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Lo que se celebra hoy en el Movistar Arena, con las entradas agotadas desde hace meses, es el 25.º aniversario de un fenómeno que puso patas arriba la música española: El sentimiento garrapatero que nos traen las flores, el primer disco de Los Delinqüentes.

Con su festiva mezcla de rumba, flamenco, blues, reggae y rock, tres chavales de Jerez tomaron el testigo que décadas atrás había dejado el grupo Veneno. Un disco rebosante de desparpajo y poesía callejera en canciones que empezaron a sonar por todas partes y que se convertirían en himnos eternos. ¿Quién no ha oído alguna vez El aire de la calle, A la luz del Lorenzo o Nube de pegatina?

Al frente de aquel torbellino estaba el inolvidable Miguel Benítez, el Migue, el motor creativo del proyecto, un genio precoz que se marchó demasiado pronto, apenas tres años después de aquel fantástico debut. Su repentina muerte a los 21 años a causa de un paro cardíaco dejó un agujero enorme en sus dos compañeros, Marcos del Ojo, alias el Canijo de Jerez, y Diego Pozo, el Ratón. Ellos continuaron con el grupo casi una década más, hasta 2012, antes de emprender caminos separados (aunque mantuvieron la amistad y han coincidido en otros proyectos como el G-5 capitaneado por Kiko Veneno).

Esta reunión, casi 15 años después de disolver la banda, ha sido “un orgasmo para el alma”, asegura el Canijo. “Somos hermanos desde que empezamos en 1998, hemos vivido muchas aventuras, muchos momentos bonitos, muchas risas y también la tragedia por la pérdida de nuestro hermano Migue. Recordar todo eso nos tiene con las emociones a flor de piel”.

En el espectáculo que han preparado para celebrar el legado de Los Delinqüentes está muy presente Migue, en voz y en imagen, a través de grabaciones de archivo sincronizadas con la música en directo. “No hemos usado en absoluto inteligencia artificial, todo lo que se ve y se oye de Migue son grabaciones originales”, aclara Diego. También se proyectan imágenes de todo el grupo cuando eran jóvenes, mientras en las pantallas laterales se les ve a ellos en directo. Un diálogo constante entre el pasado y el presente.

Resumen del concierto de Los Delinqüentes en el Palau Sant Jordi de Barcelona, 10/04/2026

El responsable de esa labor de archivo y su encaje con la música en directo es el hermano de Migue, Manu Benítez. Periodista y productor musical, se encarga de preservar su legado y organiza el festival Vente Pa’ Jerez, que cada año rinde homenaje a su figura. “La banda recibe por los auriculares la voz de Migue y la claqueta y eso facilita sincronizarse con él”, explica. “Le hemos dado muchas vueltas para que su presencia fuera lo más natural posible, sin volvernos locos, porque hoy en día hay muchas posibilidades, como el holograma, pero nos parecía muy poco natural". Yo de pequeño veía a mi hermano ponerse el concierto de AC/DC en Donington Park en la tele y tocar él por encima con la guitarra. Pues esto es igual”.

En efecto, un holograma sería poco garrapatero, ese adjetivo que acuñó el propio Migue para definir su filosofía vital, ligada a lo auténtico, lo espontáneo, lo crudo, lo salvaje. Una actitud que consiste en aferrarse a la vida como una garrapata y sacarle todo el jugo. O, como dice el Canijo, ser "un cochino tirado en el barro, feliz, sin faltarle el respeto a nadie".

La respuesta del público a esta gira está siendo enorme, como era de esperar, pero el Canijo confiesa que ha superado sus expectativas. La gira arrancó el 10 de abril en el Palau Sant Jordi de Barcelona, que se convirtió en “un karaoke gigante”, asegura el cantante. “Hacía un montón de años que no veíamos colas así para vernos tocar”.

“Llevamos dos años trabajando para hacer el mejor concierto posible, y el domingo tras el concierto de Barcelona me pasé toda la tarde llorando al ver todos los mensajes de seguidores que nos daban las gracias porque había sido el mejor concierto de sus vidas”, confiesa Manu.

Diego el Ratón y el Canijo de Jerez en el concierto de Los Delinqüentes en Valencia, el 17 de abril. Foto: Luis Jaime Blanch

La gira ha pasado también por Valencia y, tras el sold out de esta noche en Madrid, llegará a Bilbao, Zaragoza, Murcia, Sevilla, Cádiz y Fuengirola, y se acaban de añadir nuevas fechas en el Festival Porta Ferrada (Sant Feliu de Guíxols), el Som Festival (Castellón), Brilla Torrevieja, Es Jardi (Palma de Mallorca) y Fuenlabrada.

Sobre el escenario se juntan nueve músicos, con el sevillano Albertucho como invitado especial en buena parte de la gira. “Buscábamos una figura que entendiera bien lo que es el sentimiento garrapatero y por eso lo llamamos a él. Es muy amigo nuestro, un roquero de pura cepa y uno de los mejores letristas de España, y además tiene una voz ronca y asalvajada como la tenía el Migue”, explica el Canijo.

Además en cada plaza se suben al escenario otros artistas amigos para hacer algunas colaboraciones. En Barcelona estuvo Muchachito; en Valencia, Sanguijuelas del Guadiana, y en Madrid estarán La Excepción, Bebe, Tomasito y, de nuevo, Muchachito.

Así empezó todo

Marcos y Miguel (o, mejor dicho, el Canijo y el Migue) eran amigos y compañeros en el instituto Caballero Bonald de Jerez de la Frontera, donde tocaron por primera vez en la semana cultural por el Día de Andalucía.

