“Me siento tan aislado que puedo palpar la distancia entre mí y mi presencia”, escribía Fernando Pessoa (Lisboa, 1888-1935) por mano de su heterónimo Bernardo Soares en el titánico Libro del desasosiego, una obra que ha alicatado esa imagen de poeta tímido y ajeno al mundo, de prosador que poetiza, soñador que razona y místico descreído, que ha legado el lisboeta a la posteridad. Sin embargo, los sucesivos y en apariencia inagotables hallazgos del arca de papeles del poeta se empeñan en desmentir esta imagen y en reivindicar la personalidad proteica del más famoso creador de heterónimos de la literatura moderna.

“Una destacada faceta, bastante desconocida, es su continua y muy activa relación con la política. Existen muchos ensayos y, sobre todo, artículos de prensa, donde hasta el final de sus días se mojó en multitud de temas, y casi siempre a contracorriente”, explica el traductor Manuel Moya, que ha vertido al español para editoriales como Alianza, Visor y Páginas de Espuma buena parte de la ecléctica obra del escritor. En este caso hace lo propio con sus “ficciones sociales”, relatos de corte político, ácidos y afilados, donde Pessoa se explaya contra la monarquía lusa y la Iglesia y reflexiona acerca de la tiranía y la democracia, que reúne en el volumen La oligarquía de las bestias (El Paseo).

Junto a cuentos paradigmáticos como “El banquero anarquista”, “cuya peripecia, en fin, cabe en su título”, apunta el traductor, el libro agrupa otros siete, cuatro de ellos –“Reacción”, “En el manicomio de Cascaes”, “Diálogos sobre la tiranía” y “La oligarquía de las bestias”– inéditos en nuestro idioma, así como la remodelación de otros como “En la botica de Evaristo”, que, como sucede habitualmente con Pessoa, cuenta con varias versiones y múltiples reescrituras. Todos ellos, fechados entre 1909 y 1925, son para el antólogo “como catas políticas que plasman cómo va evolucionando su visión del poder y de la sociedad, la percepción de su país y su paulatino desencanto”.

Polemista estrella en prensa

Para comprender las raíces del pensamiento político de Pessoa, que Moya juzga “muy parecido a nuestro Unamuno, con quien llegó a intercambiar algunas cartas aunque no se entendieron bien”, debemos pensar en Pessoa como un destacado representante de la burguesía de Portugal, cuya familia materna y paterna contaba con personajes de relieve civil y militar. “Pertenece a una clase alta que siempre estuvo muy cerca de la política y el poder, lo que configuró buena parte de su ideario. Su abuelo era general y su padre cónsul”, explica el traductor. Debido a la carrera de este último, Pessoa vivió desde los cinco años en Durban, Sudáfrica, entonces colonia británica, donde entró en contacto con otro de sus pilares ideológicos, “ese liberalismo clásico que propugnaba la libertad a ultranza de pensamiento, culto, sexualidad y opción política… Es decir, un individualismo radical que será lo que más defenderá a lo largo de su vida”.

"Pessoa fue una especie de notario de toda la incertidumbre y el desasosiego político de su época", explica Moya

Con estos mimbres regresó el poeta a Lisboa en 1905 para estudiar Letras, encontrándose un país muy convulso y tensionado. “Muy pronto se verá interpelado por la vida política y se inmiscuye, según parece, en las huelgas universitarias aunque hay ahí un eslabón perdido que ningún biógrafo ha logrado enlazar”, reconoce Moya. Sin embargo en esos años en que se produce el regicidio de 1908 y se proclama la República de 1910 Pessoa se muestra muy activo escribiendo multitud de panfletos y artículos en periódicos y revistas como O Phosphoro, “en la que participan varios heterónimos como Pantaleão, del que se incluyen en el libro algunas de sus conocidas Visiones, inéditas en español, Torquato Mendes Fonseca da Cunha Rey o Joaquim Moura Costa, a quienes atribuía distintas facetas. Unos eran exaltados antimonárquicos y antirreligiosos, otro republicano, otro hace textos contra el presidente del gobierno”.

