Cuenta Aritz Moreno (San Sebastián, 1980) que casi todo el mundo pensaba que la novela de Antonio Orejudo Ventajas de viajar en tren, que adapta en su primer largometraje, era tan fantástica como intraducible al cine. Por supuesto, él sí lo veía claro y ha logrado levantar un filme atípico en nuestra cinematografía en el que el propio arte de narrar se convierte en el principal protagonista. No es fácil explicar la trama de una historia estructurada en modo de flashbacks que ilustran lo que cuentan narradores de dudosa credibilidad como un psiquiatra de comportamiento extraño con el aspecto de Ernesto Alterio o un militar expulsado del ejército español con la cara de Luis Tosar. Quim Gutiérrez como sádico amante de los perros o Pilar Castro como su sufrida esposa son otros de los vértices de una película coral sobre la “bondad de los desconocidos”, las conspiranoias sobre la vigilancia mundial y las propias posibilidades del lenguaje para describir la realidad y, sobre todo, transformarla y hacer que parezca una cosa distinta. 

Pregunta. ¿Era un reto muy grande adaptar una novela tan compleja como Ventajas de viajar en tren?

Respuesta. Todo el mundo pensaba que era imposible, me lo decía la gente del mundillo y también los conocidos. Una amiga mía la definió como “inadaptable”. Yo cuando la leí en cambio lo vi muy claro, ya sabía que no podría ser una película normal, que sería muy "especialita", pero lo veía claro. Es peculiar, pero es muy fiel a la novela. Lo que me atrajo fue precisamente eso, que es muy loca, no la puedes clasificar fácilmente y tiene un humor que a mí me atrae muchísimo.

P. ¿Es la película una ficción sobre una ficción?

R. El centro de la historia es una celebración de la ficción en si misma, eso lo tenía súper claro desde el principio. Es una película autoconsciente de lo que es y luego es cosa tuya si te dejas atrapar. Cuando un desconocido te cuenta una historia en el tren te la puedes creer o no, pero con la ficción siempre se da esa necesidad de creer y eso genera un conflicto muy interesante. Todos sabemos que nos pueden mentir pero si no decidiéramos creer de vez en cuando no nos pasaría nada interesante.

P. ¿Necesitamos la ficción porque nos cansamos de ser uno mismo, como decía Cortázar?

R. A mí me pasa constantemente. Mi mejor momento del día es antes de irme a dormir, cuando leo una hora y me concentro en problemas que no son los míos.

P. ¿Por qué esa obsesión con la basura?

R. Me hizo gracia la idea de una conspiración tan rudimentaria y tan de andar por casa. Y no ando tan desencaminado, en el País Vasco se ha propuesto un chip para identificar los residuos. Esta idea de que la basura se vincule a tu identidad y, con la excusa del reciclaje, te espíen a través de ella es una paranoia surrealista que a nivel visual te ofrece cosas muy interesantes. Una montaña de basura es muy graciosa.

P. ¿Qué papel juega la locura en la historia?

R. Es una locura muy ficcionada, no es una película sobre la locura de verdad. La locura nos sirve para crear universos muy ricos y muy marcianos, pero no es una película que se tome en serio a sí misma aunque tratemos asuntos bastante jodidos. De alguna manera, todos estamos locos aunque luego, claro, hay escalas pero vivimos en una sociedad marciana con cosas que no tienen ningún tipo de sentido.

P. ¿Con la terrible historia del orfanato en Kosovo quería hablar sobre esta época en la que creemos las peores maldades de las elites?

R. Puede parecer exagerado pero yo creo que no nos enteramos ni de la mitad de lo que pasa. Seguramente nos hemos quedado cortos.

Quim Gutiérrez

P. ¿Le daba miedo que la película fuera demasiado rara?

R. Una cosa curiosa es que mucha gente me dice que le ha encantado pero que no cree que pueda tener una gran taquilla, todos nos creemos más listos que los demás. ¿Si te ha gustado por qué no le puede gustar a más gente? No existen películas “para todo el mundo”, es verdad que es exigente pero no creo que yo deba decir para quién es. Lo peculiar en este caso es que no tiene una línea temporal tradicional pero tampoco es una antología. La película tiene unidad de alguna manera que ya estaba en el libro y lo he intentado respetar.

P. ¿Todos dependemos de la bondad de los extraños, como decía Blanche Dubois en la obra de Tenesse Williams Un tranvía llamado deseo?

R. Mañana me voy a Japón y estoy contento de poder ir a un sitio en el que no me conoce nadie y donde te sientes más libre. El desconocido siempre te ofrece la posibilidad de la renovación, del inicio, y puedes proyectar sobre esa persona una ficción que te permite fantasear.

P. ¿Cómo ha conseguido que estrellas como Luis Tosar, Ernesto Alterio, Quim Gutiérrez o Pilar Castro participen en su debut?

R. Haber debutado con semejantes actores es un privilegio que no asimilo. A Luis (Tosar) lo conocía de mi corto, creo que fue el primero al que le presentamos el proyecto. De ahí que termine haciendo la película es un pequeño milagro porque hay que juntarlo con los demás en el espacio-tiempo y es cuestión de suerte. La suerte de trabajar con estos actores tan buenos es que pasan cosas como que son capaces de soltar un discurso de siete minutos sin titubear, les pides un pequeño cambio y repiten los siete minutos con el pequeño cambio. Otra clave fue que Javier Gullón, el guionista, ha hecho una adaptación ejemplar.

@juansarda