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Ni siquiera un año después de la aparición del Volumen I de sus Cuentos autobiográficos, publica Álvaro Pombo (Santander, 1939) el segundo. Ambos comparten un mismo impulso de escritura, compaginar elementos biográficos ciertos e ideaciones narrativas imaginadas.

Cuentos autobiográficos. Volumen II

Portada de 'Cuentos autobiográficos'.

Álvaro Pombo

Anagrama, 2026

288 páginas. 19,90 €

De ahí salen 33 relatos a los que Pombo denomina cuentos con una concepción libérrima de tal forma literaria, pues en buena medida no responden a lo que comúnmente se entiende por cuento. Más bien son miradas o recuerdos de un pasado “repleto de historias y de anécdotas” que rescata y vivifica; a tales reminiscencias las dota de sentido o les carga un plus de significación.

También hay en esta “segunda tanda” una vertiente autobiográfica, pero de mucha menor entidad que en la anterior. No se encuentran confesiones tan sorpresivas (la actitud comprensiva del franquismo o las simpatías militaristas) y todo se limita a estampas familiares santanderinas emplazadas en unas privilegiadas ubicaciones urbanas con vistas a Puerto Chico y el Sardinero.

Algo de testimonio social de clase y de época se transparenta en ellas (la abuela Carolina, presidenta de Acción Católica y látigo de las bañistas impúdicas). Se reducen, sin embargo, a rememoraciones costumbristas avivadas por una observación retrospectiva afilada, más cáustica que sentimental, también con ribetes humorísticos distanciadores. Lo que no impide ocasiones en que el relato alcanza densidad dramática.

La mayor parte de las piezas de este nuevo tomo constituyen auténticos cuentos, narraciones autónomas y con su propio sentido, al margen de que algunas veces, aunque otras no, planeen sobre ellos ecos biográficos en forma de vivencias aludidas y aquilatadas.

Aunque no alcance Pombo la altura de sus grandes obras, estos “cuentos” ofrecen una escritura singular

Da igual ese poso biográfico porque lo que importa es la materia especulativa sobre la que discurre Pombo, de apariencia dispersa y que al final resulta bastante unitaria. El núcleo principal de las reflexiones pombianas vertidas en forma narrativa gira en torno a la trascendencia y asuntos colindantes. La muerte, o para ser más preciso, el más allá de la vida, el descubrir lo que se esclarecerá que hay después de la muerte, ocupa un lugar muy relevante.

En conexión con esta inquietud, bastantes piezas se refieren a la inmortalidad, la fe cristiana y el catolicismo. En este bucle de cuestiones también entran la Iglesia y la vocación religiosa.

Ya ha hablado Pombo de ello en otras ocasiones y estos relatos le reafirman como un escritor a propósito inactual que los aborda desde una ejemplar independencia al margen de modas.

En sus páginas plantea el fluido misterioso de la vida desde una perspectiva reflexiva, intelectual y ensayística, que recurre a ideas de la filosofía o a la misma fraseología filosófica (el ser-en-sí y el ser-ahí que confronta en un cuento).

Estos asuntos etéreos no le hacen perder de vista otros cercanos a la vida corriente: las relaciones de pareja, el matrimonio, las hipotecas del amor, la maternidad, la felicidad o el dinero. Además, dedica amplia atención a la reflexión literaria.

El conjunto de estos flancos, en cuyo desarrollo mezcla realidad y ficción, jugueteo mental y comezones unamunianas, nos atrapa, dicho con brillante expresión suya, en el “telar de la araña gigantesca del alma”.

Aunque no alcance Pombo con estas narraciones la altura de sus grandes obras (La cuadratura del círculo o la reciente Santander, 1936), estos “cuentos” ofrecen una escritura singular que especula sobre la dimensión espiritual de la vida desde una óptica meditativa, discursiva y jocosa. Un Álvaro Pombo tan peculiar como siempre.