Hasta ahora era José Antonio Primo de Rivera, fusilado en el treinta y seis por la República, ese régimen fabuloso al que todos queremos volver. Los camisas viejas pronto comenzaron a llamarlo así, el Ausente, con una a mayúscula que dejara claro que no se trataba de cualquiera.
Cuenta Payne, probablemente el mayor conocedor de la Falange y el fascismo español, que Franco no hizo todo lo posible por evitar el fusilamiento, ya que la sombra del "muchacho", como lo llamaba con cierto retintín, era alargada y tapaba la del propio general.
Sea como fuere, vemos que la historia evoluciona y, si no se repite, se parece. Ahora el Ausente es Pedro Sánchez por otros motivos, ya que no puede pisar la calle. No fue al funeral de las víctimas de Huelva para que no pudieran decirle ni objetarle nada. Mandó a tres ministros como quien manda un ramo de Interflora. Qué le vamos a hacer…
Es lo que hemos votado los españoles, un presidente sin entrañas, sin empatía, sin compasión. Muy bueno en los modales y la política. Pero, como el hombre de hojalata del Mago de Oz – qué buena la comparsa de los Hermanos Pastrana–, sin corazón.
Aunque a determinados españoles se les paró el corazón, no sabemos si en el treinta y seis como a Uclés, o en el dogmatismo y fanatismo de la ideología. Desde luego, a Sánchez se le paró en cuanto llegó a Moncloa. No quiso pisar el barro de Paiporta y salió corriendo de él.
Posteguillo lo ha recreado en su magistral y monumental obra sobre César. Se esconde tras las cortinas y no es capaz de dar la cara ni mirar de frente a los ojos de los españoles. Su relación con la verdad es irreconciliable.
Bajo su mandato ha arruinado una vez más a una generación de españoles, los jóvenes, que no podrán comprarse una vivienda y tendrán que continuar en casa de sus padres por mucho tiempo.
Ahora anuncia una regulación para que lo vote más de medio millón de personas. Si no hay casas para los de aquí, dónde vivirán quienes vengan. Eso sí que es racismo, propiciar las condiciones para excluir de un bien de primera necesidad a miles de personas y crear dos países, el de los ricos y el suburbio.
Ya no hay ni para pagar los servicios públicos ni mucho menos para mantener el tren. Vivir hoy en España bajo un techo será imposible, una quimera, una ilusión. La vivienda será todavía más cara y nos iremos todos bajo un puente. Menos Sánchez, claro, que seguirá ausente en la Moncloa.
La semana que viene volverán las elecciones y comprobaremos algo que comienza a consolidarse. El PSOE no trasvasa votos al PP… Lo hace directamente a Vox… El monstruito que creó el doctor se le volverá en contra y comenzará a amenazarlo ya directamente, como una criatura que se revuelve contra su padre.
Al obrero lo ha dejado inerme frente al extranjero y le ha propiciado las condiciones socioeconómicas favorables para que lo considere una amenaza en la carestía. El socialismo siempre procura lo mismo, necesidad para los demás y peculio para uno mismo. Ahí están Ábalos, Cerdán y ese señor del que usted me habla.
Pero no hay tiempo para abrazar a las víctimas de Huelva, llorar con ellas, ponerse en sus zapatos. El discurso de Liliana debería resonar en nuestras cabezas y conciencias largo tiempo. Sólo un funeral mariano es posible en esta tierra de España.
El Ausente caerá como elemento extraño de la Naturaleza en que se ha convertido. Por el curso y cauce natural de las cosas. Todas las facturas vencerán juntas igual que las tapas de los yogures. Ya no habrá ni contertulios que puedan pararlo. Una pena que el funeral de Huelva no pudiera cancelarse.