En la muerte de Jesús Fuentes, la tarde del sábado se partió en dos. Si llovía, hacía viento y frío, la sensación que quedó fue más gélida. Ni siquiera el espléndido concierto de la Catedral, auspiciado por la Real Fundación, pudo quitarme de la cabeza el pensamiento. Se había muerto Jesús, había fallecido uno de los profesores, una de las personas de las que yo siempre aprendí cuando llegué a Toledo.
Probablemente con Luis Alba, fue la figura que más y mejor me enseñó a descubrir esta ciudad y los secretos que guarda. Luego conocí al político, su historia y las anécdotas. Pero siempre que recuerdo a Jesús, lo imagino con su sonrisa, el pelo desaliñado, un libro y una reflexión.
Accedió hace muchos años a contar la historia de Toledo a su manera en la radio. Y lo hacía como a mí más me gustaba, de manera heterodoxa, poniendo en cuestión todos los preceptos dados por buenos. Su silueta a la sombra de los acontecimientos hacía que siempre los contemplara desde otra perspectiva, más oculta para el resto. Lo admiraba profundamente y pensaba, jovencito yo, cómo un hombre podía conocer tanto. Me pareció un sabio desde el principio y, como tal, lo traté. Su bonhomía, la bufanda y la picardía que escondía tras su aparente timidez hacían el resto
Con el tiempo, me enseñó y explicó cómo se construyó esta comunidad autónoma. Comprendí entonces que Jesús era perito en vidas y no sólo en bibliotecas. Las largas madrugadas negociando con Payo y los padres de la región me dejaban con la boca abierta. Fue presidente preautonómico y en su día se las vio con el propio Bono. Me contaba cómo entraba en Castilla-La Mancha la provincia de Madrid y salía Guadalajara; o de qué manera Albacete se iba a Murcia para después volver a las horas. Era historia viva y mostraba sus llagas de manera honesta, humilde, sencilla.
Ha hecho muy bien Page bajando las banderas a media asta en el Palacio de Fuensalida. Se ha muerto uno de los padres de esta comunidad autónoma, que no quería reconocimientos ni pompas. Pero cuando un faro se apaga, todos nos quedamos a oscuras.
Su pensamiento socialista y la pluma ágil que demostraba como columnista eran un reto constante para quienes divergíamos de su manera de pensar. Recuerdo una conversación deliciosa con él, probablemente la última, donde nos reconocíamos mutuamente que uno leía al otro para encontrar las debilidades de su argumentación. Qué poderosa forma de mirar el mundo de aquel con quien no estás de acuerdo, pero ofrece su vida entera para encontrarse en un punto del camino. Ese era Jesús Fuentes, lector, escritor, provocador, político, amigo.
Los últimos años en la Biblioteca Regional también fueron muy prolíficos. Aún escucho su voz ya ausente y parece mentira. Amaba Toledo sobre todas las cosas, el Toledo diverso que se construía a los márgenes del tiempo. Descansa en paz, Jesús. Quienes te admiramos en vida, lo haremos eternamente.