Yo creo que Sánchez no ha debido de estar muy pendiente, durante su enésimo fin de semana de reflexión, de las manifestaciones a favor de la vivienda. Tampoco ha debido fijarse en exceso en las personas que han invadido la Puerta del Sol sin que ninguna fuerza de seguridad imponga la ley, como cabría esperar. Si lo hubiera hecho, habría observado que las banderas que allí se enseñan no son las del PSOE, sino las del Partido Comunista, Palestina, la CNT, Anticapitalistas o Greenpeace. Tampoco se habrá fijado en los cánticos que coreaban, entre los que se encontraban proclamas a favor de la expropiación de viviendas o furibundos ataques a la propiedad privada.

Ni Sánchez ni ninguno de los cientos de consejeros que le susurran al oído han debido de caer en la cuenta de lo poco probable que es que personas con ideas tan extremas y extemporáneas vayan a votar a un partido de la casta como es el PSOE. A Rubalcaba ya le pasó algo parecido en 2011, cuando, después del 15-M, obtuvo unos pésimos resultados, solo superados por todos los que ha obtenido Pedro Sánchez desde que dirige con puño de hierro el partido. Perdón, el Partido.

Argumentan los fieles que han visto una ventana de oportunidad con esto de la vivienda y que no habría momento mejor para convocar las elecciones. Pero ese argumento contradice la evidencia demoscópica: ninguna casa de encuestas -con la excepción de, bueno, ya tú sabes- vaticina otra cosa que no sea un batacazo monumental del sanchismo. Pero es que, además, los partiditos a la izquierda del PSOE —con mucho más apoyo mediático del que sus votos merecerían— andan a la gresca a ver si nos colocan a médico y madre o a Ada Colau, conocida en todo el mundo por haber convertido Barcelona en una ciudad insegura, sucia y donde el mercado de la vivienda ha quedado roto debido a sus políticas intervencionistas.

Sumen a todo eso lo más importante: la hoja de servicios del Gobierno del muro. Por resumir: Tito Berni, indultos, amnistía, Bildu, inflación, Koldo, Ábalos, Zapatero, Ceuta.

Si esto es una ventana de oportunidad, me temo que se la van a encontrar cerrada. Lo cual no quiere decir que, a partir de ahora, el PSOE no pueda poner en marcha lo que mejor sabe hacer, que nunca ha sido gobernar, sino organizar campañas electorales. Cuando no asedian las sedes de la oposición, comparan a sus líderes con perros rabiosos o tratan de sembrar el caos con navajitas ensangrentadas. Todo ello con la inestimable colaboración de una torpe derecha a la que las campañas le parecen, siempre, demasiado largas.

Pero da la impresión de que esta vez ni con esas. Es tal el destrozo que ha hecho Sánchez a este país, es tan burdo el populismo caribeño con el que pretende presentarse ante las urnas, que ni todos los errores de la derecha ni todas las campañitas que veremos estas semanas van a ser capaces de evitar que los ciudadanos coloquen a Sánchez en el lado correcto de su historia: un lugar indeterminado entre su casa y el juzgado.