La Feria del Libro de Madrid cerró este año su 85.ª edición con un descenso en su facturación total. De los 10.140.955 euros del año 2025 han pasado a un volumen de negocio de 9.862.888 euros en esta ocasión. Un decrecimiento llamativo, si atendemos a la buena salud que muestra el sector editorial y a los informes anuales de lectura, que encadenan varios años mostrando un aumento en el número de lectores de nuestro país.
Los motivos que se han alegado desde la dirección son varios, todos ellos de peso. Por un lado, la visita del Papa, que coincidió con el segundo fin de semana de la gran cita del libro madrileña y que, junto a los mensajes de alarma en los que las autoridades aconsejaban a la población evitar la zona del centro de Madrid por el peligro de aglomeraciones, disuadió a muchos de visitar el parque del Retiro durante esos días. Por otro, las altas temperaturas, que desanimaron a muchos de acercarse a las casetas durante las horas centrales del día. El golpe definitivo vino el tercer y último domingo, cuando, vistas las buenas ventas del día anterior, se llegó a hablar de remontada. No fue así, porque una alerta meteorológica obligó a bajar las persianas tres horas antes del cierre.
Visto lo ocurrido, todo invita a pensar que el descenso en la facturación de este año se debe a una coincidencia de varias contingencias externas que difícilmente se podían haber atajado desde la organización de la Feria. Esta es, sin embargo, la segunda edición consecutiva en la que ocurre un descenso en los ingresos con respecto al año inmediatamente anterior. Frente a los 10.140.955 euros que antes mencionábamos correspondientes al año 2025, en 2024 se rozó el techo de los 11 millones, con "un volumen de negocio superior a los 10.800.000 euros", según compartía la propia organización.
Como ha ocurrido este año, las razones que se aducían entonces eran también cuestiones fuera del control de la organización. En aquella ocasión, fueron dos las tardes que la feria se vio obligada a cerrar por decisión del Ayuntamiento de Madrid debido a alertas meteorológicas. Cabe mencionar, sin embargo, que dichas alertas meteorológicas también se dieron en dos ocasiones en 2024, obligando a "cerrar las casetas durante unas horas", según manifestaba la propia organización, sin que ello impidiera alcanzar unas cifras que hasta día de hoy no se han sobrepasado.
Con esta información sobre la mesa y varias fuentes participantes en la Feria que señalaban que sí que existían algunas cuestiones a mejorar para las siguientes ediciones (el posible adelanto del evento a fechas más suaves o reducir la duración a unos 10 días para equipararlo a citas parecidas como la Feria de Frankfurt o la FIL), esta cabecera se puso en contacto por vía telefónica el pasado lunes 5 de julio a las 10 de la mañana con Eva Orúe, que en ese momento estaba al frente de la dirección de la Feria del Libro de Madrid desde diciembre de 2021.
Las dos alertas meteorológicas ocurridas en 2024 no impidieron que la edición alcanzara unas cifras que hasta hoy no se han sobrepasado
Para nuestra sorpresa, e imaginamos que para la suya también, esta resultó ser la última entrevista de Orúe al frente de la organización, pues, según compartió con nosotros más tarde, minutos después de concluir la llamada con El Cultural, se le comunicó su despido fulminante. Un cese con cuyos motivos aseguró que no estaba de acuerdo pero que aclaró que no podía compartir por "cuestiones de confidencialidad".
Todavía como directora de la Feria, por tanto, Eva Orúe explicó a El Cultural que, desde la perspectiva de la organización, existen cuatro razones que explican los malos datos de facturación. La primera y principal es la que manifestaba el comunicado antes citado, es decir, las cuestiones ajenas a la Feria que disuadieron a muchos de acudir al evento, a saber: la coincidencia en esas fechas con varios eventos masivos —la visita del Papa, los conciertos de Bad Bunny y las elecciones a la presidencia del Real Madrid— y el "calor horroroso del primer fin de semana", así como la alerta naranja del último domingo que "obligó a cerrar las casetas" y ahogó las "esperanzas de remontadas". Un último día de Feria en el que Orúe también adujo que "empezó el Mundial de fútbol".
La segunda razón es la forma de medir el balance de ventas totales que, apuntaba Orúe, "ha pasado de medirse por horquillas estimadas de 5.000 € a solicitar a las casetas las cantidades exactas". Esa mejora en el método de medida y en la transparencia ha podido provocar, según consignaba la ya exdirectora de la Feria, que las cifras obtenidas sean más bajas en comparación con otros ejercicios en los que los datos se ofrecían de manera menos precisa y, por tanto, inflados. "No digo que haya pasado necesariamente, sino que es algo que ha podido ocurrir", matizaba.
A ello se le suma la cuestión de "saturación" de eventos similares a la Feria del Libro. "Hay una enorme proliferación de festivales literarios en la ciudad. A lo mejor eso también afecta al comportamiento de la feria, que antes era un evento único". Orúe se refería con esto a eventos de nuevo cuño como Libromad (inaugurada este año) o la Feria del Cómic de Madrid (que comenzó su andadura en 2025), además de ferias de barrio como la de Arganzuela o la de Carabanchel. "Igual lo que hay que plantearse es si una ciudad como Madrid llena de eventos a todas horas puede exigir a la feria del libro lo mismo que le exigía hace unos años".
