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Cuidadora es una rara avis dentro del mundo editorial y del universo literario. Su autora, María Marco (Vigo, 1979), procede del ámbito de las Bellas Artes y es doctora cum laude con una tesis acerca del retorno a la escritura y la textualidad en el arte contemporáneo.

Cuidadora

Portada de 'Cuidadora'

María Marco

Ed. Universidad de Valladolid, 2026

154 páginas. 12 €

Su propuesta constituye una práctica encarnada de sus investigaciones teóricas. Y es que la voz artística que emerge de Cuidadora se encuentra enraizada a su experiencia vital y el texto que resulta está uncido de cuerpo: dos mujeres agotadas, una madre dependiente y una hija que se vuelca en los cuidados maternos, ambas sin vida propia, una anciana con Parkinson y una adulta exhausta, dos cuerpos atravesados por los males contemporáneos de la era Covid: aislamiento, mascarillas, los geriátricos convertidos en campos de concentración, el virus globalizado, la ausencia de horizonte, los deseos cancelados y la carne temblorosa, enferma o desesperada.

Pero el texto, más allá de la parte autobiográfica, se concibe como una instalación artística donde el yo de la autora es el centro neuronal de una red de fragmentos que establecen sinapsis entre memoria y fuga, un cerebro proteico que inventa pasadizos textuales entre pasado y presente y elucubra distopías donde la neurogénesis es a un tiempo poética y aterradora.

Unos fragmentos que también hablan del cerebro de la madre, una materia gris que se ha cortocircuitado, que va lento y no entiende de las líneas temporales que rigen el mundo humano. Entre la afasia y la desmemoria materna, las palabras de la hija para llenar esas grietas y otorgarles coherencia en una época donde todo se desmoronó de golpe.

En su prosa fragmentaria caben la intimidad, la ficción especulativa, el ensayo, la narración, la fe en la fuerza poética de la terminología científica, la cultura clásica y la huida a futuros apocalípticos. La novela, un híbrido que apuesta por mostrar sin victimismo la verdad de las que cuidan, ganó el XXXVII Premio Xerais de Novela en 2020.

En la prosa fragmentaria de este libro caben la intimidad, la ficción especulativa, el ensayo...

En palabras de Marco: “Me imagino este libro en un expositor giratorio de libros de bolsillo, y tu mano indecisa haciéndolo bailar hasta encontrarnos. Entonces, cuando eso sucede –y esto ya ha sucedido, puesto que me lees–, nos cuidamos mutuamente y eso no es otra cosa salvo el amor”.

Así es esta suerte de cuaderno de notas a la vez lúcido y esquizoide: acumulación de miniaturas textuales, acumulación de afectos aún sin nombre de este siglo XXI que Marco busca nombrar, acumulación de planos de escritura desde el hongo de un cansancio amoroso y exigente.

Cuidar es una tarea ardua que no tiene recompensa; por eso el amor de Marco es frío, pulido, distante, de estilo forense, porque solo de ese modo es capaz de sostener el peso de los cuidados: “El truco está en que no te importe que duela”, afirma la narradora y equipara el sacrificio de todas las cuidadoras a la fuerza de la piedra de las cariátides griegas que sin rostro e invisibles sostienen los fundamentos de nuestra civilización. Pero a la vez que aguantan, caen desbarrancadas por un túnel hasta el Hades; no en vano, la semilla de este texto extraño y extrañado nace de esa idea o, como dice la autora: “La idea de escribir una catábasis, un descenso a los infiernos, para finalmente resurgir de ellos me ronda desde el primer capítulo y creo que resume toda la intención literaria de este libro”.

Un libro que yuxtapone y enlaza planos de escritura, de tiempos, de pensamiento: un modo de resolver un malestar personal y hacerlo comunicable, colectivo y político, un modo de recordarnos que somos codependientes, cuerpos necesitados, que “no podemos amar sin cuidar y no podemos cuidar sin amar”.