Tras ganar el Oso de Oro en Berlín con En cuerpo y alma (2017), la directora húngara Ildikó Enyedi regresa a las pantallas con La historia de mi mujer. Se trata de un filme de un exacerbado clasicismo en el que seguimos de manera rigurosa el punto de vista de un apuesto y serio capitán de barco de principios del siglo XX. Sin embargo, el centro del relato es Lizzy, su joven y sensual mujer, un enigma irresoluble que conduce lentamente al protagonista hacia la degradación laboral y psicológica. No hay mucha más trama en una película que dura dos horas y cuarenta minutos y que podría resultar inaguantablemente tediosa si no fuera porque en sus imágenes transpira siempre el misterio de los más profundos abismos del ser humano, incidiendo la directora en el poder destructivo del deseo y de los celos. 

En la línea de europudding ochentero, la producción no solo cuenta con una cineasta de prestigio como Enyedi sino que parte de una reconocida obra literaria del también húngaro Mílan Füst, cuenta con actores de varias nacionalidades (los franceses Léa Seydoux y Loius Garrel, el holandes Gijs Naber o el italiano Sergio Rubini) y con una cuidada ambientación y diseño de producción que permiten mantenerse conectado al filme en todo momento. De hecho, la película es en buena medida un delicado ejercicio de reconstrucción del pasado desde un punto de vista meramente romántico, ya que en ningún momento se hace referencia a los acontecimientos principales de una época convulsa y violenta desde un punto de vista político y social.

Dividida en siete capítulos, que representan las distintas fases de la degradación de esa relación que arranca cuando el capitán le asegura a un amigo que se casará con la primera mujer que entre en la cafetería en la que se encuentran, el filme es a veces narrativamente circular y apenas ofrece ningún avance importante en su parte central ambientada en Hamburgo -donde no le hubiera ido mal a Enyedi meter la tijera-. Sin embargo, hacia el final la película alcanza cierta intensidad cuando atisbamos la posibilidad de acercarnos a resolver el misterio detrás de una mujer tan enigmática como Lizzy.

En cualquier caso, el filme nunca abandona una interesante zona de sombras en la descripción psicológica de los personajes, pero siendo un filme pretendidamente romántico tampoco alcanza nunca a despertar las debidas emociones en el espectador.

@JavierYusteTosi