David Foenkinos (París, 1974), autor de La delicadeza (2009) —finalista en su día de algunos de los premios más prestigiosos de Francia y fenómeno editorial traducido a decenas de lenguas— se ha convertido, desde entonces, en uno de esos escritores que alcanzan el primer puesto de ventas con cada nueva novela.
Pero su historia comienza de una manera menos luminosa. De su infancia conserva el recuerdo de los viajes que, gracias al trabajo de sus padres en compañías aéreas, podía realizar gratuitamente. Hasta que una enfermedad cardíaca le obligó a ingresar durante meses en un hospital, a punto de morir.
De aquella experiencia nacen dos constantes: la literatura como refugio —último territorio posible en las largas horas de convalecencia— y una forma muy particular de mirar la muerte. Una presencia familiar, casi como un personaje que irrumpe en sus escritos, desde las primeras páginas.
Recordemos que en La delicadeza, François perdía la vida en un accidente al salir de casa; y en La vida feliz, Éric Kherson decidía fingir su propio funeral para empezar de cero.
Tras publicar en 2014 Charlotte, su obra más ambiciosa —dedicada a la artista alemana Charlotte Salomon durante la ocupación y galardonada con el Premio Renaudot y el Goncourt des Lycéens—, Foenkinos ha seguido explorando esos giros inesperados que nacen del roce con la muerte.
Ese comienzo abrupto vuelve a aparecer en Todos aman a Clara, publicada ahora en España por Alfaguara. En ella, Foenkinos narra en tercera persona el vuelco que sufre la vida ordenada del banquero Alexis Koskas cuando su hija Clara cae en coma tras un accidente de coche.
Al despertar, Clara ya no será la misma. No solo regresa a la vida, algo en ella parece haber atravesado una frontera invisible. Y con ese regreso, Foenkinos se adentra en un territorio más incierto: el de aquello que la razón no alcanza a explicar del todo.
Pregunta. En una de sus últimas publicaciones en Instagram menciona la escultura del cementerio no católico de Roma, El ángel del dolor como punto de partida de Todos aman a Clara. ¿Puede contarnos un poco más?
Respuesta. Es cierto. Esa escultura fue lo que me inspiró la novela. Cuando uno escribe, siempre está en busca de inspiración, de cosas que puedan despertar algo en su interior. Me encontraba en Roma con mi hija y me recomendaron visitar este cementerio. Es un lugar poco frecuentado —hay tanto que ver en Roma—.
Me quedé impresionado cuando vi esta escultura del ángel mirando hacia abajo y cuando conocí la historia que hay detrás de ella.
«Escribo mucho sobre arte, pero es la primera vez que he querido que una imagen aparezca directamente en el libro, que el lector entienda esa conexión entre la obra y mi narración. El amor y la tristeza. También la belleza que hay detrás de un hombre que, al morir su mujer, pide que se realice una escultura así… y que él mismo muera ocho meses después.
«Y, ya que me habla de Instagram, es el lugar donde muchos lectores comparten conmigo sus impresiones sobre el libro y sus visitas a este cementerio. Dicen que la guardiana de la puerta está de lo más intrigada, porque hay un libro de oro en el que la gente habla de “Clara” y pregunta quién es esta Clara.
P. ¿De dónde surgió la idea de Clara y por qué eligió un personaje que desarrolla un don después de un coma?
R. Me di cuenta de que hacía tiempo que quería hablar de la videncia, pero sobre todo de los signos de la vida, el misticismo, porque es algo muy personal. Cuando escribí Charlotte me di cuenta de cuánto me atraía Alemania. Me sentía bien en Berlín sin saber de dónde me venía esta atracción que después se tradujo en esta novela biográfica sobre la artista.
«Esta novela en realidad cuenta lo bien que podemos estar en un lugar, con alguien, sin apenas conocerlo, de esas intuiciones que nos atraviesan sin explicación racional. Hacía tiempo que quería escribir sobre todo esto, aunque no sabía que acabaría adentrándome en la historia de una joven que sufre un accidente a los dieciséis años y pasa meses entre la vida y la muerte, como me ocurrió a mí.
«A los dieciséis años sufrí un paro cardíaco. Pasé semanas entre la vida y la muerte varios meses en el hospital. Cuando desperté, regresé a la vida con un don: la escritura. De repente tenía una imaginación desbordante y mi mente no paraba de crear. En el libro pongo en evidencia esa relación, que para mí es tan importante y tan real, entre la escritura y la videncia, a través del personaje del escritor. Es, sin duda, uno de los libros más personales que he escrito.
P. ¿Es Clara entonces el personaje de la novela de quien se siente más cercano?
R. No especialmente, me siento cercano a todos mis personajes. Es cierto que mis heroínas —como en La delicadeza o en Charlotte— son muy especiales para mí. Pero soy tanto esa joven adolescente —Clara— que desarrolla dones de vidente, como el escritor depresivo —Ruprez— completamente bloqueado y que no puede escribir ni una línea desde hace cuarenta años.
