Para conmemorar sus primeros 20 años de vida, este periódico entrega el 12 de mayo los premios Gigantes de Castilla-La Mancha, que reconocerán la contribución de personas y entidades al crecimiento y al desarrollo socioeconómico y cultural de la región.
En esta primera edición, en la categoría Ciencia, Investigación y Sociedad la distinción recae en Ana Céspedes, cuya trayectoria arranca en las aulas de Barrax, en Albacete, y culmina, por ahora, en los despachos de California o Nueva York.
No tengo el gusto de conocerla, pero leo que es hija de maestros, que se formó en la educación pública hasta conseguir un doctorado en Farmacia y que ha desarrollado una larga y fructífera carrera en el sector de la salud, tanto en España como en el ámbito internacional.
Actualmente dirige Vitamin Angels, una organización global sin ánimo de lucro dedicada a mejorar la nutrición de mujeres embarazadas y menores de edad en situaciones de riesgo. Previamente, fue responsable de las operaciones mundiales de IAVI, una entidad centrada en el desarrollo de vacunas asequibles contra enfermedades infecciosas como el VIH/SIDA o la tuberculosis.
Solo por estos desempeños ya merece la distinción que recibirá mañana, sin despreciar los otros méritos que ornan su currículo. Sin embargo, asomarnos a su perfil nos hace topar con una realidad contradictoria: la inmensidad del talento femenino castellanomanchego frente a la perversidad de una estructura que no deja de exportar genialidad.
Insisto. No conozco a Ana Céspedes, pero creo que representa a un colectivo maltratado por el actual sistema español de ciencia y tecnología, que favorece la formación de hombres y mujeres obligados a abandonar su territorio para desarrollar su carrera en otros países con mejores condiciones y mayor financiación.
Me encantaría preguntarle cómo vería aquella niña de Barrax la posibilidad de potenciar desde su tierra esa visión que trasciende el laboratorio, con la certeza de que casi la mitad de las enfermedades son prevenibles. En medio de tanta confusión y ruido, Ana apuesta por la vacunación, el diagnóstico precoz y los hábitos de vida saludables.
Comparto con ella el enfoque integral One Health, que reconoce la interdependencia total de la salud de las personas, de los animales y de los ecosistemas. El cambio climático, con sus efectos sobre la seguridad alimentaria y la nutrición, amenaza de forma desproporcionada a las poblaciones más vulnerables. Por eso, desde Vitamin Angels, trabaja para pasar de la conciencia a la acción, impulsando intervenciones nutricionales basadas en la evidencia y colaborando con líderes locales en 65 países.
Y por eso es Gigante. Enhorabuena, Ana, y enhorabuena a EL ESPAÑOL de Castilla-La Mancha, referente informativo, por reconocer el talento científico y por entender el valor de la comunicación social de la ciencia. También desde las páginas de opinión.