El último motivo que proponía Orúe para explicar el descenso fue el techo que se alcanzó en 2024: "Fue un año muy bueno. Es normal que otros años no sean así en comparación, porque aquella edición fue excepcional".
Por el contrario, Orúe consideraba complicadas las soluciones respecto a las modificaciones de fecha y extensión que proponen algunas voces del sector librero y editorial. Respecto a la duración del evento aclaraba que es una estructura heredada y que "nunca se ha mencionado en la comisión organizadora la posibilidad de reducir el número de días que dura la feria. Nunca".
"Igual lo que hay que plantearse es si una ciudad como Madrid llena de eventos a todas horas puede exigir a la feria del libro lo mismo que le exigía hace unos años". Eva Orúe
Sí que se ha barajado, no obstante, adelantar la cita una o dos semanas en el mes de mayo, para así aprovechar las temperaturas más amables. El problema, en este caso, es el encaje de la feria en un calendario plagado de eventos y festividades: "Necesitamos tres semanas previas de montaje y diez días de desmontaje. Movernos a mitad de mayo supondría coincidir con otros eventos como San Isidro o la Feria del Libro Antiguo [su última edición se celebró del 30 de abril al 17 del mes siguiente]".
Trasladarlo a septiembre tampoco sería una opción, esta vez por los intereses del sector librero durante la 'vuelta al cole': "Son fechas en las que muchos libreros están hasta arriba con la venta de los libros de texto".
Para Orúe tampoco era viable cambiar el formato de casetas y firmas tradicional de la Feria del Libro de Madrid y apostar por un sistema que renueve la experiencia. "Es cierto que antes los lectores tenían menos formas de ponerse en contacto con sus escritores favoritos y ahora es mucho más habitual. Pero lo que nos dicen los datos es que la gente sigue acudiendo y hace cola para ver a su autor favorito, y las editoriales también siguen interesadas en traer a sus escritores. Además, todas las ferias de España, grandes y pequeñas, mantienen este sistema".
A fecha de publicación de este artículo, todavía no se conocen los motivos concretos detrás del cese de Orúe. Según declaraciones a El Cultural de Luis M. Tigeras, presidente de la Asociación de Librerías de Madrid, "no hay una razón concreta, solo la necesidad de dar un nuevo enfoque a la Feria y de afrontar un cambio de ciclo imprescindible". Con todo, descartan que el despido tenga algo que ver con los malos resultados de estos dos últimos años, pese a que la noticia se haya dado 19 días después de que se hicieran públicos los datos de facturación.
Tampoco se hace mención en el comunicado de la Asociación del escándalo ocurrido durante la Feria, en el que la dirección se vio obligada a cancelar en el último momento una de las charlas incluidas en su programa cultural por estar impulsada por el gobierno marroquí y defender las tesis oficiales de este país que justifican la ocupación del Sáhara Occidental.
Pese al despido de Orúe y los malos datos cosechados estos últimos años, la mayoría de los editores a los que ha consultado El Cultural —Miguel Aguilar, del grupo Penguin Random House, Joan Tarrida, de Galaxia Gutenberg, Christina Linares, de Renacimiento, y Enrique Redel, de Impedimenta— son optimistas respecto al estado de salud de la Feria del Libro de Madrid. Coinciden en considerar, por lo tanto, que lo ocurrido en las últimas dos ediciones se ha debido a factores puntuales contra los que la organización del evento tiene entre poco y ningún margen de acción.
En este sentido, Joan Tarrida opina que el descenso en la facturación se debe a "causas circunstanciales". En sus ventas se han mantenido estables en las últimas dos ediciones, pues este año bajaron un 5 %, pero el anterior subieron otro tanto. Sostiene, eso sí, que es en la programación donde hay margen de mejora. "Es algo que atrae a mucho público y podría hacerlo aún más si se ampliara la programación entre semana".
Por otro lado, como sello de fuera de Madrid (su sede se encuentra en Barcelona), sí que considera que los 17 días se hacen eternos para una empresa que "tiene que contratar a personal para la ocasión, además de pagar dietas, alojamiento...". Tarrida también vería bien que la cita se adelantara una o dos semanas aunque reconoce que "sería complicado, son fechas muy difíciles".
"La programación cultural es algo que se puede mejorar. Atrae a mucho público y podría hacerlo aún más si se ampliara la oferta entre semana". Joan Tarrida
En el caso de la editorial sevillana Renacimiento, han encadenado dos años poco halagüeños, con un descenso en ventas de entre el 5 y el 10 %. Christina Linares, su editora, señala que uno de los principales problemas de este año es que "se alarmó demasiado a la gente con el tema de las aglomeraciones por la visita del Papa y el resto de eventos de aquel fin de semana".
