Referentes de la disidencia cultural, Niño de Elche y Paul B. Preciado llevan años experimentando con las fronteras y creciendo entre las grietas y los márgenes de la identidad. Su forma de entender el arte tiene que ver más con la manera que ambos han encontrado de ser y estar en el mundo. “En mi caso –dice el filósofo y escritor– no veo que tenga mucha más opción”. Una postura que va desde resignificar el nombre –Preciado como Paul B. y Francisco Contreras Molina como Niño de Elche– a romper con cualquier etiqueta –de género, identitaria o de disciplina artística-.
Desde ese lugar disconforme y heterodoxo, los dos dan forma a una Conferencia escénica de lujo que tendrá lugar en Nave 10 de Matadero Madrid, los días 26, 27 y 28 de junio. Una intervención en la que cobrará particular protagonismo el nombre y la voz (como cante, filosofía e identidad).
“Estamos trabajando sobre todo ello porque los dos hemos tenido que renunciar y luchar de distintas maneras por el nombre”, avanza Preciado en una entrevista exclusiva para El Cultural. “En mi caso, como todas las personas trans o muchas de ellas, con todo lo que ha supuesto la lucha política por ser llamado o ser reconocido de otra manera. El nombre no deja de ser una pequeña palabra extraña, rarísima, que tiene una tremenda densidad política, de género, sexual, nacional, genealógica y familiar. Es todo ese poder y la posibilidad casi de libertad y de poesía extraordinaria que puede haber en el cambio”.
También Francisco Contreras Molina lleva tiempo basculando con la idea de acabar con su nombre artístico. “En mi caso, me acompaña y me atraviesa más que el nombre de pila –contaba a este medio el cantaor en marzo de este mismo año-. Entender que ya está en un proceso terminal me ha dado paz, pero no sé cuándo llegará su final. ¿Hacia qué o hacia dónde? No lo sé. Esto me obliga a transformar mi forma de estar y escuchar desde lo artístico. No es solamente un cambio de personaje, va más allá”.
Bajo esa premisa, y partiendo de dos lenguajes aparentemente muy distintos –el cante y la filosofía-, ambos han creado un espacio intermedio entre ambas realidades artísticas y personales, en las que la voz emana con fuerza. “En una sociedad muy óptico-céntrica como la nuestra, estamos siempre con el tema de la visibilidad. Y a mí lo que me interesa no es tanto eso, sino todos los procesos que ponen en cuestión la identidad como algo fijo o estable”, matiza Preciado.
“Además, siempre está esta historia de tener que buscar o encontrar tu voz cuando los dos somos personas que trabajamos con distintas voces. Yo he cambiado mi voz, es una de las cosas que más ha cambiado, pero sigue siendo la mía. Y para el Niño, pues igual”.
“Entonces el tema de esta conferencia gritada, declamada, cantada va a ser ese: las múltiples voces, los que no tienen voz, los que se cambian de nombre, quién tiene derecho a tener un nombre, qué voz es escuchada y cuál no, cuáles son los contextos en los que es posible escuchar”, explica el filósofo.
“El cante está lleno de ideas, de transmisión de significado, y la filosofía de cuerpo y emociones”
Pregunta. Y una vez planteados, ¿cómo dar forma a todos esos conceptos? ¿Cómo trascender del pensamiento, de los aspectos individuales y sociales, al arte?
Respuesta. No sé, yo creo que en general se sigue pensando la práctica artística como algo separado de lo político, de la vida o del cuerpo, como si de repente hubiera un lugar que es el arte donde habría que trasladar todo eso. Pero para nosotros es algo orgánico. Yo no veo mucha diferencia entre la práctica artística y nuestra propia realidad. Una de las cosas que más me interesa de la filosofía es ver que la vida de cada uno, en el fondo, no deja de ser una obra de arte. Tú también tienes un nombre y un cuerpo, a ti también te asignaron un género femenino o masculino, tú también tienes libertad para mirarlo de otra manera, tienes voz y puedes gritar o puedes oponerte. Al final la práctica artística es apropiarte de forma crítica y creativa de tu cuerpo, tu voz, tu palabra o tu nombre. Yo miro mi pasaporte y pienso: "Menudo poema raro que llevo en el bolsillo". Entonces, la idea es suscitar otra mirada en el público sobre su propia vida.
P. Comentaba que entre el cante y la música, por un lado, y la filosofía, han creado un espacio intermedio… ¿Le veremos cantar?
R. Vamos a utilizar un poco todos los recursos que tienen el cante y la filosofía, y lo que tienen en común. Como dice Niño de Elche, yo soy como un cantaor, porque me paso la vida hablando en público, dando conferencias. Yo también estoy todo el día cantando. Entonces, entre ambas cosas, vamos a declamar, rapear, gritar y recitar. A veces será hablado y otras cantado. Y ahí, pues obviamente, quizás yo hable más que él, y él grite más que yo, porque cada uno tiene sus recursos vocales. Pero también El Niño hablará y yo gritaré. No te diré más, porque quiero también que sea un poco una sorpresa, pero hemos transformado alguna copla española, la hemos tuneado y vamos a cantarla.
Niño de Elche y Paul B. Preciado. Foto: Nave 10
P. Se trata de experimentar…
R. Sí, sí, exacto. Y luego, pues sí, habrá algo de música y también, como las llamamos nosotros, nuestras prótesis -imágenes, proyectores, guitarras, autotune…- todo lo que acompaña a la voz y la transforma. Hay mucho cliché al pensar que la filosofía es una cosa muy racional o teórica y que el cante está desprovisto de pensamiento. Como si El Niño fuera la voz y yo el cerebro. Pero resulta que no es así. El cante está lleno de ideas, de transmisión de significado, y la filosofía, en todo caso la mía, está llena de cuerpo y emociones. Hacer esta conferencia juntos supone una crítica de esas divisiones tradicionales y una forma de decir que El Niño piensa y yo grito también. El flamenco es filosofía y la filosofía puede ser flamenca.
