El desfile de la Feria del siete es un farmeo de aura legendario, épico y contrastado. Me hacen gracia las modernidades milenials y zetas, cuando en Albacete ocurre como los vídeos del Fary y Tomasito que estos días recibimos en los móviles. Ya estaba inventado esto de farmear aura. Igual que el tardeo, como reivindicó sabiamente Raúl Cimas en su magistral pregón. Qué buena causa a la Humanidad, qué gran invento eso de unir las cañas con la cena. Surgió aquí, en la Feria de Albacete, cuando uno ya ha terminado de todo al mediodía y se pregunta qué hacer. Es entonces cuando una voz secular, de las profundidades de la tierra, de donde nacían Ruidera y Durandarte, telúrica y misteriosa, ruge bramando miguelitos.

Y así nace el tardeo, entre el temblor que esa voz suscita en las fibras y tendones de lo más profundo del cuerpo como si fueran bafles con graves y la llamada de la selva que supone una caja de miguelitos y una botella de sidra. Me lo dijo Eloy Ruiz hace mucho tiempo. El lugar de España donde más sidra se vende es Albacete. Durante los diez días de Feria, pueden caer toneladas de sidra. Así se llega al final de la tarde, pensando en la cena de nuevo. Esto es un invento que no se le hubiera ocurrido a la IA.

El desfile de ayer fue un farmeo de aura bueno, con miles de albacetenses recorriendo sus calles vestidos de manchegos, espigadores y serranos. Ellos me suscitan envidia, pero ellas auténtica admiración. Ya tengo encargado el chaleco para este año, al que uno el pañuelo que Indumentaria Santa Ana me regaló. En el 27 luciremos traje completo, como Dios manda. Pero ellas son un espectáculo chanante, mágico, casi de brujería. Si hay algo que me obnubila, son los peinados. Podría quedarme hipnotizado mirando un roete y las horquillas que necesita. En esto, también hay variedades. Las manchegas arriesgan. Y, si ya en su momento, hace una década cuando yo pisé la Feria, se me vino abajo el santolio viendo las minifaldas manchegas, hoy contemplo estupefacto cómo los trajes han ido mejorando y las enaguas se ponen de moda. Esto ya está claro. Vivimos momentos vintage, de otro tiempo, con el Cuéntame. De hecho, Imanol Arias actúa esta noche en Harvard. Me gusta la abreviatura universitaria. Ser de la Mancha es caminar entre Harvard y Cambridge, que es Tomelloso, categoría universal humana de otra dimensión. Aquí pasamos nuestra vida.

Hoy es la Virgen de los Llanos, una de las advocaciones marianas que más admiración provocan. Lo primero que hago cuando llego a la Feria es subir al Camarín y ver la Señora. Tan chiquita, tan pequeña, tan morena. Me estremece pensar la cantidad de sueños, oraciones, lamentos y quebrantos que una talla tan chica puede recoger sólo ella. Las imágenes tan pequeñas doblan su encanto y hacen fieles los ateos.

El Recinto es mágico. Puedes echarte unas cañas, pero también un rosario. Y enganchar un novio o devolverle el rosario de tu madre. Los pololos y refajos regresan al armario y la gente es feliz. Nadie pregunta a nadie, como en Madrid, y si se encuentra a su ex, lo monta en la noria y le da un viaje. Diría que la Feria de Albacete es también la gran feria de Madrid, poblachón manchego.

Albacete es la metrópoli, el Madison Square Garden de la mancheguía, donde uno pisa y siente al Quijote, Dulcinea y Sancho a la vez, con orgullo ancestral de siglos que deriva en esta forma tan abierta de celebrar la vida. La gran lección de Cervantes para mí en su gran obra es que uno ha de vivir la vida que elija sin importarle lo que digan o piensen los demás. Como el hidalgo, que cuando dejó de ser Don Quijote para volver a Quijano, perdió las ganas mismas de vivir. Uno ha de elegir su camino, destino y encuentro. Y Albacete eligió la Feria. Y montarse contigo en los caballitos, jugar la tómbola, quedar en el Pincho y almorzar temprano. Se es como se siente y se celebra la vida. Por eso este pueblo es inmortal y alcanza la maravilla con su forma de entender el mundo.

Hoy habrá nuevamente desfiles, comenzarán los toros y muchas familias y amigos se juntarán para comer y celebrar otro ocho de septiembre. El día de las once mil vírgenes, cuando nacieron todas, pero especialmente la Virgencica de los Llanos. Al menos una vez en la vida, el manchego ha de pisar la Feria en Albacete. Y descalzarse como quien entra a una mezquita, que también es tierra santa y sagrada. Aquí está el alfa y la omega, el principio y el fin. Sólo es cuestión de buscarlos entre la tómbola y la noria. Y farmear un poquito aura cuando te llevas la planta a casa.