También es crítica con la forma en la que se ha estado abordando desde el Ayuntamiento las alertas meteorológicas: "Se dan unas situaciones bastante peculiares en las que nos obligan a cerrar. No podemos vender ni un solo libro y nos lo transmiten de forma poco clara y muy lenta".
La experiencia de la editorial Impedimenta es diametralmente opuesta. Este año su volumen de ventas ha aumentado un 10 % gracias, según su editor, Enrique Redel, al éxito de El jardinero y la muerte de Gueorgui Gospodínov y El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes de Tatiana Tibuleac. "Yo no creo que haya sido una cuestión de mala organización. Al revés, si hubiera habido otro director u otra directora, creo que habría ido mucho peor". El cese de Orúe se explica para él de forma más simple: "Ha ocurrido como en los equipos de fútbol. Cuando hay un par de años malos, se cambia al entrenador en busca de nuevos aires sin que sea su culpa necesariamente".
El problema para Redel es, de nuevo, las medidas de prevención meteorológicas: "Se han establecido protocolos medioambientales por parte del Ayuntamiento que entorpecen claramente hasta el punto de que muchas veces se pasan de preventivos". Para el editor de Impedimenta, hay una razón de estos "obstáculos excesivos": "A las autoridades del ayuntamiento no les gusta que estemos en el Retiro porque es una gran acumulación de gente".
"El problema de esta edición es que se alarmó demasiado a la gente con el tema de las aglomeraciones". Christina Linares
Redel sí que es partidario de adelantar la cita una semana. No así con reducir la duración: "Se ha convertido en un rito casi sociológico y festivo del madrileño... yo no lo haría más corto".
La opinión de Miguel Aguilar, hombre al frente de los sellos Debate, Taurus y Random House dentro del grupo Penguin Random House, coincide en gran medida con lo defendido por Orúe. "Para mí el modelo de la Feria del Libro de Madrid es un modelo de éxito. Es cierto que los aumentos postpandemia fueron brutales y quizá entra dentro de lo normal que se empiece a aplanar un poco la curva de ascenso".
El único pero lo sitúa en la comunicación: "El tema de los avisos de cuando se cierra y no se cierra por calor... ahí hay un punto en la comunicación entre ayuntamiento, Retiro y Feria que falla".
El sector librero es más crítico con la forma en la que se ha organizado la Feria los últimos años. Marisa Somoza, propietaria de la librería Reno, un establecimiento situado en el barrio de Malasaña que lleva abierto más de 60 años, señala varios problemas a los que una librería de barrio tiene que hacer frente durante la Feria: "Para empezar, las tarifas son difíciles de asumir para un negocio como el nuestro, aunque sea más barato que para las editoriales [según su tamaño y si está ubicado en esquina o no, una caseta para una librería cuesta entre 1.447 € y 2.037 €, mientras que para editoriales madrileñas el precio está entre los 2.252 € y 3.003 €, y para sellos de fuera de la Comunidad de Madrid, entre 3.056 € y 4.075 €], a lo que hay que sumar la gente que tengamos contratada, porque mientras tanto la librería tiene que estar abierta. El precio de las casetas es difícil de comprender, teniendo en cuenta que la Feria hoy en día tiene muchos espónsores, quizás incluso demasiados".
El caso de Reno es más dramático que el de las editoriales consultadas, pese a que su caseta estaba emplazada en una buena ubicación. "Antes del último fin de semana habíamos hecho un 40 % menos que el año anterior. Finalmente, se ha quedado en un 17 % menos".
"El precio de las casetas es difícil de comprender, teniendo en cuenta que la Feria hoy en día tiene muchos espónsores, quizás incluso demasiados". Marisa Somoza, propietaria de la librería Reno
Somoza sí que ve "necesario" un cambio de formato que rompa con una tradición de 90 años. "Yo soy partidaria de una Feria que sea exclusivamente para libreros. Las editoriales tienen su feria profesional, que el Liber. También reduciría días, porque a las librerías de barrio se nos hace muy difícil hacer frente a tantas jornadas de evento y a los gastos que ello supone. Una feria que durara un viernes y acabara el domingo de la semana siguiente sería lo ideal".
Como podía esperarse, el formato que propone Somoza tiene una fuerte resistencia entre las editoriales. Para Tarrida, la Feria del Libro de Madrid "es la única oportunidad" que tienen los sellos "para exponer todo el fondo" del que disponen.
Concuerda con esto Christina Linares, que confiesa estar asustada con los cambios que traiga la nueva dirección: "La Feria es el único momento del año en el que las editoriales podemos 'salir de nuestra madriguera' y mostrar todo nuestro catálogo. La riqueza de la Feria no es que cada caseta tenga 15 ejemplares de Comerás Flores y otros 15 de Uclés, sino que el lector tenga la oportunidad de acceder a obras que normalmente no están en los expositores de las librerías".
Hasta que la Asociación de Librerías de Madrid elija a su nuevo director, el hasta ahora secretario de la Feria Pablo Bonet ocupa de forma provisional el puesto que ha abandonado forzosamente Orúe. Todo indica que el perfil de la nueva dirección dará pistas sobre el rumbo que tomará los próximos años la gran fiesta del libro madrileña.
