En los últimos años hemos leído informaciones alarmantes sobre la salud del mar Menor, la laguna salada permanente más grande de Europa. Muerte masiva de peces, olores que hacen imposible el disfrute… Un paisaje deprimente cuyas causas resumen toda una época. No solo del urbanismo en España, sino de la relación general que mantiene el ser humano con los ecosistemas de los que forma parte.

Lodo

Begoña Méndez

Lengua de Trapo, 2023. 102 páginas. 14,85 €

Begoña Méndez (Palma, 1976), cuya familia paterna proviene de Murcia, recorre aquel paraje y, a través del mismo, indaga en la historia de despropósitos que llevaron a la situación actual. Pero no se queda ahí y el libro va más allá en sus poco más de cien páginas. Publica el libro Lengua de Trapo en su interesante colección Episodios Nacionales.

Antes de ser conocido por dicha degradación medioambiental, el mar Menor formó parte de la memoria de todo el país a través de los recuerdos de los viajes que se sorteaban en los programas de televisión hace unas décadas, o por las estancias del Imserso en temporada baja y a precios reducidos para los jubilados. Todo, en suma, parte del modelo que impugna Méndez. Porque no solo se habla aquí del declive del ecosistema, sino –y principalmente– del modelo de sociedad que lo permitió o lo incentivó, y de la relación que los seres humanos mantenemos con ese sistema-cuerpo que son los ecosistemas.

Es desde esa triple perspectiva –degeneración del ecosistema del mar Menor, sociedad en la que ocurre y su reflejo en los individuos que lo habitan– desde la que debe leerse este ensayo que es a la vez una denuncia social y un diario íntimo. El que la autora tenga familia murciana da al libro un aire de exploración personal muy bien desarrollado. Pero lejos de la nostalgia, porque Méndez insiste en hablar de su relación con su Mallorca natal y donde vive.

El mar Menor parece un resumen de todo lo que no debe hacerse. No solo desde un punto de vista urbanístico, sino también político, social e incluso antropológico. El maltrato al que se ha sometido a parajes naturales y a paisajes de toda laya quedó muy bien reflejado en el libro España fea, del periodista Andrés Rubio. Dicho libro tiene en este de Begoña Méndez un excelente contrapunto para hablar de los efectos de dichos despropósitos en estas “entidades vivas” o “sistemas-cuerpo” hoy tan degradados.

No solo se habla aquí del declive del ecosistema, sino -y principalmente- del modelo de sociedad que lo permitió o lo incentivó.

Hay también una enmienda al propio sistema que permite los excesos de consumo y explotación que han llevado a dichos viajes o a la transformación de los cultivos de secano en otros de regadío en las inmediaciones de un entorno crónicamente seco. Daños no solo estéticos, sino éticos, productos de una época en los que nuestra relación con el entorno fue no solo insostenible, sino inmoral, pues muchos de los responsables de la situación actual eran conscientes del daño que se hacía. Leyendo este libro es fácil sentir nostalgia y envidia por el llamamiento que el entonces presidente de Francia, Valery Giscard D’Estaing, hizo en 1976 para evitar la “feización” de Francia. En España, entonces, estábamos a otras cosas.

Uno de los activos de este más que recomendable libro es su capacidad para entrelazar temas. El lodo del mar Menor está relacionado con nuestros desarraigos, con las discriminaciones de hoy, con nuestros anhelos.

[Begoña Méndez estalla los estereotipos]

La dotación en las Cortes Generales al mar Menor de entidad jurídica propia quizá marquen un punto y aparte en la forma de relacionarnos con nuestros ecosistemas. El daño ya está hecho, no solo en Murcia, pero este libro nos enseña a tener esperanza. Ahora que organismos multilaterales analizan si podemos hablar formalmente de una nueva era geológica condicionada de forma esencial por el ser humano –el Antropoceno–, conviene leer este libro breve y profundo.