En la España democrática, pocas historias tan tremendas como la del clan de los Rochos y la juez Biedma. Se ha dado en Extremadura, a donde acuden las sales de la progresía para recordar Los santos inocentes de Camus y Delibes. Pero aquí la milana ha sido otra, la que quería cazar una cloaca para quitársela de en medio y dejar de tocar las narices con el Hermano Batutas.

Sin embargo, la sorpresa vino cuando los propios Rochos, redondos como maduros, duros como inversos, decidieron que no, contestaron que no eran maneras, que hasta el hampa tiene sus códigos y no somos unos matones de tres al cuarto. Algo así como Don Corleone cuando le recuerda a Bonasera en la escena inicial del Padrino… “ahora vienes a mi casa a pedirme que mate por dinero”. No, hombre no… Unos códigos, una decencia, un saber estar… que al parecer no rige en las saunas.

La truculencia del caso nos recuerda qué nos jugamos el 29 de noviembre. Estamos instalados hace tiempo en el “como sea” que Zapatero reconoció a Iñaki cuando dijo aquello de la tensión. Ahora se deja para museo de los horrores un poblado chabolo en el centro de Madrid, que se ha convertido en reclamo turístico para quienes visitan la capital de España. Deberían alquilar las tiendas por Airbnb o Booking y así convertirse en clase rentista para manifestarse contra sí mismos. Total, lo van a hacer con la huelga general.

Dicen que es contra la oposición. La izquierda siempre innovando, en vanguardia. La huelga preventiva como aspirina cada ocho horas. Como si no hubiera estado gobernando estas dos últimas legislaturas el socialismo de Sánchez, que ha vuelto a cumplir con su misión histórica de arruinar España. Hagan la cuenta y comprueben lo que podían comprar en el dieciocho y lo que ahora sale en el veintiséis.

No es cierto que España haya crecido. El PIB per cápita es menor. Si la renta se mantiene y dejas la puerta abierta en casa, tocamos a menos. Lógica de reparto que ya ellos conocen. Hay que pagar servicios para nuevos invitados que no cotizan. Y habrán de vivir en algún lado, con casas imposibles reventadas de demanda y oferta. Este es el modelo del sanchismo. Este, vivir en una calle de Ceuta o agazapado en la sauna.

Los Rochos han demostrado que existe honor hasta en la mafia. No debió contar con eso la cloaca cuando tan alegremente acudió a ellos. Les devolvieron una respuesta cerrada como las oes que repiten su nombre. Unas oes de Rocho ibérico, macerado en el tiempo de la espera, a la vuelta de intenciones que no sean las propias.

Pocas veces se ha llegado tan lejos. Y el Estado ha permanecido en las manos de una funcionaria que ganaba tres mil euros al mes y tenía una hija en la escuela. Eso es lo que les descoloca, lo que no terminan de entender. Y tanto en la actitud de la juez impasible ante el Batutas como en el clan que resiste y declina amenazas, hay una misma línea silente que traza el ademán. Un nervio, un espanto, un coraje. España.