La h y la h de esta h, de Manuel Olveira (A Coruña, 1964), tiene algo de ese mar, en la cita de Beckett al inicio del libro, que debe beberse ineludiblemente, porque contiene lo que falta por decir, las palabras que no posee.
Portada de 'La h y La h de esta h'.
La h y La h de esta h
Manuel Olveira
Libros de la Resistencia, 2026. 572 páginas. 29 €
Es un flujo de lenguaje, un pensamiento que se pregunta, se contradice, retrocede y se extravía tras su objeto sin, no obstante, perder de vista ese objeto. Es una prosa, cuyos reglones cortan la línea, dejan espacios, y se constituyen en palabra poética.
La h, como sabemos, no es un fonema en el castellano, es una letra muda, es el silencio a pesar de que, en la escritura, ocupa un lugar, y de que, en su origen, no era silencio. Así, eso que falta por decir se arremolina en torno a una ausencia visible, precipitado de tal manera que parecería que lo dicho sigue sin decirse.
Pero no estamos, en este texto, ante el silencio triste de la naturaleza, sentido por Benjamin, sino más bien dentro de una forma de supervivencia, de resistencia, de demanda que no deja lugar al vacío, a pesar de tener siempre un hoyo bajo nuestra hamaca, a nuestros pies. Este mar de palabras parece una posesión segura, en cierto grado, un lugar de alguna forma impenetrable o intransitable desde fuera.
La voz poética de este cuaderno es propia, singular, de una enorme intuición. Recoge por el camino otros ecos (h ecos), otras palabras resonantes (Foucault, Pasolini, Garcia Valdés, Kafka…).
Se filtra por los vectores del tiempo hacia sus extremos, uno de ellos, la muerte desde donde aún se puede hablar, como el que retorna porque este silencio no es vacío, no es cero, sino potencia, posibilidad de todas las posibilidades. “Los muertos somos seres silbadores. Silbamos para llamar, para atraer, para advertir, como los pájaros. Los muertos somos pájaros”.
