Emiliano García-Page no quiere que los españoles vayamos a las urnas. Sí, ya sé que lo ha dicho unas cuantas veces. Ahora lo repite a cuenta del último atraco perpetrado por Moncloa, que pasa por negociar una financiación a la carta para el delincuente Junqueras, a quien Sánchez indultó. Pero no: el presidente de Castilla-La Mancha no quiere comicios. Quiere decirlo, pero la realidad es que no hace absolutamente nada para que eso suceda.

Como no hizo absolutamente nada cuando Sánchez abarató el delito de malversación; o cuando eliminó el de sedición; o cuando regaló Pamplona a Bildu; o cuando el PSOE impulsó y aprobó una estomagante ley de amnistía; o cuando Koldo y Ábalos se rifaban mujeres; o cuando Begoña utilizó recursos públicos para sus negocios en la Complutense; o cuando el fiscal general del Estado fue condenado por vulnerar los derechos de un particular.

Porque en la vida las cosas que se dicen tienen un valor relativo. Las verdaderamente importantes son las que se hacen. Sobre todo cuando se tienen los mecanismos para ello. Es el caso del secretario general de los socialistas de Castilla-La Mancha, que bien podría instar a los diputados de su federación en el Congreso a secundar una moción de censura instrumental para convocar inmediatamente elecciones.

Hay muchas excusas detrás de esa negativa de Page a hacer lo que dice que hay que hacer, pero todas son ridículas. Que los diputados son de Sánchez, argumentan. Mentira. Y si fuera cierto, al menos que los ponga en la obligación de retratarse. Que Page no puede apoyar una moción de censura presentada por el PP, dicen otros. ¿Y por qué no? ¿Acaso no avaló que el PSOE se abstuviera para permitir la investidura de Rajoy? Son excusas de mal pagador, triquiñuelas semánticas para enmascarar una única realidad: Page prefiere ser un pepito grillo de telediario antes que un patriota de verdad.

Hay que reconocer que ahueca bien la voz, que parece mirar a cámara cuando arremete contra los camisas sucias de Ferraz, que casi da la impresión de estar diciéndole a Vallés: "Este es el total que tienes que sacar". Pero la realidad, tozuda y persistente, es que el único sitio en el que el presidente autonómico se pone bravucón es en el atril de la rueda de prensa. Porque a la hora de votar, siempre está con Sánchez.

Sé que esto escuece en la dirección regional del PSOE. Y si escuece es porque saben que es verdad. En política, decir lo que hay que hacer sin estar dispuesto a hacerlo no es valentía. Es cálculo. Y Page, por ahora, ha elegido seguir calculando.