Asombrarse es un invento tardío de la lengua española que, etimológicamente, implica un movimiento “hacia la” (ad) sombra. El asombro es también la condición primera de la filosofía, el chispazo de sorpresa que no se espera, el paso previo a cualquier tipo de respuesta. Y aunque el registro genérico de Femme como “neonoir de venganza” pronostique una historia sin muchos derroteros, es en el asombro donde la ópera prima de Sam H. Freeman y Ng Choon Ping se descubra como una de las películas imprescindibles del último cine queer.

Tras décadas de representación LGTBIQA+ comodificada, blanda, cuando parece que ya tenemos el patrón para que nadie se queje demasiado (lean a Ruby B. Ritch, hace años que lo diagnostica), Femme se gira y nos interpela. Nos interrogará, decíamos, a través del asombro de sus dos protagonistas, imán de polos opuestos a los que une el gesto pasmado de quien es sacado de sus casillas.

Uno, Jules (Nathan Stewart-Jarrett), reina sobre la pista como flamante drag. El otro, Preston (George MacKay), es un camello skinhead que una noche protege su masculinidad intachable agrediendo brutalmente a Jules, a quien no conoce de nada. Meses después, un Jules traumatizado decidirá entablar una relación con Preston, inadvertido al encontrarlo de nuevo en una sauna gay y no reconocerle, para grabarlo y desenmascararlo en PornHub.

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Pero la película de Freeman y Choon Ping no apuesta por ilustrar con dos personajes-títere lo inútil de la venganza de alguien como Jules, que podría sanar en los brazos de la comunidad queer (eso está clarísimo). Todo lo contrario: sostiene el carácter absurdo y cruel de la misión para descarrilar nuestras expectativas, transformando en un conflicto intimísimo sobre la culpa y el derecho a la vulnerabilidad lo que en cualquier otra cinta sería una simple escalada de violencia. Si comparamos una misma parábola narrativa, Femme se complica e incita al debate, donde Tár se resuelve en un espiral magnificado pero previsible.

Ese es el poder desestabilizador de la izquierda, que sí, también puede vestir los ropajes suntuosos del thriller erótico para “keep it interesting”, como murmura Jules en un momento definitivamente subido de tono. La fotografía de James Rhodes, formado en el mundo del videoclip y responsable del cortometraje homónimo del que parte la película, imprime cada mancha de color –y entre el armario queer y las hoodies raveras, abundan– sobre la partitura frenética e intuitiva del chemsex, o de los golpes aplastantes de bafle bajo el eme.

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Hay encuentros que sólo se comprenden obedeciendo a una planificación que pega los rostros de sus protagonistas y que por momentos los sustrae de todo –la llamarán “ley del deseo cinematográfico”–, para devolverles a los cuadros vacíos de sus respectivos mundos justo cuando menos preparados estén. En la capacidad transformadora de este aturdimiento momentáneo (el asombro) confía una película que nos deja con los cables cruzados, las pilas cargadas y el corazón “partío”.

Femme

Dirección y guion: Sam H. Freeman y Ng Choon Ping

Interpretes: Nathan Stewart-Jarrett, George Mackay, John McCrea, Aaron Heffernan, Antonia Clarke...

Año: 2023

Estreno: 22 de diciembre