José Antonio Morante de la Puebla no había abierto aún la Puerta Grande de la Plaza de Toros de Albacete. Ayer no la abrió, cruzó el cielo y de una manera meteórica fue lanzado al Paseo de la Feria por una multitud de chavalería que lo aclamaba y llevaba en volandas gritando su nombre por la calle.
Y es que antes había realizado una de esas faenas memorables que se recordará por siempre en esta plaza. Había fama de que Albacete se le resistía a Morante o la afición de aquí no casaba con su estilo. Falso… La afición de Albacete sabe y entiende de toros, pero la Fiesta es algo sublime, desmedido e inexacto que no siempre procura las mejores obras y escenas a los excelsos artistas.
Por eso es tan conmovedora su esencia. Y así, cuando contemplas a un artista realizando su obra como ayer, descorriendo el lienzo a cada pase, con la serenidad de quien cincela desde la inspiración y lo más profundo de su ser, no hay nada comparable en el mundo. La plaza se convirtió en torno a las ocho de la tarde en puro manicomio, locura colectiva ante un genio al que habremos de agradecer siempre lo que hizo por la Tauromaquia.
La reivindicó, se la echó a las espaldas en pandemia y la ha engrandecido de tal manera, que ha entrado por la Puerta Grande en la historia de este arte. Es un torero de época, a la altura de Joselito y Belmonte, del que todos nos acordaremos y pensaremos en más de dos y tres ocasiones "yo estuve allí y lo vi".
Fue lo que pasó en Albacete ayer. Estuvimos y lo contamos. Ver una corrida de Morante desde el callejón es un estímulo tan fuerte que uno no sabe si contar lo de dentro o lo de fuera. Se hizo más fotos que Julio Iglesias y su tormento o mundo interior reverbera con tal fuerza que puedes sentir su magnetismo a distancia. Creo que es el monstruo habitando su laberinto, con un juego y haz de luces que tan pronto procuran brillos como sombras. Vive por y para el toreo. Hace este más dormido que ciento toreando sobre la arena doscientas tardes.
Quien quiso tuvo su fotografía o firma. Fue amable, agradable y sacaba una de sus armas más poderosas, la sonrisa. Morante tiene una sonrisa de pillo, niño, tunante, como dice mi compañera Amaya Martínez, de Visión 6. Qué lujo vivir una obra de arte con ella y mi hermano Javier López Galiacho, una enciclopedia, un monumento a la sabiduría que siempre alumbra con su palabra.
Hay que felicitar a Carmen Amores, que estaba en el tendido, y los compañeros de CMM porque retransmitieron la corrida del año, con un Ureña inspiradísimo y un Borja Jiménez sensacional. Los aceros luego dieron o quitaron trofeos, pero el arte rondaba la cabeza de cada uno a su manera. La presidenta, Genoveva Armero, estuvo sensacional.
Era una tarde exigente y dio, como Ulpiano, a cada uno lo suyo. Los tendidos estaban abarrotados. Carlos Herrera y Rubén Amón compartieron palco con Manuel Serrano. Me cuentan que tuvieron que sacarlos la policía, porque todo el mundo quería acercarse a ellos. Herrera tuvo un momento sublime tras la faena de Morante, cuando comenzó a aclamarlo y fue el público quien lo aclamó a él. Momento mágico que captó la cámara de Calamardo, atento siempre al detalle, el momento y la inspiración.
Todo esto conlleva una tarde de toros, una obra maestra, una creación enorme de la naturaleza. Salimos toreando de la plaza y con la sensación de haber vivido un gran día. Uno de esos que recordaremos siempre y contaremos a los nietos, si llegamos. Hoy vienen los rejones y serán sobre todo aficionados de la provincia los que llenen la plaza. La afición en los pueblos al caballo es sensacional. El otro día murió uno en la plaza tras la lidia de Samuel Navalón. El toro lo corneó y nada pudo hacerse por él en corrales.
La Tauromaquia es así de dura y tremenda. Tiene faenas para la historia, como la de ayer, pero momentos duros como anteayer. La vida misma envuelta en un capote. Hoy te aclaman, mañana te derrumban. También hoy será la ofrenda floral a la Virgen de los Llanos, lo que anticipa un domingo intenso en el Recinto Ferial, lleno de devotos que se acercarán después de la Misa a rendir honores al Camarín.
El paseo central rebosará exuberancia y colorido. Es siempre una de las imágenes de la Feria, pues demuestra el porqué de su grandeza. La Virgencica preside el recinto y eso no hay que olvidarlo. El fin de semana prosigue con avidez y se escurre entre los dedos. Estamos en el ecuador de la Feria y aún queda mucha traca que explotar. Aunque quien ya cruzó el cielo de Albacete ayer en volandas tiene un nombre propio. José Antonio Morante de la Puebla.
