"Hay un requisito indispensable que comparten muchas ramas de la ciencia con el arte: en ambos casos hay que ser creativos. La diferencia es que el científico, aparte de su originalidad, también debe demostrar que tiene razón, algo que nunca sucedería en el caso del artista".
La combinación de audacia e imaginación es la fórmula mágica por la que ha apostado durante toda su trayectoria como investigador el físico Stefan Hell (Arad, Rumanía, 1962). Ha sido el verdadero motor del progreso científico, según argumenta, y algo de razón debe de tener, pues en 2014 fue reconocido con el Nobel de Química por el desarrollo de la microscopía de fluorescencia de superresolución.
De opinión muy parecida es Benjamin List (Fráncfort, Alemania, 1968), ganador del mismo galardón en 2021 por el descubrimiento de la organocatálisis, para quien "todos estamos acostumbrados a pensar que la naturaleza es hermosa, pero no así con los productos creados por el ser humano. Dentro de la química de síntesis, por ejemplo, hay moléculas que son verdaderas proezas artísticas".
Hell y List han sido los grandes protagonistas de la última Nobel Prize Conversations celebrada en la sede de la Fundación Ramón Areces en colaboración con la Nobel Prize Outreach, la rama de los premios suecos para la divulgación del conocimiento.
Bajo el lema Where science takes us: looking back, looking forward han intercambiado impresiones con la filósofa de la ciencia Laura Nuño de la Rosa y el historiador de la ciencia José Manuel Sánchez Ron acerca del progreso científico pasado y futuro.
Stefan Hell durante la conferencia en la Fundación Ramón Areces. Foto: Fundación Ramón Areces
Para Hell no cabe duda de que los principales catalizadores de la evolución científica son los grandes golpes de efecto: "a menudo la ciencia da giros inesperados y aparecen soluciones imprevistas a problemas a los que la humanidad se ha enfrentado durante décadas".
Un razonamiento en sintonía con lo que piensa List, quien además plantea que "para que tenga lugar una revolución científica no se puede ser previsible. La ciencia acumulativa es necesaria, pero tenemos que estar preparados para los grandes saltos. Las ideas revolucionarias tienen que estar basadas en locuras por definición".
"Las ideas revolucionarias tienen que estar basadas en locuras por definición". Benjamin List
El contrapunto a este planteamiento lo añade Sánchez Ron, que considera que la ciencia no se hace solo con grandes ideas, sino que es fundamental el desarrollo tecnológico. "Para lograr grandes avances y descubrimientos necesitamos las herramientas adecuadas con las que podamos mejorar en nuestros estudios".
Acertada asimismo en este sentido la aportación de Núñez de la Rosa, señalando que cada vez hay más descubrimientos en campos interdisciplinares, "en aquellas fronteras en las que distintas ramas del conocimiento se tocan".
Benjamin List durante su paso por la Fundación Ramón Areces. Foto: Fundación Ramón Areces
Buena muestra de ello es Hell, quien, pese a su formación como físico, obtuvo el Nobel de Química por las implicaciones que tuvo su descubrimiento en este ámbito. Precisamente ha sido el investigador rumanoalemán quien ha criticado que los científicos a menudo se confinan en "cajas" y olvidan buscar la razón causal de los fenómenos. "En lo que hay que centrarse es en la línea de causalidad, en por qué sucede lo que sucede en la naturaleza".
Sánchez Ron subraya por su parte que, aunque históricamente dividimos el conocimiento en física, química o biología, "la naturaleza es una" y no se debe distinguir con etiquetas artificiales.
"A menudo la ciencia da giros inesperados y ofrece soluciones imprevistas". Stefan Hell
Pero los grandes avances en la ciencia se suelen encontrar con un escollo que dificulta su reconocimiento y difusión: los propios científicos. Pasó con Galileo, pasó con Darwin y "seguirá pasando", manifiesta List. Un fenómeno para lo que Nuño de la Rosa encuentra una clara explicación: "La ciencia cuenta con mecanismos para asegurar la reproducibilidad de los resultados y mantener lo que se considera ‘conocimiento común’".
Al mismo tiempo, aduce la filósofa de la ciencia, "son necesarios mecanismos que permitan romper ese conocimiento establecido para que la innovación ocurra. En esa coexistencia siempre hay tensión". Ante este panorama sin visos de cambio, Hell sentencia con una visión dura a la par que hermosa: "Puede que tus colegas te critiquen y te llamen loco. Que te despedacen. Pero la naturaleza tampoco tiene piedad y, si tienes razón, los que quedarán en evidencia serán los demás"
