Leo en este digital que en Albacete se vende una aldea con dos casas, una finca de 10.000 m² y un proyecto visado para construir 6 casas rurales por apenas 95.000€. Intrigada por esta información, investigo un poco y me entero de que, efectivamente, en la España vaciada se puede comprar un pueblo entero por un más que módico precio. En este caso, por bastante menos de lo que cuesta cualquier 'solución habitacional' de 30 metros cuadrados en Toledo capital. Es más, por lo que veo en Internet, es un negocio que está en auge, enfocado a inversores extranjeros en la mayor parte de los casos (jeques árabes incluidos).
La verdad, es que no termina de convencerme la mercantilización de nuestros pueblos abandonados, en esta suerte de Desamortización de Mendizábal 2.0. Entre otras cosas porque no es, ni de lejos, una solución a la despoblación, el gran problema estructural de regiones como la nuestra. No obstante, es la hora de la siesta y caigo en la tentación de dar una cabezadita pensando en qué haría yo con un pueblo para mí sola. Aquí le dejo, querido lector, mis conclusiones.
En primer lugar invitaría a la gente a venirse a vivir a mi pueblo. Eso sí, solo a la buena gente, como diría Machado. Y es que, sin gente, no hay pueblo que valga. Que se lo digan a los más de 500 municipios declarados en extrema despoblación sólo en Castilla-La Mancha.
Mientras la gente va llegando, iría construyendo una gran plaza. Donde tomar el fresco en verano, sentarse al sol en invierno, hablar con los vecinos, celebrar verbenas y, por supuesto, donde siempre estuviera permitido jugar a la pelota.
En esta plaza pondría una escuela, donde niños y mayores aprendieran los unos de los otros. Una escuela en la que, junto a las matemáticas, la lengua y la historia, se estudiaran también esos oficios tradicionales que, como nuestros pueblos, están al borde de la extinción. Yo quiero aprender a bordar, a forjar hierro, a trenzar esparto… y, cuando sepa hacer todo esto, enseñar a la siguiente hornada. Otra cosa que nos enseñan nuestros pueblos: cuando mayor eres, más vales, porque más tienes que enseñar a los demás.
Como mi pueblo iba a tener río, no le pondría piscina, pero sí un buen salón social donde juntarnos a ver una película, hacer teatro y montar esos ‘bailes’ de los que me hablaba mi madre, y que nada tenían que envidiar a los de las películas americanas. Eso sí, como es mi pueblo, queda prohibida toda canción que ofenda, desprecie o incite a la violencia o el odio. Como he dicho, sólo cosas buenas.
Mi pueblo también tendría viñas, olivos, huertas, campos de cereal y alguna colmena que otra. Trabajaríamos orgullosamente la tierra y, además, comercializaríamos nuestros productos, para sacarles el mayor valor añadido posible. No hay que olvidar que el sector agrario representa más del 17 % del PIB regional, como también leo en este digital. O lo que es lo mismo, es la gran industria de nuestra comunidad autónoma, siendo su gran reto el de lograr mantener la actividad, el empleo y la población en un medio rural cada vez más abandonado.
Por último, en el centro de la plaza, junto a la fuente, pondría un buzón de sugerencias para ir mejorando nuestro pueblo entre todos. La verdad es que, visto así, no es mala idea comprarse un pueblo. Admito socios. Absténganse fondos buitres y sindicatos de inquilinos. En cuanto al resto… Se verá.
