Page se presentó en el Comité Federal de Madrid como la voz crítica del partido. La única, no hay otra, sin más. Lo hizo adelantando por la izquierda a Sánchez, porque tiene uno la impresión de que Pedro se ha quedado parado, inmóvil, estático, como esos conductores que van a sesenta por la autovía. La realidad lo desborda y no encuentra más cauces que la conspiración judeomaseónica de jueces y periodistas. Bulos y pseudomedios, pero las informaciones han sido corroboradas con veinticinco años de cárcel. No es mala pena ni condena para pensar un ratito.
El PSOE sigue como si nada, al borde del precipicio, aplaudiendo a su líder como las focas del Ártico cuando pierde una votación en el Congreso. Patxi pone la alfombra y deja su pasado a la altura del betún, cuando Basagoiti (PP) lo hizo lehendakari a cambio de nada. Así se pagan y devuelven favores.
Normal que el nacionalismo regresara a Euskadi a las primeras de cambio. La vida sigue igual, con Emiliano como voz discordante o Pepito Grillo. Le preguntó a Pedro si las derrotas autonómicas de este año no valían ni merecían apenas un comentario suyo. Van al cadalso, con un suelo importante de votos, pero al cadalso. Quizá quieran gobernar sobre su miseria en un islote. Pero para entonces ya España les habrá dado un portazo irremediable.
Es por ello que Emiliano sólo tiene la opción de derrotar a Sánchez y presentar esa victoria como suya en términos de utilidad. Hace tres años se le votó in extremis porque era el anti Sánchez, aquel contrapeso del partido que convenía para no desmandar las cosas. Pero tiempo después, todo ha ido a peor.
Pedro es corrosivo a la democracia como la cal a las cañerías. Page ha actuado este tiempo de manera inteligente, haciendo notar las barbaridades de una organización que decía una cosa y hacía la contraria. No tendrá apoyo en el partido, pero fuera la calle es un clamor.
Por eso, cuando se acerca la hora de la verdad, quizá ya la única solución sea plantarle cara como líder alternativo, levantar la bandera dentro de su partido como esa otra socialdemocracia que cambió el país de la misma forma que lo hizo Felipe en el 82. Lo contrario no vale. El castellanomanchego vota en términos de utilidad y si Page no es capaz de convencer que se lleva por delante al sanchismo, quedará arramblado por él. Entre otras cosas, porque los propios sanchistas de aquí, no lo van a votar.
La estrategia de los ocho diputados de Núñez ha sido fructífera en términos de repercusión, pero estéril a la hora cierta. Sobre todo, porque el PP jamás rompió la disciplina de voto en ningún momento. Ni con la guerra de Irak ni aquí en Castilla-La Mancha con los modos y maneras de Cospedal. De ahí que Page haya querido lanzar la guerra por otro lado, sabiendo que lo de los ocho lo tenía perdido de antemano. Pero, a punto de llegar a la orilla, es hora de balances y resultados.
Emiliano tiene que demostrar por qué sigue siendo útil votarle a él cuando el líder de su partido carcome la democracia. Iván Redondo le dijo hace unos días en Toledo que hablara más de Castilla-La Mancha. Es que hablar de España y del PSOE es hablar de Castilla-La Mancha, querido Iván. Sobre todo, cuando la propuesta alternativa es la plurinacionalidad, que ya sabemos dónde lleva escondida la bolita. Dinero para los mismos… Los ricos, los naciona, los indepes. Para ese viaje, no hacían falta alforjas. Por eso, la única opción de Emiliano es meterle velocidad al bólido y adelantar a Pedro por la izquierda. Ah, y el resto de su Gobierno y el partido en Castilla-La Mancha, también. ¿O es que sólo es uno quien mueve el cocotero?