Gustavo Catalano es un tipo peculiar, de los que no deja indiferente a nadie. Vino a España hace muchos años de su Argentina natal con cincuenta euros en el bolsillo… Después de algunas andanzas decidió crear su propia empresa para comenzar a crecer. Con la ayuda de algunos amigos, entre otros José Manuel Quijorna, ex alcalde de Consuegra, echó a andar con su primera clínica odontológica. Hoy regenta un imperio que se extiende por toda la Mancha y alcanza Madrid. Sus empleados suman centenares y cada verano realiza una fiesta de bienvenida al estío, porque la vida es celebración y peor para quien no lo entienda. A ella acude lo mejor de la Mancha, esa tierra ignota que todavía sorprende con el Quijote de la mano. Alguien dijo alguna vez que el personaje de Cervantes sólo podría haberse dado en esta tierra… Y conforme avanza el tiempo, creo que es verdad. La Mancha es árida, pero también acogedora por su gente. Y hace que la dificultad se haga gigante a escala de molino. Por eso es accesible. Y por ello, gente como Catalano encuentra su refugio aquí. La fiesta del sábado fue inolvidable.
Manu Tenorio nos acompañó durante un buen trecho del camino. El gran triunfito conserva una voz sensacional y se deja querer por su público. Existe un buen número de Manufans, que buscan fotografiarse con él en cuanto se deja. A la fiesta de Catalano va lo mejor de la Mancha. Todo el mundo se pirra por ir. En pleno puente del Corpus, casi cuatrocientas personas acudieron a la llamada. Gustavo es diferente y obsequia como un espléndido anfitrión a sus amigos. Quiere crear un espacio de diversión y relax en mitad de la vorágine… Y para eso, nada mejor que la llanura manchega.
A la fiesta acuden amigos y empresarios como García Baquero, Román Cantarero o Eusebio Ramírez. También otros muchos que han hecho de su trabajo y esfuerzo bandera de esta tierra. Veo a Miguel Ángel García Baquero y no puedo sentir más que orgullo de lo que desde Alcázar se ha hecho por el queso manchego en el mundo. Ahí queda para quien venga y pueda mejorarlo. Román Cantarero es otro monje del vino, que no olvida nunca la parte lúdica de la vida. Desde Socuéllamos ha hecho un emporio vitivinícola que alcanza el último rincón del planeta. Qué orgullo para todos. Y Eusebio Ramírez, desde Herencia, ha conseguido que su empresa sea reconocida y admirada por los principales departamentos de Defensa del orbe. Como decía Mota, no digo que me lo superen, iguálenmelo. Cerca, en Tomelloso, está Rafa Rodríguez y Anro, que ha construido en el centro de la ciudad de Plinio el primer hotel flotante de la historia. Casi ná.
La Mancha es el músculo empresarial de esta región. Naturalmente, la Sagra y el Henares ofrecen sus mejores galones… Pero ellos miran a Madrid. Lo que la Mancha y sus hijos ofrecen es, sencillamente, indescriptible. Gustavo es particular, distinto. Me encantó la alocución que dirigió a los invitados, especialmente, a los jóvenes. Les dijo que no perdieran la esperanza, que por encima de la situación que estamos viviendo donde la corrupción sobrevuela la esfera pública, permanecen y sobreviven el trabajo y el esfuerzo. Y contó algo que me emocionó. Ama España, quiere España igual que la niña de sus ojos, como el país que lo acogió y le dio lo que supo encontrar. Juró bandera hace poco y se muestra orgulloso de ello. Le dio la mano al Rey en Toledo y su dicha es infinita. Ponedme a cien de estos delante y España volverá a refulgir como el yelmo de Mambrino sobre la cabeza de Don Quijote.