“Debemos hacernos a la idea de que en un futuro próximo los grandes datos, aquellos que al principio de nuestra historia solo eran preocupación de los agentes del censo, serán una realidad en nuestra vida cotidiana”. La afirmación de los ingenieros informáticos Rafael Caballero y Enrique Martín en el libro Las bases de Big Data (recientemente publicado por Catarata) no hace sino plasmar un proceso que está condicionando ya todos los sectores de la sociedad, desde la economía a nuestra vida cotidiana, desde la cultura o la salud al más pequeño acto de consumo.

Caudal informativo

Un clic en nuestro móvil, el rastro que dejamos en internet, validar un billete de transporte público, comprar con una tarjeta de crédito... Vivimos en un mundo que no deja de producir y generar datos. Pero ¿por qué es tan importante este caudal? “El fin último del Big Data no es acumular datos sino extraer información útil a partir de ellos –explican Caballero y Martín–. Una vez que los tenemos almacenados el siguiente paso es lograr extraer nueva información, su objetivo último”.

Gracias al Big Data, el dato se transforma en conocimiento y facilita la toma de decisiones. Lo experimentamos, a veces sin ser conscientes de ello, en las aplicaciones de mapas, en la publicidad segmentada, en las recomendaciones de series, en los diagnósticos médicos, en la detección de fraudes y, por supuesto, en los contenidos de las redes sociales.

“El Big Data impacta en la cultura. Con la adopción masiva del metaverso disfrutaremos de experiencias inmersivas”. Elena Gil (Telefónica Tech)

En esta línea se expresa Elena Gil, directora global de producto IoT y Big Data de Telefónica Tech, para quien el Big Data es totalmente imprescindible en el mundo digital: “Las organizaciones que deciden no adoptar estas soluciones están dejando pasar la oportunidad de convertir sus datos en un activo de negocio y estarán en clara desventaja competitiva. No debemos hablar en futuro, sino en presente”.

Y es que Telefónica es una de las pioneras en el uso y desarrollo del Big Data, tanto como usuaria (hace ya diez años que aplica la analítica de datos en la toma de decisiones estratégicas) como suministradora de servicios a empresas e instituciones a través de Telefónica Tech como el INE, Mahou San Miguel, Torre Outlet Zaragoza y Highways England.

Un nuevo paradigma

Gil recuerda que el Big Data “nace de internet o, mejor dicho, como consecuencia de internet. La realidad es que el germen de lo que hoy conocemos como Big Data tuvo lugar en 2004 de la mano de dos ingenieros de Google, que propusieron un nuevo paradigma de la gestión del dato”.

Uno de los sectores en los que el Big Data tiene un mayor impacto es el cultural. La forma de consumir cultura se ha transformado definitivamente. “Empezando porque, cuando abrimos cualquier plataforma de contenidos, cada uno de nosotros recibimos sugerencias personalizadas en función de nuestros gustos, algo que no sería posible sin el Big Data. A su vez, esos mismos contenidos han sido producidos por los estudios basándose en la información que se ha recabado de decenas de millones de usuarios”, precisa Gil, para quien la Inteligencia Artificial es una herramienta muy estrechamente relacionada con el Big Data.

Obras de arte

“Podemos decir que la IA es el motor y el Big Data la gasolina. La IA necesita tener acceso a grandes cantidades de información y ahí es donde entra el Big Data”. No en vano, ha logrado desarrollar la capacidad de crear obras de arte en varias disciplinas, desde la novela a la pintura pasando por la música: “El arte generativo está jugando un papel fundamental en el desarrollo del mercado de los NFTs”.

El horizonte de esta inercia cultural será, siempre según la directora global de producto IoT y Big Data de Telefónica Tech, “la adopción masiva del metaverso, donde, gracias a la IA y a otras tecnologías como el 5G, disfrutaremos de esa misma cultura en primera persona a través de las experiencias inmersivas”.

El Internet de las Cosas

¿Hay límites, por tanto, en este proceso que parece imparable? “Lo determinará la información disponible y la evolución de la tecnología, lo que, en la práctica, podríamos decir que equivale a no tener límites. Además, como decíamos, el Big Data se potencia con otras tecnologías relacionadas como la IA, Cloud y Edge Computing, Internet de las Cosas, Blockchain, etc.”, puntualiza Gil, para quien resulta necesario, además, reflexionar sobre cómo poner estas tecnologías al servicio de la sociedad y el desarrollo de las personas: “Telefónica publicó hace ya varios años un decálogo sobre Inteligencia Artificial y un manifiesto sobre un nuevo pacto digital en los que nos autoimponemos la obligación de hacer un uso responsable y ético de estas tecnologías, de manera que nada de lo que nosotros desarrollemos pueda suponer algún perjuicio. No solo a nuestros clientes, sino a las sociedades de los países donde el grupo está presente”.

Algoritmos

A modo de conclusión, Caballero y Martín señalan que la clave de cualquier proyecto de aprendizaje automático actual pasa por disponer de datos de calidad en cantidad suficiente, conteniendo la información necesaria y correctamente etiquetados: “En el campo de la ciencia de datos que intenta aplicar estos métodos para solucionar problemas reales se dice que ‘los datos son los algoritmos’. Lo que esta expresión significa es que el éxito de estos proyectos no depende tanto de los programas, que son un conjunto de técnicas ya desarrolladas, como de obtener datos de calidad”.

Tal vez la aldea global haya llegado a un momento de máximo desarrollo, un estado que ni el propio Marshall McLuhan pudo llegar a soñar. La tecnología proporcionada por el mundo digital, el Big Data y sus posibilidades, ha conseguido que la información ahora sea uno de los bienes más apreciados por el ser humano.

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