En el Diccionario político y social del mundo iberoamericano (2009 y 2014, 11 vols.), primera piedra del proyecto Iberconceptos —una amplia red internacional de investigadores de diversos países a ambos lados del Atlántico—, el catedrático de Historia del Pensamiento Político Javier Fernández Sebastián definía el antiguo espacio de las monarquías ibéricas durante el período de las independencias como “un vasto laboratorio político y constitucional”.

Ficha

Título: Horizontes de la historia conceptual en Iberoamérica

Editores: Francisco A. Ortega, Rafael E. Acevedo P. y Pablo Casanova Castañeda

Editorial: genueve ediciones

Año de publicación: 2021

Disponible en Unebook 

En estos años en los que se conmemoran los bicentenarios de la creación de los Estados iberoamericanos (México, Guatemala, Costa Rica, Nicaragua, Honduras, Panamá o El Salvador la celebran este año y Brasil o Ecuador en 2022) se hace necesario ampliar y reconsiderar los horizontes teóricos y metodológicos de la historia conceptual de este vasto continente con el fin de desterrar los tópicos en boga y aportar nueva luz a esos cruciales años que construyeron los cimientos del presente.

Con este fin se publica ahora el volumen Horizontes de la historia conceptual en Iberoamérica (genueve ediciones), un monumental, erudito y renovador trabajo en el que los historiadores colombianos Francisco A. Ortega, Rafael E. Acevedo y Pablo Casanova coordinan a otros quince colegas de ambas orillas que ofrecen una nueva lectura de la historia del mundo iberoamericano a partir del análisis de los conceptos políticos, sus significados y sus imágenes. Una inmersión profunda en un espacio convulso, de experimentación y reelaboraciones conceptuales, institucionales y de prácticas que se desplegó con inusitada energía y creatividad para refundar nuevas comunidades políticas.

Desmitificar el pasado

Los dos ejes temáticos del libro, “Trayectorias” e “Incursiones”, abordan la desmitificación de un periodo que vive, aún hoy, preso de la épica patriota de una historia de bronce que ha esculpido buena parte de unos fervores nacionalistas actuales que, para muchos historiadores conceptuales, constituyen un marco plenamente insatisfactorio.

Los capítulos del primer apartado se ocupan de acometer una lúcida y novedosa mirada hacia la construcción de las nuevas comunidades políticas soberanas en lo relacionado con las jerarquías sociales y étnicas —tan marcadas y problemáticas en el periodo anterior—, con los procesos de territorialización —que dieron lugar a no pocos conflictos en el siglo XIX— con las relaciones entre la religión y lo político y con la gramática política de los nuevos gobiernos soberanos o con una mirada a la democracia moderna desde sus cambiantes significados y representaciones iconográficas, entre otros asuntos.

Por su parte, el segundo apartado, presenta un conjunto de debates teóricos y metodológicos que indagan sobre los límites y las posibilidades del ejercicio actual de la historia conceptual en un esfuerzo que evidencia el deseo de ampliar los horizontes teóricos de la disciplina. Estos, pueden abrirse, especulan los expertos, desde la historia de las emociones y los cruces con el psicoanálisis hasta la epistemología histórica y la sociología del conocimiento científico, entre otras posibilidades abiertas.

Un horizonte incierto

“Este país caerá infaliblemente en manos de la multitud desenfrenada, para después pasar a tiranuelos casi imperceptibles, de todos colores y razas”, escribía Simón Bolívar pocos meses antes de su muerte, presa de la desesperanza y la frustración por el devenir político de la revolución. ¿Cuál es el balance final de tan denodado estudio? ¿Qué aporta esta nueva mirada al pasado y qué fue de aquel “vasto laboratorio político y constitucional”? Como explica en el postfacio Fernández Sebastián, “muchas de las enormes posibilidades que se abrían en el horizonte de las nuevas repúblicas se realizaron y muchas otras quedaron pendientes”.

Hoy, cuando una constelación de crisis políticas y sociales de muy diferente origen y signo se multiplican en esta parte del mundo, el pasado puede ser, si no una respuesta inmediata a la crisis contemporánea, sí un acicate “para no caer en las promesas febriles del siglo XX y para no permanecer imperturbables frente a los retos que representan la erosión democrática a manos de nuevos autoritarismos, el encogimiento de las libertades, el reposicionamiento de las memorias colectivas”.

Esa es la voluntad, al menos de todos los autores de este pertinente ensayo, recordar “la necesidad de pensar Iberoamérica a partir de una densidad histórica que nos recupere las estructuras duraderas de lo político, frecuentemente ocultas bajo los márgenes nacionales”.