La nueva película de Neil Jordan resulta algo desconcertante, pues parece salida directamente de esos años 90 en los que el thriller con acosador tenía tanto éxito y predicamento (La mano que mece la cunaMujer blanca soltera busca…), aunque la moda durara poco y quedara relega a las producciones televisivas de sobremesa. El filme arranca con Frances (Chloë Grace Moretz) encontrando un bolso en el metro que contiene el dni (o su equivalente en EEUU), y por tanto la dirección, de una mujer. La joven, que pasa una mala racha por la muerte de su madre, decide devolverlo y se encuentra con una adorable señora (Isabelle Huppert) con la que hará buenas migas al instante y que, para más inri, echa de menos también a su hija, que se encuentra en París estudiando piano. Por tanto, cubren muy convenientemente las necesidades emocionales recíprocas. Así que deciden hacerse amigas y pasar el tiempo juntas hasta que nuestra protagonista descubre algo inquietante: en un armario de la casa de Greta, que así se llama la mujer, hay varios bolsos iguales al que se encontró ella, cebos para niñas de buenos sentimientos.

Frances se siente despechada y decide cortar en seco la relación con Greta. A esta se le va la olla y empieza a hacerle la vida imposible a la chica y, para entonces, el espectador necesita realizar un acto de fe para tragar con todo lo que ocurre a continuación. No hablaremos de nada de ello, pues tampoco es plan de chafar las sorpresas que guarda el guion del propio Neil Jordan y Ray Wright (cuyo currículum es casi mejor no mentar), pero sí que Isabelle Huppert hace el trayecto inverso al de la película. Mientras el filme se hunde por lo disparatado del guion, la interpretación de la actriz francesa se eleva, entregada a la chifladura y el descontrol. Sin embargo, Chloë Grace Moretz está igual de sosa durante todo el metraje.

También se puede entender el filme como un cuento de hadas moderno sobre la soledad en la época de las redes sociales y las telecomunicaciones, cuando en apariencia nunca ha sido tan fácil estar conectado con el mundo. Y, en los tiempos del #Metoo, resulta refrescante que el malo de la película sea una adorable señora de metro sesenta de estatura. Pero La viuda sigue siendo un filme impropio de un director que ha sabido en otras ocasiones indagar en el miedo, el dolor y la venganza con elegancia. Bien lo sabe Stephen Rea, que aquí sin embargo le ha tocado interpretar a unos de los investigadores privados (ojo, spoiler) más inútiles de la historia del cine.

@JavierYusteTosi