Pedro, no eres un líder. Un líder no desaparece cuando llegan los problemas. Un líder no permanece de vacaciones mientras una parte de España afronta una situación extraordinaria. Un líder no se limita a recibir informes desde la distancia mientras otros dan la cara, toman decisiones y soportan las consecuencias, un líder no manda a sus ministros a inmolarse mientras tú sigues a cuerpo de rey.

Un buen líder se pone al frente. No manda a otros a asumir toda la responsabilidad mientras él contempla la situación desde lejos. No hace falta hablar de batallas ni de guerras: pensemos simplemente en un capitán durante una tormenta. Cuando el barco se mueve, cuando los pasajeros tienen miedo y cuando la tripulación necesita instrucciones, el capitán tiene que estar en cubierta.

Ceuta lleva demasiado tiempo esperando ver a su capitán.

La ciudad ha vivido una presión migratoria extraordinaria y sus policías, guardias civiles, sanitarios, funcionarios y ciudadanos han tenido que afrontar una situación que no debería recaer únicamente sobre sus hombros. Ellos sí han estado donde tenían que estar.

¿Y el presidente del Gobierno?

De vacaciones.

Puede gestionar reuniones por videoconferencia, recibir informes y mantener conversaciones con sus ministros. Todo eso puede ser necesario pero hay momentos en los que gobernar exige algo más que una pantalla y un teléfono. Exige presencia. Exige mirar a los ciudadanos a la cara y decirles: "España está aquí y no os va a dejar solos".

Por eso resulta difícil entender que Pedro Sánchez no haya considerado necesario desplazarse personalmente a Ceuta. No estamos hablando de una protesta menor ni de un incidente administrativo. Estamos hablando de una ciudad española sometida a una presión extraordinaria en una de las fronteras más sensibles de Europa.

Igual de vergonzoso es pensar que Marruecos no vio a 70.000 personas llegando a nuestras fronteras y sí vio hace unos días a 300 o 400. Todos mienten.

Pero tampoco creo que el Rey Felipe VI salga bien parado de esta crisis y lo digo con todo el respeto que merece la institución. Está siendo decepcionante.

Felipe VI debería haber ido a Ceuta. Si Pedro Sánchez consideraba oportuno su viaje, perfecto y si el presidente entendía que no era el momento, el Rey debería haber valorado igualmente la posibilidad de estar allí porque la Jefatura del Estado no puede aparecer únicamente cuando todo está tranquilo y los actos están perfectamente organizados.

Hay momentos en los que una institución tiene que hacerse presente.

Ceuta era uno de esos momentos.

Si el viaje a Ceuta planteaba dificultades diplomáticas, siempre existía otra posibilidad: Marruecos. Hablar, intervenir, ejercer la autoridad institucional y representar a España. Porque para eso están también nuestras instituciones. Dar el “puñetazo” en la mesa y decir a su homólogo lo que estamos pensando todos los españoles.

Lo que no puede ocurrir es que mientras los agentes están en la frontera, los servicios de emergencia trabajan al límite y los ceutíes viven con preocupación una situación absolutamente insostenible.

Ceuta no necesita espectadores.

Necesita un Gobierno que lidere, una Corona que acompañe y unas instituciones que estén a la altura porque cuando todo va bien, cualquiera puede gobernar.

El liderazgo se demuestra cuando llegan las dificultades y hoy, en Ceuta, demasiados ciudadanos se están preguntando dónde están sus líderes.