P. A pesar de que usted escribe un libro al año desde hace más de veinte.
R. Efectivamente.
P. Los primeros capítulos de su novela tratan sobre las relaciones familiares actuales. El amor, el fracaso, las rupturas, la sexualidad. ¿Qué papel desempeña la familia de Clara en la trama temática del libro, más allá del accidente?
R. No tengo una teoría sobre lo que representa la familia. Lo que me interesa son las situaciones de vida desde un punto de vista novelesco. Me interesa imaginar ese drama: una pareja divorciada que no se ha visto durante años y que, de pronto, se reencuentra en el hospital junto a su hija en coma. ¿Cómo se actúa ante alguien con quien has compartido tantos años en una situación así? Cuando nos reencontramos con una persona a la que no hemos visto en mucho tiempo, reaparece cierta intimidad. En medio del dolor puede incluso renacer el amor. Esa mezcla de emociones era lo que quería explorar en el libro.
P. El título plantea una afirmación casi universal. ¿Qué significa que “todos aman a Clara”? ¿Amar por fascinación, por miedo, por admiración?
R. Lo que me interesaba era mostrar la ternura que todos sienten hacia esta joven que acaba de sufrir un accidente semejante. El título es enigmático y por eso lo elegí. Hay en él algo universal. Cuando uno lo lee, se pregunta: ¿por qué todo el mundo ama a Clara? Y hay que leer la novela para comprenderlo. Para mí, no se trata tanto de que la amen, sino del amor que le dan. Clara está rodeada de afecto. Y, de algún modo, la ayudan a sobrevivir.
P. En una entrevista, usted declaró que su propia experiencia cercana a la muerte le había "vuelto místico". ¿Podría desarrollar esta idea?
R. A partir de esa experiencia, lo que sentí se convirtió en el corazón de mi vida. Todas las personas que han estado en contacto con la muerte viven algo semejante. Yo me volví muy sensible. Sensible a la belleza, al arte, a la música.
«Desarrollé una imaginación que antes no tenía. Es muy extraño para mí, por ejemplo, estar delante del ordenador y que, de repente, todo llegue: flashes de conversaciones, de situaciones, de personajes. Luego mis libros funcionan, se publican en muchos países… y yo no sé exactamente de dónde viene todo eso.
«Hay algo misterioso en todo ello. De hecho, no tengo el menor ego; más bien me pregunto por qué he sido yo el elegido para transmitir estas historias. Soy muy sensible a las señales de la vida, a esa parte invisible que no siempre logramos descifrar. Me interesan la numerología, la astrología; me encanta jugar con los números.
P. De hecho, el narrador comenta que Clara ha nacido en 2008 y que mantiene con el número ocho una relación extraña.
R. Es cierto. Aunque no es el esoterismo lo que me interesa. Jamás he ido a ver a un vidente, aunque sí entrevisté a varios para escribir la novela. Lo que me interesaba eran las primeras manifestaciones del don de la videncia. Una de ellas me contó que, cuando tenía ocho años, murió su abuela y ella seguía conversando con ella. En esas cosas reconozco que soy creyente. Hay una frontera de lo invisible que me fascina.
P. ¿Cree que la literatura puede "despertar" a un lector de la misma manera que Clara despierta a algo invisible, intuitivo, pero que sin embargo habita entre nosotros?
R. No puedo negarlo. Recibo muchísimos mensajes de lectores que se reconocen en los personajes de mis novelas y de mis cuentos. Siempre me sorprenden esas conexiones, porque jamás escribo pensando en provocar ese efecto. Escribo muy cerca de mis personajes. Lo que sí me interesa es que la gente disfrute mientras lee mis libros.
P. ¿Ve alguna relación entre la escritura y la intuición, como si se tratara de dos formas de aprehender lo invisible?
R. Completamente. De hecho, creo que ese es el tema que recorre toda la novela como un hilo conductor: las fuerzas del espíritu, la videncia. La escritura consigue traducir lo invisible. Para mí, escribir es un vector. Crear un mundo, historias, personajes… la imaginación consiste en dar vida a mundos invisibles que no existen. Nunca he escrito un libro de la misma manera.
«Rara vez tengo la trama completa desde el principio. De hecho, la escritura no se delimita en términos de horarios. Cuando entro en un libro, se convierte en una obsesión. Duermo poco; en mi mente siempre estoy en actividad. No se trata de horas de trabajo, sino de una especie de trance que puede durar meses. Es el cuerpo el que decide lo que tengo que contar. Cuando no tengo un tema, me vuelvo loco. Escribo de forma bulímica… y si paso días sin crear, caigo en una especie de vértigo.
