Amor crónicoChris Frantz Traducción de Íñigo García UretaLibros del Kultrum. Guadalajara, 2021.

536 páginas. 22,95 E

Las autobiografías pueden ser o un descarnado ejercicio personal, íntimo, emocional y sincero –como las celebradas memorias de Sabino Méndez en Corre, rocker (Anagrama) por poner un ejemplo– o un juego de espejos en el que siempre gana el protagonista y que, en la obstinada práctica del narcisismo, termina transformando su reflejo en el detallado retrato de una época. A mitad de camino se queda este Amor crónico de Chris Frantz (Fort Campbell, Kentucky, 1951), fundador y batería de los Talking Heads, que construye una suerte de Dos en la carretera literario pero sin los radicales movimientos temporales de Stanley Donen. Nada de lo que encontrarán en esta autobiografía disciplinadamente cronológica será épico, ni el autor parece querer buscarlo, pese a tener bastantes motivos para exhibir su leyenda. Hay serenidad y pocas ganas de ajustar cuentas, especialmente con el esquivo y “autista” David Byrne, con el que, pese a las pequeñas traiciones, no se ensaña en ningún momento.

Estas páginas supuran amor (crónico) a su mujer, Tina Weymouth, bajista del grupo, y a la música, disciplina que cultivaron juntos desde muy jóvenes a través de grupos como el mencionado Talking Heads (con el que alcanzaron su merecido puesto en el Hall of Fame of Rock ‘n’ Roll por álbumes como Fear of Music y Remain in Light o temas como Psycho Killer y Burning Down the House) y Tam Tam Club (sublime capricho de la pareja cargado de funky y otros ritmos de baile que diseminaron en piezas como Genius of Love) y otros proyectos relacionados con la producción musical. Así que estamos ante la historia de un grupo, sabiamente compartimentada en capítulos directos y sin aburridas transiciones, que empieza y acaba en el CBGB neoyorquino (tras pasar por geografías como California o las Bahamas).

Es en, esta sí, épica sala donde Frantz inició su formación sentimental a principios de los 70 impactado sin remedio por nombres como Patti Smith, Lou Reed o los Ramones para cerrar el círculo con una exitosa actuación de los Tam Tam Club en los ochenta. Al final, la dolorosa confirmación de que, como señala Tina, “sin aventuras no habrá historias”.

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