Como relata Manu, el mayor historiador del grupo, los dos chavales convencieron al profesor encargado del evento diciéndole que interpretarían una canción con letra de Lorca, “y al final lo que hicieron fue colar un concierto de Los Delinqüentes”. Les acompañó otro amigo, Juan José Calvo, en el cajón. “Esos fuimos los primeros Delinqüentes, los que íbamos a tocar a las pedanías”, recuerda el Canijo.

De su “desastroso” segundo concierto saldría la letra de una de sus canciones, Fumata del ladrillo: “Fuimos a tocar a un colegio de primaria a Cuartillo y aquello pitaba por todos lados y el público eran niños muy pequeñitos”.

“Ellos no sabían dónde iban, cómo era el colegio, cómo sería el montaje, pero se pegaron ensayando un mes en la escalera de mi casa en el campo. Se imaginaban que les iban a poner un equipo de sonido, pero cuando llegaron lo que había era un micro y dos sillas”, recuerda el hermano del Migue.

La incorporación de Diego

“Yo los conocí en un escalón”, recuerda el Ratón. “Estaba tocando con un grupo de blues en un bar de Jerez con mucha solera, Los Dos Deditos, y en un descanso entre los dos pases me dijeron que había dos chavales que me querían conocer. Y ahí estaban con su guitarra. Ellos tenían 15 años y yo 22. Migue me dijo que quería dar clase conmigo para aprender a tocar blues con la guitarra flamenca como Raimundo Amador. Me sorprendió mucho porque se pusieron los dos a cantar ‘Pata Palo’ y otras canciones de una época en la que aún no habían nacido. Enseguida conecté con ellos, me cayeron muy bien”.

Poco después Diego empezó a darle las clases y el segundo día ya se presentó el Canijo también. “¡Pero solo te pagaba uno!”, le recuerda el aludido riéndose. “¡Me pagaba el Migue nada más, y el Canijo venía por la cara!”, admite el Ratón. “Venía de oyente, ¡de oyente activo!”.

El Canijo, el Migue y el Ratón en los primeros tiempos de Los Delinqüentes.

Diego participó como guitarrista en la grabación de la primera maqueta de Los Delinqüentes, y amplió sus funciones en la segunda, convirtiéndose en arreglista y director musical. Su incorporación oficial como tercer miembro permanente del grupo llegó mientras grababan el disco. “Ya metidos en faena, me fui implicando tanto que me dijeron que debía formar parte del grupo, y dije: pues venga”, recuerda Diego. “¡Lo engañamos una vez más!”, vuelve a bromear el Canijo.

Un éxito rodado

“Nosotros confiábamos mucho en nuestras canciones, desde las primeras que empezamos a escribir el Migue y yo. Él era un tío muy echao p’alante, y siempre me decía: ‘Canijo, yo no sé tú, pero yo tengo claro que voy a triunfar, y si quieres te vienes conmigo’. Y yo le decía: ‘Yo contigo a hierro, Migue, vamos a pegar el pelotazo’”.

“Creíamos en nosotros al cien por cien, flipábamos con nosotros mismos, pero no nos imaginábamos que en tan poco tiempo la gente las cantara por toda España”, admite Diego.

Concierto de Los Delinqüentes en el Rincón del Arte Nuevo (Madrid, 18/10/2000)

“Para Migue y para mí nos vino todo muy rodado”, continúa el Canijo. Diego venía de tocar en otras bandas porque es un poquito mayor que nosotros, pero Los Delinqüentes fue el primer grupo que tuvimos nosotros dos. Cuando Diego nos dio clases, ya empezamos a afilar un poquito más las canciones, a estructurarlas mejor, conocimos al productor Josema García-Pelayo, grabamos una segunda maqueta, la movimos por Madrid y las multinacionales se pelearon por nosotros: Sony, Virgin, EMI… [al final ficharon por Virgin]. Fue todo de la noche a la mañana, fueron años muy divertidos”.

El legado del Migue

“Migue era un tío muy generoso, te lo daba todo. Tenía una manera de ser asalvajada, de campo, que sigue más presente que nunca en sus canciones. Seguirá siendo una leyenda”, afirma el Canijo.

“Una cosa que aprendí yo de Migue fue la constancia y la seguridad en que lo que estás haciendo tiene un valor aunque nadie lo vea en ese momento. Eso lo tenía él ya muy claro con 15 o 16 años”, afirma Diego.

Su hermano Manu destaca de él “su magnetismo y su inteligencia emocional”. “Era muy cariñoso y detallista. Era de los que estaban pendientes de los demás y te llamaba al momento para interesarse por algo que te había pasado y buscar una solución”.

“Echamos de menos su amistad, su cariño y lo buena persona que era”, continúa el Canijo. “Qué pena que se fuera tan joven, pero con el tiempo hemos curado esa herida, porque al principio nos costaba mucho incluso escuchar sus canciones. Cuando sonaban en un bar, nos poníamos tristes. Con los años hemos ido superando el duelo y en este concierto lo sentimos muy presente y celebramos con él los 25 años de este disco, que para nosotros es de los mejores que hemos hecho”.

“Migue ha traspasado generaciones, viene gente a los conciertos que cuando él falleció aún no habían nacido, mucha gente de veintipocos años. Eso dice mucho del potencial de las canciones: cuando traspasan generaciones es porque son buenas, no tiene más explicación”, añade Diego.

“Nosotros siempre decimos que somos populares, más que famosos”, afirma el cantante de Los Delinqüentes. “La diferencia es que los famosos son efímeros y lo popular es eterno, que tú te mueras y la gente siga cantando tus canciones”.