Aleksander Wat nació en mayo de 1900 en Varsovia y murió en Antony, Francia, a finales de julio de 1967. Por su biografía pasan todos los grandes desastres bélicos del siglo XX. Primero, entra en prisión bajo los nazis: era descendiente de una interesantísima familia judía; segundo, cae en las garras de la Lubianka y pasa años de nuevo en la cárcel. Pero Wat, además de ser un pensador, un gran profesor y un escritor librepensador, fue sobre todo un resistente. Pese a todos los grandes conflictos que vivió, resistió a ellos y se fue a dar clases de filosofía y pensamiento político a universidades californianas.

Su personalidad intelectual era de primer orden y llamaba la atención su capacidad discursiva y la firme argumentación de sus criterios. Por eso, sus avezados editores se acercaron a él para contratarle sus memorias. Wat firmó el contrato, convencido de que escribiría ese libro con su autobiografía dentro, pero poco a poco, mientras iba perdiendo energía física, fue dándose cuenta de que no sería capaz de hacerlo. Pero sus editores no cejaron e idearon la última posibilidad para obtener aquel libro que no pasaría inadvertido en el mundo académico y político.

Entonces decidieron hablar con Czeslaw Milosz, el escritor polaco que sería Premio Nobel de Literatura, para que convenciera a Wat para hacerle una gran entrevista —casi interminable— sobre su vida que zanjara el problema y quedara para la humanidad el gran testimonio de la vida de este pensador polaco. Milosz lo consiguió y el libro salió de imprenta años después de la gran conversación entre ambos bajo el título de Mi siglo, publicado en español por la Editorial Acantilado.

Fui invitado, en ese momento de la publicación al español del libro de Wat, a presentarlo en Madrid junto al periodista y escritor polaco Adam Michnik, quien fuera director del periódico Gazeta Wyborcza. La lectura de Mi siglo representó para mí una de las epifanías intelectuales más grandes de mi vida y uno de los grandes regalos que me hizo aquella Polonia de entreguerras, que fue el gran cerebro intelectual de Europa en esa época.

En Mi siglo, Wat describe, hasta con las más mínimas sutilezas y profundidades, la banalidad del mal del siglo XX y los crímenes increíbles del ser humano cuando cae en las garras del totalitarismo.

En una de esas largas conversaciones con Milosz, hay páginas muy luminosas que dejan algo más que una huella en el lector que se atreva a entrar en sus páginas: una cicatriz dolorosa que lleva a conclusiones terribles para la propia humanidad.

Por ejemplo, la distinción entre el resistente y el superviviente; es decir, la diferencia clara entre el concepto de supervivencia y resistencia. A la pregunta de Milosz sobre esa diferencia, Wat dirá que en el superviviente hay siempre un canalla que es capaz de cometer los peores delitos y crímenes con tal de alcanzar ese estado sospechoso siempre que es la supervivencia.

Cubierta de 'Mi siglo'

En cambio, ¿qué es un resistente? Según Wat la diferencia del resistente frente al superviviente es su capacidad ética: mientras el superviviente usa cualquier método con tal de salir vivo de cualquier coyuntura dramática, el resistente es una roca ética, firme en su resolución moral y en sus principios estéticos; esa es la diferencia, el bien y el mal.

El debate de Milosz y Wat se inicia en una reflexión sobre Brecht, con quien Wat tenía, por supuesto, muchas diferencias. Y esa diferencia de conceptos es la que Wat deja clara en "Mi siglo". El superviviente es un canalla emboscado; el resistente es un ciudadano integral, fiel a sus ideas y firme en sus resoluciones. "Y Brecht lo sabe", dice Wat en Mi siglo.

Recuerdo siempre esta diferencia que hace Wat entre los dos conceptos, pero ahora, en tiempos de supervivientes y de resistentes, mucho más. Cuando escucho una y otra vez el título del libro de Pedro Sánchez, Manual de resistencia, me doy cuenta una vez más de que las palabras y su diferencial conceptual son claves en nuestra interpretación del mundo.

Tengo para mí que, en este caso, Pedro Sánchez no es precisamente un resistente. Todito lo contrario. Siguiendo la teoría de Wat, Sánchez es solo un superviviente más en la política española; duro, fuerte, pero un superviviente, un hombre capaz de destruir a golpe de efecto negativo todos los conceptos de la ética y el respeto civil con tal de sobrevivir en el poder.

Wat no es un dogmático, desde luego, y yo tampoco. Sólo digo que, siguiendo a Wat, mi criterio como ciudadano informado es que Sánchez no tiene nada que ver con el concepto de resistencia, sino con su contrario moral, el superviviente. Es decir, para mí, hay aquí en el uso de Sánchez como resistente, un error básico y fundamental. O una confusión que a estas alturas no podemos permitirnos.