuentran. La solidaridad debe ejercerse cuando hace falta, no sólo cuando nos viene bien o cuando nos “sobran” los euros.

Desde IU CLM reafirmamos nuestro compromiso con estas personas, con sus luchas, con el pueblo saharaui, con el pueblo palestino, con la opresión a la clase trabajadora en cualquier lugar del mundo. No están en un mundo paralelo, o al otro lado, no son algo ajeno o algo que no nos afecte porque no lo veamos. Están en nuestro día a día y así va a seguir siendo.

Ojalá pronto puedan volver a sus casas y mientras tanto pongamos los medios para que sean tratados como nos gustaría que nos trataran a nosotros.



Patricia Ballesteros.Responsable del Área de Solidaridad Internacional de IU CLM