Leo en este digital que los castellano-manchegos no quieren el modelo de financiación autonómica de Pedro Sánchez, diseñado a la medida del independentismo catalán. Según una encuesta realizada por SocioMétrica para El Español, casi el 60% de los castellano-manchegos le piden al PSOE de García-Page que se plante y vote en contra de un sistema calificado por el propio gobierno regional como "el más insolidario, injusto y desigual de la Democracia".

La cosa no varía mucho si nos fijamos en la opinión de los votantes socialistas en Castilla-La Mancha. El 53% estaría a favor de pasar de una vez por todas de la disciplina de voto del partido y que los ocho diputados nacionales del PSOE regional se manifiesten en contra de este modelo en el Congreso. Y van con todo. Tanto, que un 53 % opta directamente por el ‘no’, frente a un 10% favorable a una menos drástica abstención. Solo un 30 % de irreductibles insiste en mantenerse al lado de Pedro Sánchez. Incluso a costa de sus propios principios. Desde que mentir se ha convertido en un simple cambio de opinión… la cosa se está poniendo muy chunga para los principios.

Y es que, querido lector, ¿qué tiene de socialdemócrata un modelo de financiación que rompe de un plumazo el concepto de igualdad por un puñado de votos en el Congreso? Parece que permitir a Sánchez, el ‘gran líder’, aguantar un poco más aferrado al sillón de la Moncloa vale más que conceptos como la libertad, la igualdad y la solidaridad. Si Pablo Iglesias (el fundador del PSOE, no el de Podemos) levantara la cabeza, fijo que le daba un apechusque de los buenos.

Según aprendí en la escuela, la Constitución Española de 1978 -como antes lo hicieron las de 1931, 1869 y 1812- establece la Soberanía Nacional como principio básico de la nación. Para entendernos, que el poder de la nación reside en sus ciudadanos (y ciudadanas a partir de la del 31). Ciudadanos que somos iguales ante la ley y, por tanto, que tenemos todos los mismos derechos y libertades, vivamos donde vivamos.

En ningún sitio de estas constituciones pone que los derechos y libertades sean de los territorios y que uno valga más por vivir en Cataluña que por ser de Cuenca de toda la vida. Básicamente, ser ciudadano consiste en eso, en ser iguales, ni súbditos, ni siervos, ni españoles de segunda o tercera. Pero claro, esto lo aprendí en la escuela. Teniendo en cuenta cómo está ahora la escuela… ¡Qué se lo pregunten a Milagros Tolón, ministra de Educación!

Y es precisamente para cosas como esta para lo que sirve una buena financiación autonómica. El dinero que dejaría de recibir Castilla-La Mancha serviría para pagar aulas de no más de 20 alumnos, para apagar incendios en verano, para construir un tan necesario hospital en la zona de La Sagra… Y puedo seguir citando todas y cada una de las cosas para las que los ciudadanos y ciudadanas de Castilla-La Mancha necesitamos un dinero que es de todos los españoles y que debe repartirse en función de su necesidad, no de si hablas -o no- catalán en la intimidad.

Siempre me gustó creer que era verdad la frase tantas veces repetida de que Castilla-La Mancha fue una región que nació no contra nadie, sino para no ser menos que nadie. Es por eso por lo que desde esta columna invito a los ocho diputados del PSOE de Castilla-La Mancha a reflexionar sobre el poder de su voto, reflejo de la Soberanía Nacional. ¿Qué harán por Castilla-La Mancha? Se verá.