En Castilla-La Mancha hay más de 1.000 centros educativos de primaria y secundaria. Hay más de 225.000 alumnos y casi 34.000 docentes en esas etapas educativas. Resumiendo, lo que pasa en las aulas afecta directamente a más de 250.000 familias de nuestra región. Nos afecta a todos. Por eso, creo que no me excedo si afirmo que, junto a la sanidad, la educación y las condiciones en las que se educa deben ser la preocupación más importante del gobierno y de la sociedad.

Cuando los docentes y los padres y madres de alumnos de toda Castilla-La Mancha piden aire acondicionado en las aulas, para soportar los 30 grados que muchas veces tienen a final de curso y al inicio de curso siguiente, lo que están pidiendo son condiciones dignas para nuestros hijos e hijas y para ellos mismos.

No solo están exigiendo un derecho laboral, que es trabajar y aprender en condiciones climáticas adecuadas, están apretando el botón de alarma: nos están diciendo a todos que no nos damos cuenta de la relevancia de lo que ocurre en los centros educativos y de lo importante que es generar en esos centros una sensación de tranquilidad, de acogida, de apoyo, de confort.

Cuando los docentes de la Sagra toledana, de municipios como Yuncos, Illescas, Yuncler... piden recursos educativos para poder hacer frente al crecimiento demográfico de estos municipios, piden bajar las ratios para poder atender las necesidades específicas de cientos de alumnos que a veces llegan sin ni siquiera el conocimiento adecuado del idioma o con condiciones de escolarización previas muy precarias, están encendiendo el botón de alarma: nos están diciendo que no estamos siendo conscientes de que nos jugamos el futuro de pueblos enteros.

Cuando los docentes valencianos se plantan y hacen una huelga de semanas para exactamente lo mismo: reducir las ratios, aumentar las plantillas, mejorar las infraestructuras y defender su lengua materna están encendiendo el botón de alarma y nos están diciendo que si no cuidamos la educación de nuestros niños y niñas estamos desatendiendo sus necesidades actuales y estamos hipotecando su futuro.

No soy yo muy de jerarquías eclesiásticas, pero cuando el Papa León XIV ha abogado estos días por la libertad interior, el pensamiento crítico y una educación libre y de calidad también, desde mi punto de vista, está hablando de esto. Porque no hay educación libre sin condiciones dignas. Me llamo Ángeles y estos son mis demonios.