Lo primero es pedir disculpas por mi voz. He sido víctima de la amplitud térmica. Para dejarlo más claro, levantarte con cuatro grados y tomarte el café de la tarde con 20 tiene entre sus efectos secundarios el temido resfriado primaveral... y ahí estoy yo, aunque no haya llegado la primavera.

Dicho esto, quiero hablarles del "malismo", permítanme esta forma coloquial de hablar del mal. Hay una ola de "malismo" en la sociedad actual. Yo entiendo por "malismo" ese afán constante de insultar, hacer daño al que consideramos contrario, ridiculizar al que se equivoca, vejar a la mínima de cambio. Estamos hartos de verlo en la política y, desgraciadamente, no solo en la política.

Está de moda jalear al mafioso de turno, al mentiroso, al mamporrero, al que no tiene ningún argumento pero tiene pésimos modales. Está de moda ser malo o, por lo menos, parecerlo. Es cierto que en algunos partidos políticos, y en algunos políticos de esos partidos en concreto, esa forma nefasta de actuar lo que hace realmente es tapar sus múltiples carencias: su falta de formación, su falta de educación y su falta de realidad.

El problema es que el argumentario de los malos, el argumentario del insulto y de la mentira funcionan de maravilla y están generando un bucle de malismo entre los que nos rodean. Un estado constante de lucha por tener razón porque sí y no escuchar, ni siquiera plantearse escuchar al que no piensan como tú. Un discurso propio o ajeno, pero que hemos asumido como nuestro, que no se basa en los hechos, sino en las emociones. Las emociones son una de las cosas más importantes de la vida, pero cuando te nublan y solo reconoces las tuyas y las de los que piensan como tú, en vez de generar un sentimiento de empatía, generan un sentimiento de deshumanización. Y ahí están muchos, en esa deshumanización del que no consideran de su tribu.

¿Qué podemos hacer? Me pregunto por qué no creamos un club de los buenos. Una alianza invisible, pero sólida, en la que todos aquellos que queremos construir -desde posiciones y planteamientos diferentes-, pero en definitiva construir, podamos dar pasos adelante juntos.

No se trata de crear una sociedad, ni de una plataforma, ni nada. Se trata de identificar, cada uno en su núcleo pequeño o grande de personas que le rodean, a aquellos que realmente aportan. Aportan planteamientos que pueden ser diferentes a los tuyos, pero que pueden construir en consenso, aportan apoyo de cualquier tipo ante circunstancias que en un momento determinado nos sobrepasan, aportan cariño cuando a tu alrededor parece que acechan las fieras.

¿Es un planteamiento muy ridículo, muy romántico? Quizá, pero ese club de los buenos, que no del "buenismo", pueda ir apartando poco a poco a todos estos malos que se han ido apoderando de nuestras opiniones, de nuestros corazones. Me llamo Ángeles y estos son mis filosóficos demonios.