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Mathias Enard (Niort, Francia, 1972) acepta que lo emparentemos con Borges por su obsesiva pulsión libresca: incontables referencias a obras de toda índole, sorprendentes conexiones entre ellas, reivindicación de autores desconocidos… Ahora bien, "Borges imagina una biblioteca infinita, pero funciona como un edificio cerrado donde el mundo real apenas entra. Yo veo en los libros más bien la posibilidad de un paseo dentro del mundo de hoy. Son ellos los que me llevan de paseo", aclara a El Cultural.

En el rito de recorrer a pie las calles de la ciudad está el origen de su nuevo libro, Norte. El ganador del Premio Goncourt en 2015 con Brújula, novela en la que cincelaba la influencia de la cultura oriental en Occidente, se desplazó a Berlín poco después con motivo del accidente cerebrovascular que sufrió una amiga, a la que nos presenta como E. El impacto de la enfermedad funciona como vector dramático de un texto digresivo que florece a medida que el autor camina por "una ciudad donde es imposible escapar de la ruina".

En los aledaños del edificio en que se hospedan hubo "un prototipo de campo de concentración en el que [los nazis] encerraban, explotaban y maltrataban a los miembros de los poderosos movimientos obreros del barrio". Esta es solo una de las alusiones históricas que, entremezcladas con múltiples lecturas, sostienen un relato nutrido de casos tan sobrecogedores como el de Käthe Kollwitz, que perdió a un hijo en la Gran Guerra y a un nieto en la II Guerra Mundial. Norte es el primer volumen de una serie llamada Melancolía de los confines, que se proyectará hacia los cuatro puntos cardinales del atlas.

Pregunta. ¿Cómo surge la idea de esta tetralogía? ¿Se produce antes el hecho trágico, la enfermedad de E., o ya había pensado en un proyecto de estas características?

Respuesta. Sucede primero la tragedia, en el 2015, y mi forma de escapar de aquello es escribir un texto. A partir de ahí, el proceso es bastante largo, de tres o cuatro años. A la hora de procesar este duelo, encuentro la idea de la melancolía y empiezo a explorar qué hay detrás de eso. Y compruebo que hay otros terrenos que decido juntar en este texto.

P. Aquí la melancolía no es nostalgia, sino que sirve para reflexionar sobre el paso del tiempo…

R. Según la propia etimología, el nostos es el regreso. La nostalgia es el dolor de no poder regresar. A tu patria, por ejemplo. O sea, hay un motivo muy claro por el que sentir nostalgia. Sin embargo, la melancolía es un cambio en la visión del tiempo. Como decía Freud, es un duelo imposible de hacer. Como alguien que está mirando atrás y ve que eso no tiene solución, que el tiempo siempre pasa y todo lo que hay nuestro alrededor se encamina a la destrucción. No es necesariamente un momento doloroso, como la nostalgia; la melancolía es aceptar que no hay remedio.

Cubierta del libro 'Norte. Melancolía de los confines'

P. La amistad es otro de los temas claves de este libro. Está, esencialmente, justificado en la enfermedad de su amiga E. ¿Los otros libros de esta serie se articulan en torno a grandes temas como este?

R. Siempre son más o menos los mismos temas, sí, pero en escenarios diferentes. Los vínculos, desde luego, son esenciales, aunque se den con gente con quien no tengo mucho en común. Pero se forjan gracias al tiempo transcurrido.

P. Desarrolla, además, el concepto de la ruina a partir de ideas como la de los arquitectos que imaginan la belleza de sus propios edificios destruidos. ¿Por qué le interesaba la ruina como veta literaria?

R. Porque tiene un vínculo muy importante con Berlín, una ciudad donde es imposible escapar de la ruina. De hecho, hasta hace muy poco —y todavía se puede ver en algunos sitios— quedaban huellas muy precisas de la destrucción de la ciudad. Por ejemplo, sitios donde no se había vuelto a construir y quedaban vacíos, o edificios nuevos en medio de una calle llena de edificios ruinosos donde se ve que allí cayó una bomba. Incluso barrios enteros que cambiaron totalmente después de 1945 porque no quedaba nada de ellos.

»Aparte de la teoría de la ruina arquitectónica, Berlín es una ciudad que estuvo durante muchísimo tiempo en ruinas; de hecho, se ha construido sobre las piedras porque había tanto edificio destruido que algo se tenía que hacer con ese montón de escombros. Por eso hay colinas enteras a las que llaman Trümmerberg. Son montañas de escombros, hechas con lo que quedaba de los edificios destruidos.

