Algunas empresas toledanas han descubierto que Marruecos está lo bastante cerca para hacer negocios pero lo bastante lejos como para mantener cierto margen de seguridad en los tiempos que corren.

Mi evaluación sobre hacer negocios al otro lado del estrecho es que se trata de una operación de riesgo medio: asumible para comerciar, pero mayor cuando se inmoviliza capital en el país.

Marruecos mantiene crecimiento, buenas infraestructuras y oportunidades industriales; sin embargo, persisten la discrecionalidad administrativa, la competencia desigual, la economía informal y una aplicación todavía insuficiente de las normas sobre corrupción y conflictos de interés.

El balance económico bilateral es claramente favorable para España y revela una fuerte interdependencia: entre enero y julio de 2026, España exportó a Marruecos mercancías por unos 7.580 millones de euros e importó por 6.610 millones. Esto representa un intercambio total superior a 14.190 millones y un superávit español cercano a 968 millones.

España vende a Marruecos principalmente combustibles, maquinaria, componentes industriales, vehículos, productos químicos y alimentos; mientras compra equipos eléctricos, automóviles y componentes, textiles, pescado, frutas y hortalizas.

Marruecos es ya el principal socio comercial español en África y su tercer cliente extracomunitario, después de Reino Unido y Estados Unidos. La situación es paradójica: aunque subsisten tensiones por Ceuta, inmigración, aguas territoriales y Sáhara Occidental, las cadenas de producción —especialmente en automoción, textil, agricultura y logística— están tan integradas que el comercio bilateral funciona como disuasión frente a una potencial ruptura política prolongada.

Toledo mantiene en Marruecos una cartera interesante. En sentido estricto, solo Ibercacao–Grupo Lacasa presenta una inversión industrial marroquí claramente acreditada. En las restantes empresas predomina la exposición comercial: pedidos, proveedores, existencias, créditos a clientes o contratos de patrocinio, cuyo importe individual no se hace público. La relación adopta formas muy diferentes.

Ibercacao representa una vinculación más sólida. Su fábrica continúa en Quintanar de la Orden, pero pertenece al Grupo Lacasa, que dispone de planta en Tánger y adquirió en 2025 el cien por cien de Lucar, fabricante marroquí que facturaba alrededor de seis millones de euros. El chocolate toledano, por tanto, ya no cruza únicamente la aduana: tiene residencia permanente al otro lado del Estrecho.

Joma, desde Portillo de Toledo, ha vestido al Comité Olímpico marroquí, patrocina a su Federación de Atletismo y al Ittihad de Tánger, y utiliza acontecimientos como el Maratón de Marrakech para abrir mercado. No posee fábrica propia allí: envía camisetas, contratos y prestigio deportivo, artículos mucho más fáciles de transportar que una nave industrial.

Pablosky, en Fuensalida, protagoniza el capítulo más delicado. La empresa afirma que el 85 % de sus colecciones se fabrica en España, aunque desde 2023 existen encargos de corte y cosido en Marruecos. Los sindicatos interpretaron aquello como deslocalización; la dirección sostuvo que el ajuste de plantilla pretendía garantizar la continuidad de la sede local. Es decir, ambas partes coincidían en que había zapatos viajando, pero discrepaban sobre si llevaban billete de ida y vuelta.

Reypama, desde Borox, mantiene relaciones de importación hortofrutícola con Marruecos. Aquí no se trasladan fábricas: llegan frutas y verduras que, después de pasar por selección, conservación y envasado, adquieren esa respetabilidad administrativa que concede una bandeja con código de barras. Los directorios comerciales identifican expresamente Marruecos como uno de sus mercados de aprovisionamiento.

Euroquímica, en Illescas, vende detergentes y productos de limpieza en el norte de África. Sus exportaciones representan aproximadamente el 20 % del negocio y Marruecos figura entre sus principales mercados exteriores. Incluso el jabón Lagarto ha llegado al Magreb, demostrando que la diplomacia económica puede comenzar con una embajada y terminar con un estropajo.

Tras ellas aparecen fabricantes como Flor de Yébenes, Talleres Alonso Ruano, Madespa, Creaciones Alpe o Cerámica Millas. Toledo exporta alimentos, calzado, productos químicos, estructuras metálicas y cerámica. Marruecos aporta clientes, proveedores y costes competitivos; también aduanas, riesgo cambiario y decisiones políticas capaces de convertir una expedición rutinaria en una novela de intriga.

Para el exportador español, los principales peligros son los retrasos aduaneros, cambios de homologación o etiquetado, impagos, dependencia de distribuidores locales y dificultad para recuperar mercancía o resolver rápidamente un litigio. Para quien instala una fábrica se añaden la repatriación de beneficios, fiscalidad cambiante, relaciones laborales, acceso al agua y dependencia de autorizaciones públicas. La sequía continúa amenazando agricultura, precios y empleo.

Existe además riesgo político bilateral y jurídico en operaciones relacionadas con el Sáhara Occidental, aunque desde octubre de 2025 rige provisionalmente un nuevo marco comercial con la UE.

La opción prudente con Marruecos es mantener relaciones comerciales diversificadas, cobrar con crédito documentario o seguro CESCE y evitar grandes activos sin socio contrastado, arbitraje internacional y garantías de repatriación.