Y la debacle llegó. El Real Madrid consumó este viernes su eliminación de la fase final de la Liga Endesa. Los blancos esperaron el pinchazo de un Valencia Basket que no dio opción alguna a Herbalife Gran Canaria. El equipo de Pablo Laso, a pesar de su triunfo a final ante Casademont Zaragoza, en el que el vasco demostró desde el primer minuto que quería máxima intensidad aunque no se jugasen nada. De hecho, no convocó a los jóvenes y jugaron todos los habitualmente titulares.

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La temporada del Real Madrid de Baloncesto finaliza con un importante borrón como es esta eliminación. Aunque el título de la Copa del Rey y el hecho de no poder competir por la Euroliga dejan un regusto no tan amargo, la realidad es que las expectativas eran que los merengues consiguieran luchar por el título hasta el final. El nivel de la plantilla lo hace necesario.

No se puede cuestionar la implicación ni de Laso ni del equipo, pero sí que se ha evidenciado una falta de competitividad que sí se vio durante el resto de la temporada y no en estas dos semanas en Valencia. Aunque el equipo comenzó como un auténtico vendaval en Gran Canaria, la segunda parte y la victoria ante Valencia evidenciaron algunos problemas y ante San Pablo Burgos y MoraBanc Andorra estas sensaciones negativas se agudizaron hasta provocar la eliminación.

Un palo, pero excepcional

Esta fase final ha sido excepcional, con un formato nuevo, con partidos cada dos días y tras una pandemia cuando el Real Madrid fue el primer equipo en verse afectado por el Covid-19. Esta cuestión no se puede olvidar y hace que la crítica sea menos negativa. Si bien es verdad que sus principales rivales han conseguido pasar, el batacazo le podría haber sucedido a cualquiera de los equipos y la diferencia se ha marcado en los finales apretados.

Sergio Llull, tirando durante el partido entre el Real Madrid y Gran Canaria ACB Photo

Al final, la derrota ante los burgaleses sí fue en los últimos instantes, pero es que ante el equipo del principado fue por una diferencia sustancial. El carácter que siempre acompaña a los de Laso y que suelen evidenciar algunos jugadores singulares como son Campazzo, Llull o Rudy se echó en falta en esos instantes que marcaban la diferencia y que podían haber evitad la debacle.

Una preparación insuficiente

Esta claro que el trabajo de los de Pablo Laso no se ha evidenciado sobre la pista. Después de una gran temporada regular, la alta carga física de esta fase final ha pasado factura y ha cegado a la plantilla blanca de cara a la canasta y, sobre todo, defensivamente.

Ahí aparece el factor del cansancio, y es que los blancos no se han mostrado tan contundentes como suelen hacerlo. Si un equipo está acostumbrado a jugar muchos partidos durante la temporada, ese es el Real Madrid. De hecho, en circunstancias con más lesionados, ha salido indemne. Pero durante este torneo ha quedado patente que la plantilla comienza a envejecer.

Problemas en el rebote

Las dos derrotas han tenido como factor común los problemas para cerrar el rebote en la canasta blanca. A pesar de contar con Tavares, que ha rendido a un nivel esperado, el resto de jugadores se vieron superados tanto ante San Pablo Burgos como contra MoraBanc Andorra y perdieron esta lucha.

Thad McFadden anota ante la defensa blanca en el partido entre San Pablo Burgos y Real Madrid. ACB Photo

Ni los minutos de Jordan Mickey, ni la labor de Trey Thompkins y Anthony Randolph, ni el experimento de Gabriel Deck, han logrado paliar este problema. Ante San Pablo Burgos esta carencia fue decisiva en el tramo final. Al final no deja de ser una ramificación de la misma raíz del problema: el ritmo competitivo que no ha terminado de encontrar en las dos últimas semanas.

Sin los secundarios

Facu Campazzo, Sergio Llull y Edy Tavares han rendido a un nivel estable, pero el resto de la plantilla ha sido más irregular. Los momentos de Anthony Randolph, la poca aportación de Rudy Fernández, un Jaycee Carroll gris en los minutos decisivos y un Fabien Caseur desaparecido han permitido la debacle de no jugar ni tan siquiera unas semifinales.

Gabriel Deck fue la única buena noticia y es que en el triunfo ante el Valencia Basket cogió una responsabilidad muy importante. El argentino es el representante de la próxima generación que tiene que venir y 'El Tortuga' está sacando la cabeza.

Los fichajes no responden

Ni Nico Laprovittola ni Jordan Mickey han respondido durante la fase final. El que fuera MVP de la Liga Endesa pasada y el norteamericano tenían que demostrar en este momento excepcional que podían estar ahí cuando los actores principales no estuvieran acertados. No han cumplido con las expectativas. Más aún en el caso de Salah Mejri, cuya vuelta ha sido intrascendente.

[Más información: El Real Madrid de Baloncesto, explicar lo inexplicable]