La escritora madrileña Almudena Grandes (1960-2021) nos ha dejado y con ella hemos perdido una escritora, una intelectual pública, que sabía expresar su sentir con una fuerza de convicción ideológica que nunca dejaba impasible a los lectores. Durante décadas ha expresado sus opiniones sobre temas de actualidad, personales, sociales y políticos, que ofreció en programas radiofónicos y a través de una rica producción periodística, de ensayos y de novelas. La forma directa de expresar sus opiniones originó en numerosas ocasiones controversias, especialmente con figuras de diferentes convicciones políticas. Varias de sus ficciones han sido llevadas a la pantalla, algunas de ellas constituyeron verdaderos éxitos cinematográficos.

Buena parte de los valores que conforman el trasfondo de sus libros emana de ese momento de la cultura española postfranquista que denominamos la Transición. Su primera novela, Las edades de Lulú (1989), abrió las puertas de la expresión del deseo humano, de la sexualidad en una España encarnada de entrada en una quinceañera enamorada, que según va creciendo y cambiando experimenta con el sexo. Se relacionó la novela con Lolita de Nabokov, y las similitudes temáticas resultan evidentes, pero el efecto de esta novela erótica en nuestro panorama cultural fue diferente: normalizar una temática que permanecía tabú en la literatura.

Fue coronada con un premio heterodoxo, La sonrisa vertical, y llevada a la pantalla por Bigas Luna (1990), lo que concedió a la autora una cierta fama de heterodoxa, atrevida, y lanzó su carrera periodística, en la que tocaría una escala de temas novedosos realmente impresionante. Vendió más de un millón de ejemplares en español y en traducción. Los besos en el pan (2015), donde fustiga la España consumista del tiempo de la publicación, cierra el círculo de temas contemporáneos que abrió Las edades... La apertura de la primera novela, la ilusión creada por la Transición democrática, desaparece en la sociedad española de la segunda década de nuestra centuria.

El mencionado exitoso lanzamiento de su carrera le permitió dedicarse a la creación literaria. La característica principal de la misma será el interés por el argumento, por el desarrollo de un tema atractivo, llevado por personajes reconocibles de nuestra sociedad. Su estilo es sencillo, de expresión bastante común, inteligible, aunque de largas frases que recuerdan mucho la prosa del siglo XIX, que tanto le interesó, sin perderse en experimentos artísticos. Su esfuerzo compositivo iba dirigido a la coherencia.

Recuerdo la última vez que la escuché, en la Casa-Museo de Pérez Galdós de Las Palmas de Gran Canaria, hace tres años. Vino a hablar del gran escritor, y lo hizo explicando con esa sencillez y hondura llena de pasión que echaba a todo tema que abordaba. La mayor parte de la charla la dedicó a comentar los Episodios nacionales y Fortunata y Jacinta. Hablo con calor de las novelas históricas, explicando la riqueza de estas piezas, y de la obra maestra de Galdós, de la que ha escrito en varios de sus ensayos, observando su liberalidad y el talento del escritor. Salpicó sus reflexiones galdosianas con varias referencias a Miguel de Cervantes.

Durante el debate que siguió a la charla hablo de la influencia de Galdós en su propia obra, especialmente la serie de seis novelas titulada, Episodios de una guerra interminable. Comentó asimismo la mezcla de ficción y de historia, y el hecho de que sus episodios, igual que la serie galdosiana fue una narración que contaba el nacimiento del pensamiento progresista español, narraban la vida en España de postguerra, entre 1939 y 1964, en momentos importantes de la resistencia antifranquista. Los personajes inventados y los históricos, como en Galdós, se mezclan.

La serie se inauguró con una de sus obras más conocidas, Inés y la alegría (2010), y alcanzó a publicar cinco títulos, el último La madre de Frankenstein (2020) conocido por el lector, ocurre en un manicomio de mujeres, que simbólicamente apunta a la situación social de nuestro país. Es quizás en la opinión de muchos la mejor de la serie. No hace mucho ella misma anunciaba en El Cultural la sexta y última entrega, Mariano en Bidasoa, la que desde el comienzo tenía planeada como el cierre de la serie.

Ya la echamos de menos en las barricadas socioculturales.

@GGullon