Es esa palabra. Justo esa. Dicha por ese señor cuyo nombre no olvidarás nunca. Estabas haciendo una tortilla de patata. Tuviste que dejar el aceite en la mesa y apagar el fuego. Te sentaste en el taburete de la cocina. No recuerdas el resto del programa. Solo esa palabra. La que te hizo pensar y dudar. La que te empujó a leer aquel libro y te llevó, sin saber cómo, hasta esa otra canción.
Aquella canción que descubriste otra tarde de invierno, en el coche, camino de ese trabajo que detestabas. Era la melodía que necesitabas en ese momento, y no otra. Te entró de repente en un lugar desconocido del alma y, desde entonces, esbozas una sonrisa inconsciente cada vez que la escuchas.
Como aquella entrevista al presidente del Gobierno en la que pidió perdón. Solo ha ocurrido una vez, que tú recuerdes. Un político disculpándose es como un hipopótamo en el Mercadona: un imposible. Pero sucedió aquella mañana. Cómo olvidarlo. Casi te cortas al afeitarte. La pregunta fue buenísima, de esas que te impiden girar la cabeza o tomar la dirección contraria.
Y qué decir de aquella tarde de verano en la que escuchaste ese gol infinito. Esa voz quebrada que se rompía en mitad del grito apasionado de todo el país. Todos unidos en esa cadencia luminosa en la que se convirtió la narración de un gol para la historia.
¿Y ese día en que la emisora de tu tierra dejó de ser una radiofórmula? No olvidas a Orenes, que se nos fue, ni a Acevedo; ni a Fernando, Alberto o Roberto, que te siguen contando lo tuyo.
Cómo olvidar el día en que sonó la canción que bailaste en tu boda.
El día en que casi nos dieron un golpe de Estado.
Ese en que te explicaron que habíamos llegado a la luna.
Ese otro en el que descubriste la verdadera identidad de Ama Rosa.
O aquel en el que te creíste que nos invadían los extraterrestres.
O aquellas primeras elecciones de 1933 que pudiste seguir en directo.
O esa primera vez —ay— en la que pensaste que soñabas al escuchar salir una voz de aquella enorme caja de madera.
Por todos esos días.
Por todos esos recuerdos que no son solo tuyos.
Gracias.
A mi querida radio.