El cineasta Frederick Wiseman, una leyenda en el género documental, ha muerto a los 96 años. Así lo ha anunciado su familia en un comunicado emitido por la distribuidora de sus películas, Zipporah Films.
"Con gran tristeza, Zipporah Films, Inc. y la familia Wiseman anuncian el pacífico fallecimiento de Frederick Wiseman, cineasta, productor y director de teatro, el 16 de febrero de 2026", reza el comunicado. "Tenía 96 años y consideraba Cambridge, MA, Northport, ME y París, Francia, sus hogares".
"Será profundamente añorado por su familia, amigos, colegas y los innumerables cineastas y espectadores de todo el mundo cuyas vidas y perspectivas fueron moldeadas por su visión única", finaliza el comunicado.
Durante casi seis décadas, Frederick Wiseman creó un cuerpo de obra sin igual, un registro cinematográfico amplio de las instituciones sociales contemporáneas y la experiencia humana ordinaria, principalmente en Estados Unidos y Francia.
Sus documentales -desde Titicut Follies (1967) hasta su obra más reciente, El gran menú (2023)— han sido celebrados por su complejidad, poder narrativo y mirada humanista. Produjo y dirigió un total de 45 películas.
Nacido en Boston, Massachusetts, en 1930, Wiseman se graduó en Williams College y en la Facultad de Derecho de Yale.
Comenzó su carrera cinematográfica a mediados de los años 60 y rápidamente se consolidó como un artista ferozmente independiente dedicado a explorar las sutilezas de la vida institucional, desafiando al público a formar sus propias interpretaciones.
Frederick Wiseman, junto a colegas como D. A. Pennebaker y los hermanos Maysles, sentaron las bases del Direct Cinema en esos 60, una vez que las cámaras se liberaron del trípode: una práctica observacional que no ha dejado de ejercitar desde su debut con el clásico Titicut Follies, que abordaba la realidad de la vida de los reclusos de una prisión psiquiátrica de Massachusetts.
A lo largo de su carrera sus películas nos han sumergido hasta lo más hondo de la maquinaria social norteamericana. Wiseman ha filmado manicomios, institutos, comisarías, hospitales, juzgados, escuelas para discapacitados, centros de beneficencia... "Sólo me queda la Casa Blanca", sostenía el director.
"Podríamos decir que todo mi trabajo es una película de ochenta horas -explica a El Cultural en una entrevista en 2011 por el estreno de La danza-, pues yo concibo mi obra como un solo bloque".
Y así era. En forma, todas sus películas eran similares: rodadas sin guión, no había voz en off, ni música, ni entrevistas, ni reconstrucciones, ni rótulos explicativos. Wiseman confiaba únicamente en la filmación inmediata y espontánea de la realidad y en la estructura del montaje para interpretarla.
"Me gusta equiparar mi trabajo al de un escritor", comentaba a El Cultural. "Lo que hago en la sala de montaje no se diferencia mucho de lo que hace un novelista. Yo también ‘escribo' la realidad. Trabajo con tanto rigor el ritmo de cada secuencia como las rimas externas que se producen entre ellas. Como las frases y los párrafos, cada secuencia es una isla y yo formo archipiélagos".
Para Wiseman, la cámara no podía cambiar la manera en la que la gente se comporta. "Sean bailarines, policías, jueces, profesores, médicos... La mayor parte de la gente siempre sigue haciendo aquello que ellos creen que es correcto. Pueden decir ‘no' o pueden incluso marcharse, pero no tienen la capacidad de convertirse en alguien diferente".
El gran menú fue el último trabajo del legendario Wiseman. Aquí retrataba con su habitual tacto, transparencia e inteligencia a la familia Troisgros, una dinastía de chefs asentados desde 1930 en la localidad francesa de Roanne, a 100 kilómetros de Lyon.
Entre sus grandes obras estaban las dedicadas a prestigiosas instituciones como el Ballet de la Ópera de París (La danza, 2009), la National Gallery de Londres (National Gallery, 2014) o la biblioteca pública de Nueva York (Ex Libris, 2017). Weisman fue galardonado con el Oscar de Honor en 2017.