“La norma es un lugar de privilegio, pero también es un espacio de enorme sometimiento”
Esa transmutación de géneros, ese fluir de un lado a otro, se refleja en la obra de los dos artistas desde sus inicios. Niño de Elche siempre se ha definido como un exflamenco. En el caso concreto de Preciado como autor de varios títulos -Manifesto Contra-sexual, Testo Yonqui, Sexo, drogas y biopolítica, Pornotopía, Un Apartamento en Urano, Yo soy el monstruo que os habla o Dysphoria Mundi- o a través de su ensayo fílmico, Orlando, mi biografía política. De hecho, señala, “una de las cosas que me interesan no es solamente la desidentificación sexual, de género o nacional, sino también la disciplinaria, desbordar el ámbito de la filosofía tradicional. De repente, hacer una exposición o una película. Precisamente lo que me interesa es hacer cosas que no sé, porque eso suscita cuestionar una metodología, inventar un lenguaje nuevo”.
P. En ese sentido, Niño de Elche ha hablado mucho sobre la influencia que ha ejercido su pensamiento en su arte. ¿Cómo es de recíproco? ¿Cómo ha influido su arte en su filosofía?
R. Muchísimo, porque aunque yo tampoco hago alarde de ello, la verdad es que soy muy flamenquero y no sé de dónde me viene esto. A lo mejor de los viajes largos en coche con mi padre, que siempre tenía aquellas cintas con todos los flamencos de la época. La verdad es que la voz es el lugar en el que yo me encuentro más cómodo. Es una potencia política extraordinaria. Cuando un bebé nace lo primero que hace es gritar. Porque si no grita, no respira.
»Y he hablado mucho con Paco sobre ello, qué ocurre con la voz que a los dos nos fascina. Es algo que casi parece extranjero a uno mismo. Como que uno abre la boca y no sabe lo que ha salido. Te habita algo que te excede. Lo político es eso. Yo no sé qué es, pero es una cosa extraña. A mí siempre me ha fascinado El Niño de Elche. Imagínate lo que es tener la potencia vocal que tiene él, de ese cuerpo sale ese magma que realmente es como un huracán. Le he ido a escuchar mil veces. Evidentemente he seguido todos sus álbumes, todo su trabajo con Raül Refree, que me encanta lo que hace también. Soy un fan suyo y para mí lo que él hace con la voz es una metodología filosófica.
“Estamos atravesando un momento político realmente revolucionario y sería un error no darse cuenta”
P. Otra cosa en común que tiene con Niño de Elche es esa lucha por romper con las convenciones sociales y con las etiquetas. ¿Cuál diría que es el coste de ser ese verso libre? ¿Es liberador o más bien algo exigente?
R. En mi caso, yo no veo que tenga mucha opción. De otro modo yo no tendría expresión filosófica... O sea, no es que uno quiera ser disidente y lo sea. Durante toda mi vida, he tenido que confrontarme con la injuria, el bullying o el rechazo. Y llega un momento de decir que ese lugar que supuestamente no tiene palabra, que es abyecto o deleznable, es también un lugar de producción de subjetividad, un lugar digno, político y activo. No es una especie de afán de crítica. Es que el Estado-nación, el sistema de género, las taxonomías raciales, todo eso, constantemente, está produciendo lugares de vacío y de opresión, lugares de no visibilidad y de no palabra.
»Y en esos lugares de repente también hay vida y uno se da cuenta de que también existe. Ya sea fuera de la ortodoxia del flamenco o de la filosofía. Pero no porque uno quiera ser provocador, sino porque cada vez que hablas te dicen que lo que dices no está bien. A mí lo que me sorprende es lo contrario, la facilidad de otra gente para mantenerse dentro de la norma. No tanto el precio que nosotros pagamos por estar fuera, sino cuáles son los beneficios que los que están dentro de la norma obtienen. Y también qué es lo que pierden, porque en el fondo siempre se piensa que la norma es un lugar de privilegio, y es cierto, pero también es un lugar de enorme sometimiento, silencio o aceptación de convenciones. La posición que yo tengo, que para mí es la única posible, yo la veo como algo aristocrático, casi de príncipe. Este margen es una gloria.
P. Y desde esos márgenes, ¿le asusta la deriva del mundo actual?
R. Yo soy muy crítico de la mirada que se hace sobre lo contemporáneo, que es en general muy pesimista, casi apocalíptica, de que el fascismo ya está aquí. Seguro que estamos en una situación política que es tremendamente compleja, pero también estamos atravesando un momento realmente revolucionario y sería un error no darse cuenta de ello. Eso explica las dos cosas. Explica el hecho de que hay una contrarrevolución, un movimiento de resistencia de las hegemonías políticas, patriarcales y raciales muy fuerte, que ahora mismo, además, maneja los códigos del populismo, y esto es quizá lo que es relativamente nuevo.
»Pero entre finales de la Segunda Guerra Mundial y ahora se han ido produciendo una serie de críticas políticas enormes del colonialismo y del patriarcado, de un movimiento feminista, homosexual, trans, de los derechos por las personas migrantes… Y todos esos movimientos hay que verlos como una revolución política en marcha enorme. Entonces, claro, obviamente eso no puede suceder sin una resistencia de las hegemonías. Es decir, nadie va a perder sus privilegios tan tranquilamente. Pero yo quiero mirar eso no desde una especie de presente ciego, sino de manera mucho más amplia, y pensar que estamos en un proceso revolucionario con ciertos momentos de contrarrevolución.