P. Los libros y las curiosas conexiones que surgen entre ellos son también muy relevantes en este primer volumen. Me ha recordado a esa motivación multirreferencial de Borges, ahora que se han cumplido cuarenta años de su muerte.

R. Sí, claro, lo he leído muchísimo, aunque hace tiempo que no vuelvo a un cuento suyo. Al igual que Borges y otros muchos escritores, me gusta el mundo de la biblioteca, porque es un escenario. Pero las bibliotecas, y las librerías también, son móviles para mí; yo me muevo con los libros. Por eso camino con muchos libros físicos, pero también en la mente.

"Trump está cavando su propia tumba. Incluso sus antiguos partidarios ahora lo rechazan"

P. A propósito, ¿cómo ha sido adentrarse en el terreno de lo autobiográfico? Desde El alcohol y la nostalgia, donde, por cierto, Mathias no era usted, no lo abordaba tan intensamente…

R. Eso es. En El alcohol y la nostalgia el protagonista se llama Mathias, pero no tiene nada que ver conmigo; es una trampa. Aquí el narrador no tiene nombre, pero sí soy yo. Todo lo que sucede es verdad, porque me pasó a mí. Sin embargo, no pretendo entrar en algo muy íntimo; el narrador sirve en realidad para crear un vínculo entre las cosas y contar la historia de otros más que la mía. Ese narrador que recorre Berlín cuenta lo que hay ahora, lo que fue, los libros que lee o los personajes históricos. Y eso sirve para relacionar las cosas entre sí, no es una exploración autobiográfica de los sentimientos propios.

P. En el libro coral La literatura es una cuestión política, editado por el momento solo en Francia, escribió que "la novela es inherentemente política desde el momento en que se sitúa en la Ciudad". Si hay una novela situada en la ciudad, sin duda es esta. ¿Qué cuestiones políticas diría que afloran aquí?

R. Sin duda, nuestra relación con el pasado y cómo se utiliza en un sentido u otro. También cómo vemos a los refugiados, por ejemplo; eso también es muy político. O la historia del Síndrome de la resignación en Suecia, desarrollada por los niños [estos sufren catalepsia "cuando se informa a sus padres de que su solicitud de asilo ha sido rechazada". Al parecer, "caen en un sueño profundo" y "dejan de comer, de beber, se orinan encima", según relata en el libro]. Es algo impresionante. Yo no lo conocía hasta que me lo contaron en Berlín hace tiempo.

"En Europa existe el miedo a Rusia y al inmigrante que viene del sur"

P. También escribió que "el gran cambio radical del siglo XX que fue la pérdida de la utopía comunista", que tanto influyó en la literatura a través de las ilusiones de los intelectuales franceses de izquierda y extrema izquierda. Lo que ahora parece estar en riesgo es la socialdemocracia, ¿no? ¿Realmente Europa podría estar abocada a la ultraderecha? ¿Estamos en un momento tan crítico o es una exageración?

R. No creo que estemos exagerando, el peligro existe. Pero es un peligro que, de momento, está dentro del marco democrático de nuestras naciones y se gestiona internamente. Es peligroso, sí, aunque en cada momento grave siempre hay luces de esperanza. Lo vemos en Estados Unidos, donde seguramente, si hoy hubiese elecciones, es muy probable que no volvieran a votar a Trump según los sondeos. Eso significa que el propio presidente de extrema derecha está cavando su propia tumba. Incluso muchos antiguos partidarios de Trump ahora lo rechazan. Eso no quita que puedan votar a alguien peor, pero no estamos ante un modelo ruso donde una dictadura se perpetúa.

»Creo que este peligro, aunque real, no existe de la misma forma en Europa por el momento. Incluso en Italia, que siempre ha sido un laboratorio político, Giorgia Meloni tiene una política de compromiso con la derecha tradicional, pero no ha sido para tanto.

P. Parecía más peligroso lo de Orbán

R. Exacto, y también fue derrotado. Además, por alguien de derechas, no por la oposición socialdemócrata. Fue alguien de su propio partido que se separó. Esto dice dos cosas interesantes: una, que el formato de la Unión Europea funciona y nos protege de aventuras dictatoriales; y dos, que estamos ante un auge de la derecha más tradicional. Hace veinte años parecía imposible que alguien que se opusiera al aborto o al matrimonio gay fuera elegido en un país europeo, pero ahora sí, y cada vez hay más.

"El formato de la Unión Europea funciona y nos protege de aventuras dictatoriales"

P. Con todo, se percibe cierta esperanza por su parte. No sé si respecto a Europa tiene el mismo sentimiento, porque la idea de comunidad no termina de calar en todos. Por ejemplo, actualmente hay discrepancias en la estrategia de defensa entre Alemania, Francia y Reino Unido.

