Julia Toledano
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Hay tardes que se miden por las orejas cortadas y otras que se recuerdan por lo que significan. La de este jueves en Ciudad Real tuvo de las dos cosas. Víctor Puerto dijo adiós a la plaza que le vio tomar la alternativa y lo hizo a hombros, acompañado por Daniel Luque y Samuel Navalón, en una corrida de Araúz de Robles seria, cuajada y con varios toros aplaudidos de salida.

La Feria de la Virgen del Prado entró así en calor. Más de dos tercios de plaza, una tarde agradable y un festejo de esos que dejan imágenes. La principal, la de Puerto abandonando por última vez el coso capitalino entre el reconocimiento de una afición que le ha visto crecer, triunfar y convertirse en uno de los toreros más vinculados a Ciudad Real.

Antes del paseíllo ya había emoción. La plaza tributó una fuerte ovación al diestro, que se despedía del ruedo donde tomó la alternativa el 9 de abril de 1995. Después, un minuto de silencio recordó a Eduardo Rodríguez Sánchez, cirujano de la plaza durante décadas y fallecido el pasado mes de enero.

Puerto con el capote. J.L Cárdenas / Eventos Mare Nostrum

Pero el primero no quiso colaborar con el guion sentimental. Puerto apenas pudo disfrutarlo en un buen recibo a la verónica antes de que el toro se dañara la mano derecha en los primeros compases de la faena. El torero no tuvo más remedio que abreviar. El silencio del público fue más de lástima que de reproche.

La tarde le guardaba un cuarto distinto. Noble, boyante y con clase. Un toro que permitió a Puerto despedirse toreando. La faena, brindada a su hijo Víctor y a su tío Sánchez Puerto, tuvo momentos de mucho gusto, especialmente por el pitón izquierdo. Templanza, naturalidad y ese toreo de uno en uno que Puerto ha llevado como sello durante una carrera de más de tres décadas.

El palco sacó los dos pañuelos. Generoso, sí. También comprensible. Aquellas dos orejas premiaban la faena, pero sobre todo reconocían una trayectoria. Puerto se había ganado una despedida así. Y Ciudad Real se la concedió.

Luque, entre la seda y el arrimón

Daniel Luque dejó claro desde el principio que no había venido a ejercer de acompañante en el homenaje. Su primer toro, manejable pero soso, le permitió desplegar esa difícil facilidad que caracteriza al sevillano. Hubo momentos de gran pureza, con dos trincherazos y un cambio de mano especialmente bellos, aunque la falta de transmisión del animal redujo el eco de la faena.

La estocada, arriba, terminó de poner en valor una actuación que se saldó con una oreja tras aviso.

Daniel Luque con la muleta. J.L Cárdenas / Eventos Mare Nostrum

El quinto exigió otra versión. El toro perdió buena parte de su empuje después de un buen puyazo de Jabato y Luque tuvo que buscar el triunfo más cerca de los pitones. Midió al animal, le esperó y acabó construyendo una faena de entrega. Otra oreja y puerta grande.

También hubo premio para la cuadrilla. Antonio Manuel Punta y Jesús Arruga se desmonteraron tras parear al segundo, en un tercio en el que destacó igualmente la brega de Juan Contreras.

Navalón encuentra el filón del sexto

Samuel Navalón salió de Ciudad Real con tres orejas y una sensación de torero maduro. Su primero no era sencillo. Se movía, pero no terminaba de entregarse a la muleta. El valenciano, estrechamente vinculado a Albacete, no quiso forzar lo que el toro no tenía.

Lo toreó con inteligencia. En línea recta, sin atosigarlo, administrando sus escasas fuerzas y sacando muletazos donde parecía no haber demasiados. Una faena de oficio, sin alharacas, que terminó en una oreja después de aviso.

Samuel Navalón toreó de rodillas. J.L Cárdenas / Eventos Mare Nostrum

Y llegó el sexto. El mejor momento de la tarde para Navalón. El toro se dejó más y el torero lo entendió desde el principio. Buenas verónicas de recibo y, con la muleta, mucha determinación. Se la dejó delante, buscó la ligazón y consiguió momentos de toreo con especial importancia por el pitón derecho. Cuando el animal empezó a venirse abajo, Navalón no renunció al arrimón.

La estocada fue contundente. El palco sacó los dos pañuelos. Tres orejas en el esportón y una puerta grande compartida con Luque y Puerto.

Valverde reivindica la feria

Miguel Ángel Valverde antes de empezar la corrida. Diputación de Ciudad Real

El presidente de la Diputación de Ciudad Real, Miguel Ángel Valverde, siguió una corrida que considera representativa del nuevo impulso de la Feria Taurina de la capital. El dirigente provincial destacó a las puertas del coso el trabajo del Ayuntamiento y del alcalde, Francisco Cañizares, para devolver a Ciudad Real protagonismo dentro del panorama taurino.

A su juicio, la ciudad está recuperando un espacio que había perdido y la feria "cada vez despierta más atención", hasta permitir que Ciudad Real vuelva a ocupar "el lugar en donde le correspondía" dentro del ámbito taurino.

Y en una tarde marcada por Puerto, Valverde quiso reivindicar también el vínculo del torero con la provincia. "Se despide aquí, aunque se despedirá de otras plazas en la provincia, una carrera jalonada de muchos éxitos y que nos ha permitido enorgullecernos de un torero que ha representado siempre a la provincia de Ciudad Real".