¿Qué libro tiene entre manos?
El cordero carnívoro, de Agustín Gómez Arcos. Descarnado y arrebatador. Y El sueño del jaguar, de Miguel Bonnefoy, muy revelador de los entresijos de Venezuela.
¿Cuál es el libro que más le ha ‘autoayudado’?
El breviario de podredumbre, de Cioran. Nada más lejos de esa autoayuda horrorosa que viene de la New Age, que cree que las cosas se nos conceden si piensas en positivo. El destino no nos pertenece.
Si no hubiera podido dedicarse a la música, ¿qué hubiera querido ser?
Me admiran los escritores, su capacidad para plasmar la existencia, pero creo que hubiera sido feliz como actriz, encarnando distintas vidas.
Un acontecimiento histórico que le habría gustado vivir in situ. ¿Por qué?
La época gótica inglesa. Me habría encantado ser de la pandilla de Byron y de Mary Shelley.
¿Qué han aportado los ‘jóvenes apóstoles’ a El acto? ¿Qué gana este en sus manos?
Le dan vigencia y urgencia al legado de Parálisis Permanente.
¿Hasta qué punto El acto nació adelantado a su tiempo?
Eduardo y yo éramos muy jóvenes y le dimos un sonido nuevo, aparte de tratar el sexo, las drogas y la muerte en una España muy inicial en la democracia.
¿Cómo describiría la vigencia de aquel punk oscuro en este mundo también oscuro?
Abrió veredas nuevas y reflejó desencantos. Conecta mucho con esta época pospandémica, de fragilidad social, guerras y con la gente joven muy confusa.
¿El mundo de hoy es peor que el de aquel ayer de la Movida?
Yo no he vivido una etapa tan triste y tan desesperante como la que tenemos hoy en el panorama mundial.
Cuando vuelve sobre aquellos días de efervescencia juvenil, junto a Eduardo Benavente, ¿qué sentimientos se le agolpan?
Una vez superada su muerte, guardo un recuerdo muy bonito y feliz. Luchábamos por nuestro sitio en el mundo y él era el compañero perfecto para ello.
Un disco que se ponga en bucle estos días.
¿Cuál es la serie que ha devorado más rápido? ¿Diría, por cierto, que es la mejor que ha visto? ¿O es otra?
He visto tres veces Breaking Bad. Me ha hecho pasar muy buenos momentos.
¿En qué película se quedaría a vivir y en cuál no aguantaría ni un minuto?
Memorias de África. Cada vez me gusta más ese continente. Este verano disfruté como una enana en Zambia, y ahora me vuelvo a ir.
¿Ha experimentado alguna vez síndrome de Stendhal?
Sí, sobre todo en días nublados y con neblina baja. Observo desde mi casa la mole granítica del Monasterio de El Escorial. Cuando desaparece tras la niebla, me conmueve.
¿Una obra sobrevalorada?
El guardián entre el centeno, de Salinger. No ha pasado el examen del tiempo. Más allá del personaje del propio Salinger, no tiene grandes valores literarios. Leída ahora mismo, parece anacrónica, lectura de adolescente.
¿Un placer cultural culpable?
A veces busco un poco de descontrol y desinhibición en las clases de zumba en el gimnasio.
¿Cuál es la última exposición a la que ha ido?
Ahora mismo hay dos impresionantes, la de Robert Capa en el Círculo y la de Marina Núñez en el Antropológico.
¿La inteligencia artificial matará la creación artística?
Quiero pensar que es una herramienta muy poderosa pero que en ningún caso va a sustituir a la creación humana; espero y deseo.
España es un país...
Con un 50 % de la población maravillosa, creadora, enérgica, trabajadora, y otro 50 % de idiotas.
