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"Se podría indicar al principio que se trata de una película inacabada, pero que se ha decidido mostrarla así", escribe Jonás Trueba en Las ilusiones (Periférica, 2013), una suerte de guion de la que sería su película "cero": Los ilusos, que tuvo un pequeño estreno hace ya 13 años en la Cineteca de Madrid, de la que Trueba sigue siendo habitual.

No fue su ópera prima, llegó antes Todas las canciones hablan de mí (2010), pero sí la obra fundacional de su productora junto a Javier Lafuente (Los ilusos films) y bien sirve para definir el particular universo del cineasta madrileño.

Este filme no trata solo sobre una cosa, sino que está lleno de ideas sobre posibles películas. Rupturas, amistades, frustraciones laborales y vitales, encarnados en bosquejos de personajes enamoradizos, borrachos, idiotas, genios e ilusos.

Protagonizados por unos jovencísimos Francesco Carril, Vito Sanz, Aura Garrido e Isabelle Stoffel, que llevan desde entonces acompañando a Trueba en sus idealistas aventuras (Volveréis,La virgen de agosto,Tenéis que venir a verla, La reconquista).

Ninguno está trabajando, deambulan por Madrid, la gran querida del pequeño de los Trueba, buscando la musa en los bares y en los cines, de la Filmoteca al Pequeño Cine Estudio. Una oda al desasosiego, a los tiempos vacíos y al absurdo, donde lo trágico (el suicidio, la ruptura, la precariedad) termina rozando lo cómico y la ligereza, a pesar de las habituales referencias intelectuales de las que siempre están dotadas sus películas.

Fotograma de 'Los ilusos 13+13'.

Los protagonistas de esta película matrioshka tienen mucho en común con esos ilusos de Rafael Azcona, gran colaborador de Trueba padre, que pretendían vivir sin trabajar. Trueba también es de los que opina que una película sobre hacer cine debería ir mucho de la vida y poco del cine.

Sin una estructura ni una narración clara, Los ilusos busca contar el síndrome post-rodaje, ese vacío con el que deben lidiar los cineastas, actores y técnicos entre proyecto y proyecto. La vuelta a la vida real filmada en blanco y negro, como una película de su admirada Nouvelle Vague o una neorrealista de Fellini.

Ahora vuelve al color con su reestreno bajo el título Los ilusos 13+13, una revisión que busca darle la oportunidad que nunca tuvo en salas comerciales y recuperar el material original coloreado para hacerlo dialogar con el blanco y negro, justo cuando se cumple más de una década de su nacimiento.

En esta nueva versión vemos a todo color a un Trueba treintañero, dirigiendo junto a Lafuente en un Madrid distinto al de ahora, en esos días de prueba y error propios de todo rodaje. Estas escenas inéditas se superponen al blanco y negro para dotar a la película de un tono diferente: más vivaz y menos solemne.

La película termina con los hijos de su compañero, que desenrollan cintas de celuloide como si fuesen un juguete, como si ese material ya no tuviera ningún valor. Esta condición de juego experimental que vertebra todo el filme ha terminado por definir el universo de Trueba, cada vez más valorado en Francia, donde se refieren a él como un "artesano discreto".

Tras su paso por el Festival de Cannes en 2024, donde logró el premio de la Quincena de Realizadores con Volveréis, Trueba acaba de ser homenajeado por el Centro Pompidou de París con una retrospectiva —un honor reservado para pocos cineastas españoles—, la edición de un libro sobre su carrera (El cine es vivir tres veces más) y el reestreno de otra de sus películas, La reconquista.