El 10 de junio de 2021 se abrió la caja nº 1034 de la cámara acorazada del Instituto Cervantes, donde Luis García Berlanga había depositado en 2008 parte de su legado para que fuera desvelado en su centenario. En el interior del cofre descansaba ¡Viva Rusia!, guion firmado al alimón por el propio Berlanga, su hijo Jorge, Rafael Azcona y Manuel Hidalgo, cuarta parte de la saga de los Leguineche que no se llegó a rodar.

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¡Viva Rusia!

Rafael Azcona, Manuel Hidalgo, Jorge Berlanga y Luis García Berlanga. Pepitas de Calabaza, 2022. 160 páginas. 17 €

De los pormenores del desarrollo del guion y de las circunstancias que frustraron el proyecto da buena cuenta Manuel Hidalgo en el prólogo de la edición que acaba de publicar Pepitas de Calabaza. La sucesora de La escopeta nacional (1978), Patrimonio nacional (1981) y Nacional III (1982) partió de la iniciativa del productor Andrés Vicente Gómez, que le encargó en torno a 1990 la escritura a Berlanga y Azcona. Ambos concibieron el filme a mayor gloria de Luis Escobar, que daba vida al Marqués de Leguineche, pero la muerte del actor dio al traste con una primera versión. Este contratiempo provocó también la ruptura definitiva de una de las sociedades más fértiles del cine español, muy castigada tras varias décadas de colaboración, ya que Azcona, por las razones que fuera, no se avino a introducir modificaciones y ya no volvió a trabajar con Berlanga.

Fueron el director y su hijo Jorge quienes adaptaron la trama tras el deceso de Escobar, mientras que Hidalgo fue contratado para reformar “en profundidad” un guion que pasó de 163 páginas a 104 en su versión definitiva. A él le corresponde también el título de ¡Viva Rusia! Alejado de la preproducción, Hidalgo nunca supo con exactitud qué fue lo que llevó el proyecto a negro pero alude a las dificultades para cuadrar la agenda de los actores, a “alguna pretensión pecuniaria excesiva” y a que el ICAA denegó por dos veces las subvenciones para la película.

La publicación del guion, con un epílogo de Santiago Aguilar y Felipe Cabrerizo, es todo un acontecimiento que abrocha el centenario de Berlanga. En este último episodio, Luis José (José Luis López Vázquez), end of the saga, regresa a Madrid para asistir al entierro de su padre. El declive de la familia es palmario, ya que el Marqués residía en la casa de los guardeses de lo que fuera su antigua finca Los Tejadillos, ahora Can Canivell desde que la adquirió el empresario Jaume Canivell (José Sazatornil, que retoma aquí el protagonismo). Allí se encuentra Luis José con unos presuntos familiares que, se supone, descienden de los Romanov y, entre unos y otros, elaboran un plan para aspirar al trono de Rusia en los años de la perestroika.

No faltan Segundo (Luis Ciges), Viti (Chus Lampreave) o el padre Calvo (Agustín González) en otro filme tumultuoso y coral que hace escarnio del gobierno socialista, del pelotazo urbanístico o del bien intencionado mundo de las oenegés, con ese humor descacharrante del que estos “Nuevos Episodios Nacionales” siempre hicieron gala.