Joaquín Coy, el veterano presidente de la plaza de toros de Albacete, se equivocó ayer cuando concedió la segunda oreja a Roca Rey en el quinto de la tarde. No fue una decisión menor porque le abrió de par en par la Puerta Grande del coso albaceteño con una faena que, aunque lograda, sufrida y esforzada, no merecía tanto premio a la luz de lo que ocurrió en el ruedo. Sobre todo, y fundamentalmente, porque una plaza como Albacete no debería permitir que un pinchazo y estocada se resolvieran de esa manera. Entiendo que los presidentes son presa del pánico popular cuando el respetable se vuelve hacia ellos pidiendo orejas como quien pide panderetas. Pero si vamos camino de considerar la Feria taurina de Albacete como la tercera mejor de España después de Madrid y Sevilla, este tipo de decisiones baja el caché de la plaza. Un presidente en el palco —cuya tarea ciertamente es dificilísima— ha de venir ya presionado de casa y aguantar el pañuelo tranquilamente sin que se le mueva el resorte del brazo a las primeras de cambio. Fue la nota discordante de una tarde entretenida, en la que los toreros pusieron oficio, valentía y esmero.

Samuel Navalón volvió a demostrar que está tocado por la varita de los dioses y torea todo lo que se le ponga por delante. Realizó sendas faenas ajustadas, de una valentía sensacional y una destreza admirables. Creo que Albacete ha encontrado su torero porque, aunque sea de Ayora, se formó en la Escuela Taurina de aquí. Y él siempre da la cara de una manera entregada y soberbia. Nos pone el corazón en un puño cada vez que torea. Ajusta tanto los terrenos que en ocasiones el toro lo revuelca. Fue lo que le ocurrió en el tercero de la tarde con el capote. Sin embargo, su decisión y arrojo apenas tienen parangón y no se arredra ante el miedo o las adversidades. Samuel consigue lo que los grandes toreros. Transmitir emoción al tendido, saber que estás ante una tarde única, un momento sublime, una obra de arte irrepetible y efímera, como es la Tauromaquia. Por eso, Samuel estará en el olimpo de los toreros. De hecho, ya está y ayer lo volvió a demostrar. Sólo el acero le privó la Puerta Grande, pero eso, para quienes admiramos el temblor de un pase, la majestuosidad de una lidia y el sentir taurino por encima de todo nos da igual. Samuel ya es grande y alcanzará la cima.

Y Talavante nos dejó también trazos magníficos de su arte en el cuarto de Daniel Ruiz. Destapó las esencias que lleva dentro y toreó con la cadencia, sabiduría y desmayo a que nos tiene habituados. Le costó un poquito entrar en faena, ya que el primero apenas dio juego. Sin embargo, en ese segundo toro de su lote apareció el Talavante mágico que todos esperamos. Una tranquilidad, un pasmo, una categoría verdaderamente desmedida. Cada aficionado se quedó ayer con lo que más le gustó y mejor convino pues vimos tres maneras distintas de entender la tauromaquia y todas ellas, legítimas y buenas. Hoy vendrá el Papa, José Antonio Morante de la Puebla, y puede que en los tendidos vendan latas de sardinas para meterse. Ayer no cabía un alfiler y la plaza reventaba. Qué alegría para los taurinos comprobar cómo aquello que se quisieron cargar, está más vivo que nunca. También se espera desfile de figuras de relumbrón en los palcos y los tendidos. Y es que la Feria de Albacete vive sus días álgidos con un programa excelente, dentro y fuera del coso taurino. Siloé, Viva Suecia o Efecto Mariposa llenaron sus conciertos sin despeinarse. Y eso que alguno de ellos coincidía en tiempo.

Habrá que esperar las cifras que el lunes ofrezca el ayuntamiento, pero este fin de semana la Feria se pone a reventar. Observé ayer un rato en el paseo que conduce al Pincho y la Puerta de Hierros los locales, por ejemplo, donde se sirve comida rápida. Pizzerías y hamburgueserías tenían colas formidables a la hora de la cena. Aquí, el que no hace negocio es porque no quiere. De hecho, es ese el sentido primitivo y original que toda feria tiene, el acontecimiento económico que propicia y reporta. En el caso de Albacete, ya veremos las cifras, pero uno cree que anda más cerca de los doscientos millones de euros que de los ciento cincuenta. Y es que el economato también cuenta. Sobre todo, desde que decidimos salir de casa como si no hubiera mañana tras la pandemia. Al fin y al cabo, qué es la vida si no la compartes y disfrutas en la calle. Pues eso, Albacete es ahora la calle de España por la que sube y baja entera la nación buscando un alivio en el marasmo.