En el año 2017, de entre la ebullición del conocido como Nuevo Cine Gallego, A estación violenta, una ejemplar ópera prima, ponía sobre el mapa la figura de Anxos Fazáns (Pontevedra, 1992), una directora que, pese a no renunciar al espíritu heterodoxo de sus coetáneos, se desmarcaba del misticismo de Oliver Laxe, del formalismo de Lois Patiño y de la apuesta por la fisicidad de Jaione Camborda.
Poniendo el foco en las cicatrices interiores de sus personajes, a la manera de Jean Eustache y Philippe Garrel, Fazáns se movía entre la delicadeza y la visceralidad para llevar a la gran pantalla la novela homónima de Manuel Jabois, en la que el reencuentro de tres amigos dejaba entrever los sinsabores de la vida bohemia y un contexto de crisis social. A estación violenta citaba a los hermosos y malditos de Francis Scott Fitzgerald, pero terminaba evocando el último verso de la balada trágica The Needle and the Damage Done de Neil Young: “Cada yonqui es como una puesta de sol”.
Tras la incandescente promesa que supuso A estación violenta, Fazáns confronta ahora una reválida con su segundo largometraje, Las líneas discontinuas, que confirma el interés de la cineasta por unos relatos que se protegen de la acritud y la desesperación expresando una fe desmedida en el efecto balsámico de los vínculos afectivos.
Para la ocasión, Fazáns compone un sorprendente fresco emocional a partir del encuentro entre Bea (Mara Sánchez), una productora musical de 50 años que está en proceso de separación, y Denís (Adam Prieto), un chico trans de 28 años que lucha contra la falta de oportunidades.
Esta singular premisa –a caballo entre el retrato intergeneracional y la exploración de las fronteras del discurso amoroso– trae a la memoria algunas extrañas parejas de la gran pantalla: el excéntrico dúo de la joya de culto Harold y Maude (1971), las criaturas asociales de Así habla el amor (1971), o los seductores inconscientes de Algo salvaje (1986).
Cabe señalar que Fazáns se desmarca del pintoresquismo de Hal Ashby, del arrebatamiento de John Cassavetes y de la chispa pop de Jonathan Demme, pero al mismo tiempo comparte con todos ellos la capacidad de abrazar a personajes que, en manos menos empáticas, podrían haber caído en la caricatura.
Sería tentador interpretar la película como una fábula sobre la búsqueda de la identidad en el ojo de un huracán de desasosiego. Sin embargo, Fazáns se sitúa más cerca de lo prosaico que de lo alegórico, alumbrando una escritura pulcra, enraizada en lo real, fruto del trabajo a cuatro manos junto a Ian de la Rosa, quien ha explorado las cuestiones queer y trans en su cortometraje Víctor XX (2015), premiado en Cannes, y como guionista en la miniserie Veneno (2020).
Así, transmutando el extrañamiento en veracidad, confiando en sus personajes más que en la ortodoxia social y narrativa, Las líneas discontinuas convierte en puro rock melódico unas existencias que parecían condenadas al réquiem.
Las líneas discontinuas
Dirección: Anxos Fazáns. Guion: Anxos Fazáns, Ian de la Rosa. Intérpretes: Mara Sánchez, Adam Prieto, Alberto Rolán, Ana Fórneas. Año: 2025. estreno: 20 de febrero
