A pesar de su juventud, Celia Carrasco Gil (Tudela, 2000) es autora de cuatro libros de poemas, a los que debemos sumar este quinto, Simas del aliento, sin duda el más ambicioso de los suyos; también el más elaborado. Dividido en cuatro secciones más un preludio y una coda, el libro es una indagación obsesiva en lo que Tomás Sánchez Santiago, en las palabras que hacen de pórtico, llama "las grietas del ser".
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Simas del aliento
Celia Carrasco Gil
Olifante, 2026
136 páginas. 19 €
La metáfora es pertinente, porque el campo semántico de los poemas remite una y otra vez al subsuelo, lo escondido bajo tierra, los materiales y formaciones y estratos –fallas, barrancos, cavernas, pozos, etc.– detallados por la geología. Ese descenso a lo subterráneo tiene, como es obvio, mucho de catábasis ("filamentos de plata / que engalanan la noche a lo profundo"), pero es también una experiencia profundamente corporal, llena de sensorialidad. La pregunta sobre el ser se convierte en un viaje a los cimientos que a su vez fusiona los campos semánticos de la piedra y la carne: "tu cuerpo como cripta, / recinto subterráneo, tumba / y concavidad de los impulsos".
Carrasco Gil insiste en una escritura de aliento esencialista, muy deudora del último Valente, de Ada Salas, de Hugo Mujica –a quienes cita–, pero no duda en barroquizarla, dilatando el discurso y poblándolo de imágenes y desovillando el hilo de la reflexión. Los poemas fluyen caudalosamente ("porque es manar el verbo de la mano […] los dedos ya confluyen, / convertidos / en manantial de gestos"), pero sin perder densidad ni consistencia.
Con todo, en la sección final, "Memoria del salitre", la escritura se vuelve más breve y ligera, sobre todo en la serie de diez poemas numerados que propone, de nuevo, "encontrar la raíz", pero ahora desplazando su búsqueda del espacio al tiempo: "Ser en la ceremonia de lo antiguo". Y esa ligereza, como sabemos, es precondición del vuelo.