R. Tienes razón, pero creo que son problemas superficiales. Por ejemplo, Francia y Alemania están de acuerdo en que algo hay que hacer. De hecho, el gran giro de la política europea es la decisión alemana de armarse, o sea, invertir una cantidad impresionante de dinero en un ejército, algo que no se hacía desde 1945. Creo que todos están de acuerdo en fortificar Europa frente a la amenaza rusa.

»La cuestión es que esta "fortaleza europea" también se manifiesta en el peligro de la inmigración. Existen esos dos miedos: el militar estratégico hacia Rusia y el miedo hacia el inmigrante que viene del sur. Esto es cada vez más terrible. En la visita del Papa, que destacó este tema, vimos que se trataba de algo muy candente.

P. ¿Qué le pareció, por cierto, su paso por España?

R. Pues es muy interesante ver cómo evolucionan las cosas. Hace 20 años no lo habrían invitado al Congreso. Esta vuelta del Papa a la política es bastante reciente, aunque Francisco estaba ya un poco en esa línea. Eso dice mucho de cómo la religión va perdiendo peso a nivel místico e intenta reconquistar terreno a nivel político.

P. De todos los conflictos internacionales actuales, ¿cuál es el que más le preocupa?

R. Obviamente, por mi relación con Oriente Medio, me preocupa lo que pasa en Líbano, Israel, Palestina e Irán. Y es que no está claro si este acuerdo funcionará o no, es muy probable que no [se refiere al pacto de Trump con Irán para reabrir el estrecho de Ormuz, que, supuestamente, pondría fin a la guerra]. Porque Netanyahu no parece dispuesto a dejar el sur del Líbano. Es terrible porque, queriendo acabar con la República Islámica de Irán, la han hecho más fuerte que nunca a nivel internacional. Ahora es Irán quien decide sobre la economía mundial y la circulación de barcos en el estrecho de Ormuz.

"La religión va perdiendo peso a nivel místico e intenta reconquistar terreno a nivel político"

P. Se lo ha puesto en bandeja…

R. ¡Claro! Es verdad que Trump se beneficia del precio alto del petróleo porque Estados Unidos es ahora el mayor exportador de energía del mundo. Su política internacional funciona hacia el interior, sin interesarse realmente por la comunidad internacional. Pero no veo qué han ganado en esta guerra, más allá de gastar dinero en bombas sin resultados, fortaleciendo a Irán y creando caos entre sus supuestos aliados del Golfo, como Arabia Saudí o Qatar. Por cierto, que estos han visto que su peso es mínimo porque Trump pasa olímpicamente de ellos. Hace alianzas extrañas con Netanyahu, quien tiene objetivos claros que no comparte con Trump.

P. Lo que sí ha ocurrido es que han seguido muriendo personas. En el libro insiste sobre la frase "Hay muertos por todas partes" y se pregunta "qué dejaremos nosotros atrás". ¿Ha podido responderla?

R. La verdad es que no. Pero podemos tomar el ejemplo del objeto libro, que atraviesa un momento difícil con los cambios en el mercado. Me pregunto si dentro de 50 años se seguirán publicando libros.

P. Se lleva vaticinando el asalto del libro electrónico desde hace décadas, pero los libros resisten, especialmente en España. Ves a más gente leyendo en papel que en ebook.

R. Eso es porque aún hay puntos de venta, pero puede pasar como con los periódicos, que ya casi no venden en papel porque no hay quioscos. El problema es la desaparición de las librerías, la masificación y la gentrificación de los barrios. La pregunta es: ¿qué pasará dentro de 50 años?

P. La siguiente parada de su tetralogía es la península ibérica. España y Portugal son los países nucleares del libro dedicado al Sur.

R. Claro, es otra frontera. En este libro está el Al-Ándalus medieval, los musulmanes de la península, y los cristianos. Además, aparecen héroes literarios como el Cid, que pertenece a ambos bandos, tanto al cristiano como al árabe. Eso es una gran parte del libro. Además, están mis recuerdos e historias de principios de los años 2000.

P. Creo que sigue manteniendo relación con España desde que entonces llegara a Barcelona. Tenía incluso un restaurante, ¿es así?

R. Claro, lo sigo manteniendo. Y tengo casa en Barcelona, donde vivo con mi mujer. Paso mucho tiempo aquí, sí. No tanto en Madrid, pero en Barcelona sí. También tengo otra casa en Francia, pero creo que paso más tiempo en Barcelona.