Por ejemplo, fue conflictiva su relación con la realeza y el republicanismo, pues como resume Moya, “es monárquico, ya que identifica ese régimen con las grandes glorias pasadas de Portugal, pero entiende que en su época la monarquía es inviable y está caduca, así que defiende la República. Por otra parte, lucha contra lo que llama ‘humanitarismos’, el anarquismo, el socialismo y todo el materialismo histórico marxista, que cercenan la libertad individual”. Esas dos posturas lo enfrentan a los movimientos en boga en los años 10 y 20, desde el comunismo, del que se hace eco tras la Revolución rusa, hasta los fascismos nacidos de los rescoldos de la Primera Guerra Mundial. “En este sentido es una especie de notario de toda esa incertidumbre y desasosiego político que se respira en Portugal y en toda Europa”.

A vueltas con la dictadura

Todas estas tensiones están presente es en relatos como “Diálogos sobre la tiranía”, que ejemplifica una de las contradicciones más grandes del poeta, su defensa de las dictaduras que asolaron el convulso Portugal de esas décadas, como la de su adorado Sidónio Pais, el Presidente-Rey, e incluso, en un principio, la de Salazar. “Influido por el saudosismo, un movimiento cultural y político de defensa de la lusitanía con muchos puntos en común con nuestro regeneracionismo, entendía que el país debía ser gobernado por una minoría aristocrática, no en sentido de clase, sino de excelencia. Y eso le lleva a aceptar la dictadura como un mal menor, pues cree que le podría dar cierta estabilidad emocional al país”.

"Se ha instalado esa visión del poeta tímido, del funcionario gris y pobre, una especie de Van Gogh a la portuguesa, pero eso está lejos de ser lo que fue", afrima el traductor

Sin embargo, el traductor apunta que esta veleidad que siempre se le ha achacado se debió a que “Pessoa vivía más en el sueño que en la realidad, era un utopista nato, y mientras la tiranía era un sueño posible era fantástica. Pero en el momento en que se hizo realidad y se corporizó con el Estado Novo de Salazar, le ve las orejas al lobo”, defiende Moya. En esos últimos años escribió muchos poemas satíricos y críticos contra la dictadura y todo el mundo quería publicarle pues, como defiende de nuevo, ya era muy conocido. “Se ha instalado esa visión del poeta tímido, del funcionario gris y pobre, una especie de Van Gogh a la portuguesa, pero eso está lejos de ser lo que fue. Tuvo bastante importancia como se extrae del hecho de que escribió mucho contra el régimen y no le metieron mano ni lo llevaron a la cárcel”.

Es en estos años próximos a su prematura muerte cuando Pessoa debe reconocer que la dictadura no resuelve ninguno de sus problemas filosóficos o idealistas y vive un profundo divorcio entre el ideal y la realidad. “Al final estaba bastante perdido y defraudado”, reconoce Moya. “Quizá por eso, quiso plasmar su ideología, ya madura, en esa nota redactada ocho meses antes de su muerte [reproducida más abajo], de la que aún hoy se ignora la intencionalidad”. Un último intento de resumir la compleja paradoja que resume el pensamiento de Pessoa, el de un anarquista conservador demasiado moderno en política, igual que en literatura.

Ideología política: Considera que el sistema monárquico sería el más propio para una nación orgánicamente imperial como Portugal. Considera, al mismo tiempo, a la monarquía como absolutamente inviable en Portugal. Por eso, si hubiera un plebiscito entre regímenes, votaría, con dolor, a la república. Conservador al estilo inglés, es decir, liberal dentro del conservadurismo, y absolutamente anti-reaccionario. // Posición religiosa: Cristiano gnóstico y, por tanto, completamente opuesto a todas las Iglesias organizadas, pero, sobre todo, a la Iglesia de Roma. Fiel, por motivos que más adelante están implícitos, a la Tradición Secreta del Cristianismo, que mantiene íntimas relaciones con la Tradición Secreta de Israel (la Santa Kabbalah) y con la esencia oculta de la masonería. // Posición patriótica: Partidario de un nacionalismo mítico, de donde debiera ser abolida toda infiltración católica-romana, creándose, de ser posible, un nuevo sebastianismo que la sustituya espiritualmente, si es que en el catolicismo portugués hubo alguna vez espiritualidad. Nacionalista que se guía por este lema: “Todo por la Humanidad; nada contra la Nación”. // Posición social: Anticomunista y anti-socialista. Lo demás

se deduce por lo dicho más arriba.

FERNANDO PESSOA