El músico, compositor, guitarrista y cantaor sevillano Rafael Amador (Sevilla, 1960), miembro de los emblemáticos grupos Pata Negra y Veneno, ha muerto en Sevilla a los 65 años, según ha informado su familia.
Amador falleció anoche en el Hospital Virgen del Rocío acompañado por su hermano Diego Amador, su hijo Rafael "y muchos seres queridos", según han explicado sus familiares a EFE, aunque no han precisado la causa de su muerte.
Nacido en Triana en el seno de una familia gitana y flamenca y criado en el barrio de las Tres Mil Viviendas, Rafael revolucionó el flamenco a finales de los setenta junto a su hermano Raimundo y Kiko Veneno.
Considerado un arte intocable por los puristas, ellos se atrevieron a fusionar el flamenco con el rock y el blues, siguiendo la estela de otras bandas como Smash y Triana, aunque ellos aportaron un sonido más bluesero y callejero.
Los tres fundaron el grupo Veneno en 1977, donde la guitarra flamenca y el cante iban acompañados de batería, bajo y guitarra eléctrica. El único disco del grupo pasó casi desapercibido en su momento, pero hoy es pieza de culto y símbolo de una generación que se atrevió a cuestionar las fronteras del género.
Además, los tres participaron en la grabación de La leyenda del tiempo de Camarón, un disco que terminó de dinamitar las fronteras del flamenco, criticado por los ortodoxos y hoy considerado una piedra angular de la música española.
Tras la disolución de Veneno en 1977, los hermanos Amador fundaron Pata Negra, donde Rafael fue el compositor principal. Desde los primeros discos, pero sobre todo con Guitarras callejeras (1985) y Blues de la frontera (1987), el grupo llevó al límite la fusión entre flamenco, rock y blues, hasta el punto de bautizar su sonido como "blueslería". También coquetearon con estilos como el funk y el reggae.
Canciones como "Camarón", "Lunático" o "Pasa la vida" se convirtieron en himnos de una España que salía de la Transición, y fijaron a Rafael como un compositor capaz de convertir la vida en la calle, la droga, el deseo y la derrota en un cancionero popular.
El éxito trajo consigo la cara oscura: los excesos, las adicciones y una convivencia que terminó resquebrajándose entre los hermanos. Antes de la separación, Pata Negra dejó para la memoria un último concierto en la sala Zeleste de Barcelona, en 1989, registrado en el disco El Directo y convertido con el tiempo en testamento de una época irrepetible.
Tras la marcha de Raimundo, Rafael continuó al frente de Pata Negra y firmó trabajos más personales como Inspiración y locura (1990) y Como una vara verde (1995), marcados por la introspección y por la huella de una vida atravesada por la adicción.
Hubo retiradas, intentos de rehabilitación y regresos a los escenarios, siempre con la sensación de que, para él, dejar la música era renunciar a la única patria posible.
"Dios canta hoy de alegría porque llega el maestro, el príncipe gitano, el pata negra. El que creó una fusión. Siempre estarás en mi corazón", ha afirmado su hijo en un mensaje compartido en la cuenta de Instagram oficial de Rafael Amador.
Su excompañero Kiko Veneno también ha tenido unas palabras de recuerdo para él: "Adiós Rafaelillo, nunca olvidaremos tu chispa y tu compás, tu alegría y tu simpatía. Tu música rompió fronteras, te llevo siempre en el corazón".
